A veces, piensas que todo está bien, pero no lo está. A veces, crees que llegas en tu mejor momento a la noche decisiva en la que tu pareja te dirá ‘sí quiero’, y acabas tomando copas y contándole tus penas al camarero. A veces, simplemente, no es tu día, y la única noticia buena que recibes, es que los días malos también se acaban. A veces, eres el Viveros Herol Nava, que cuando crees que tienes un partido asequible frente al Alarcos, porque llegas en un buen momento, y el rival con algunas dudas tras sus últimos marcadores, te encuentras con un rival que más parece el FC Barcelona (el grande, no el filial) y tú te empeñas (sin querer) en ponérselo fácil a base de errores.
Ésta podría ser la síntesis del encuentro que en la tarde de ayer jugó el conjunto navero en su casa ante un Alarcos Ciudad Real empeñado en ganarle en la cancha, donde se impuso claramente, y en la grada, donde los 70 aficionados manchegos estuvieron cerca de empatar con los seguidores locales. Que un equipo sea capaz de arrastrar afición a sus desplazamientos dice mucho de su arraigo.
Afrontaba el encuentro el equipo de Nava de la Asunción sin Isma Villagrán ni Alberto Camino, pero con Simón y Juárez en el siete inicial, aunque no tardó en verse que las ausencias pesaban bastante más que las mermadas presencias en el cuadro de un Álvaro Senovilla que sorprendió incluyendo a Cabada bajo los palos. Aunque ayer hubiera dado lo mismo si en lugar de cualquiera de los tres porteros que tiene el Viveros Herol se hubiera colocado bajo los palos el mismísimo Hombrados, porque no hubo manera de frenar el ataque de un concentradísimo rival, que cometió muy pocos errores en el primer tiempo, y bastantes menos en el segundo.
Las primeras diferencias en el electrónico hacían presagiar un partido difícil para los locales, incapaces de superar una defensa manchega tan intensa que, en el minuto cinco, ya acumulaba su primera exclusión por dos minutos, hasta sumar tres antes de cumplirse el primer cuarto de hora, y una más antes del descanso.
Esa intensidad en defensa, con Javi de la Cruz interviniendo con acierto en la portería, le dio al Alarcos la tranquilidad suficiente como para montar su ataque, tan sencillo como efectivo, ya que haciendo girar todo el juego en torno a la habilidad de Manuel Vázquez en la circulación, y el peligro evidente de Nelson en sus lanzamientos, obligaban a la defensa navera a dejar espacios que eran bien aprovechados por Juan Lumbreras para machacar una y otra vez el marco segoviano desde los seis metros.
Álvaro Senovilla tuvo que pedir su primer tiempo muerto en el minuto 6, sustituyó a Cabada por David de Diego en el 15, e incluso cambió de defensa al 5:1 antes de que acabara el primer tiempo, pero apenas logró parar la sangría, llegando a encajar parciales en contra de uno y dos goles con el rival jugando en inferioridad. El atasco ofensivo local era tan grande que en los 15 primeros minutos el Viveros Herol Nava solo consiguió anotar cuatro goles. Las conexiones con Darío en el pivote eran inexistentes, los lanzamientos desde los nueve metros brillaban por su ausencia, y el balón no llegaba a los extremos.
Al descanso el partido estaba casi finiquitado con el 10-17 gracias a un penalti transformado por Isma Juárez (al que se le salió el dedo meñique de la mano derecha en un lance del juego del primer tiempo) que puso la diferencia en siete goles que podían ser remontables, pero siempre que los locales fueran capaces de elevar su nivel de juego.
Pero no fue así, porque el Alarcos, que en sus partidos suele ir a menos después del descanso, no solo no bajó el ritmo, sino que consiguió elevarlo gracias a De la Cruz, que por momentos llegó a desesperar a los lanzadores locales, incapaces de ver más allá de la roja camiseta del portero del equipo manchego, que una y otra vez machacaba la portería segoviana aprovechando los espacios que dejaba el avanzado por el centro.
En el minuto 40, con 13-23, Senovilla hizo su tercer cambio en la portería, y con Miranda bajo los palos el porcentaje de paradas aumentó, pero no lo suficiente, porque el partido se convirtió en un correcalles, si eso cabe en balonmano, donde los ataques apenas duraban una decena de segundos. Guille Campillo aprovechaba la potencia de su lanzamiento para anotar desde los nueve metros, pero defensivamente se veía superado por sus rivales, y en ningún momento los segovianos consiguieron entrar en el partido. Tanto fue así que se llegó a una peligrosa bajada de brazos, algo nunca visto.
Al final, llegó la victoria justa y merecida del Alarcos, que sin hacer nada del otro mundo, solo con intensidad y portería, logró en Nava de la Asunción una victoria mucho más cómoda de lo que seguramente esperaban sus componentes. Esta vez al Viveros Herol Nava todo le salió mal, pero de los malos partidos también han de sacarse lecturas positivas.