Lamentable lo que ha vuelto a ocurrir…
Lo que es lamentable de verdad es que no esté terminado el nuevo pabellón. Que el viejo tenga problemas es hasta normal, y quiero dar las gracias al Ayuntamiento de Carbonero que se ha portado con nosotros de maravilla, y no nos pusieron ni una sola pega para poder usar su pabellón, y todo han sido facilidades.
Desde el viernes que me llamaron para contarme los problemas de condensación de nuestro frontón, estuvimos buscando unas soluciones que no había. Lo único que he echado de menos como presidente es que ningún político, de los que siempre han aparecido cuando había cámaras de televisión y fotógrafos, se haya dirigido a nosotros para echarnos una mano, aunque solo fuera moralmente. No nos ha llamado nadie, ni de la Diputación, ni de la Junta… nadie. Ahí os quedáis, y solucionáis los problemas como podáis.
Eso es que se han acabado las elecciones.
Claro. Porque cuando hay elecciones, todos nos llaman, a todas las horas. Ahora, como no las hay, no nos llaman, no existimos, porque no somos nadie.
¿Hay antecedentes de esta situación en la División de Honor Plata?
Yo creo que no. A nosotros ya nos ocurrió estando en Primera Estatal, que fuimos a jugar a Bernardos, pero no creo que haya pasado nunca en División de Honor Plata. Pero si no hay ningún pabellón como nuestro frontón, que creo que es el peor con mucha diferencia de la categoría. Y, ojo, que es muy digno, que ha sido lo mejor de Segovia, pero que ya no nos vale, ni a nosotros, ni al fútbol sala… vale para lo que vale, pero ya no para nosotros.
¿Es su peor día como presidente del Nava?
Posiblemente sí. Y me he planteado durante estos días varias cosas. No sé cómo acabará esto. Probablemente dimita, porque siento que esto se me hace grande. No soy capaz de solucionar un problema, y si no soy capaz de arreglarlo, siento que no pinto nada aquí.
Las instituciones habían prometido llegar a un acuerdo, pero la realidad es que no pasa nada.
El año pasado, el club se volcó a tope, con conversaciones con todos los políticos de todos los colores, y todo fueron buenas palabras. De nada nos sirvió llevar miles de firmas. Yo solo pido ya que no nos digan mentiras, que nos digan «no lo vais a tener nunca», y nos quedamos a gusto porque sabemos lo que hay.