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Un punto de inflexión

por Redacción
25 de octubre de 2015
Foto: Amador Marugán

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El balonmano es un deporte de estrategias sobre la cancha, con dos equipos intentando encontrar los puntos débiles del contrario al tiempo de ocultar los propios, pero puro espectáculo para el aficionado, que siempre encuentra motivos para el aplauso. Una parada, un movimiento ofensivo brillante, o un contragolpe bien llevado suele disparar la adrenalina de los espectadores.

Así, incluso en un encuentro como el que ayer jugaron el Viveros Herol Nava con el Balonmano Alcobendas, que cualquier espectador imparcial habría calificado de “malo”, hubo acciones para ser recordadas durante la semana posterior al choque. Las intervenciones de Miranda en la primera parte y de Cabada en la segunda por parte local, bien respondidas por Manuel Domínguez en la portería contraria, varias penetraciones brillantes del Alcobendas, o las finalizaciones desde los extremos de ambos equipos brindaron momentos de buen espectáculo, que pusieron algo de picante a un partido que si será recordado por algo más que por esas acciones, será porque significó el primer punto para el conjunto navero en una temporada 2015/16 que (no nos engañemos) no se va a parecer en nada a la anterior.

Que la baja de David Fernández ha restado lanzamiento exterior al equipo es algo indudable. Que Álvaro Senovilla trata de poner remedio a esta situación con lo que tiene, también. Pero que los rivales ya conocen la debilidad del Viveros Herol Nava es un hecho perfectamente constatable, y así al Alcobendas le bastó con bascular su defensa de un lado a otro, sin apenas salir a los lanzamientos desde los nueve metros de los naveros, para meter en un buen lío al equipo local, que mientras se sintió fresco en la cancha logró mantener una iniciativa en el marcador que llegó a ser de tres goles (9-6) cuando el encuentro transitaba por su primer cuarto de hora.

La opción de Senovilla de jugar sin lateral zurdo, metiendo a Juárez en el extremo, y colocando a Simón a su lado, aportó sus buenos frutos en la primera parte, porque a base de percutir por esa zona derecha del ataque, se encontraban los espacios para lanzar con relativa solvencia sobre el marco madrileño. Eso, cuando el balón no se convertía en un ser vivo que pasaba de una mano a otra (dando igual el equipo) no solo atascando los ataques, sino devolviendo posesiones al contrario prácticamente sin jugar.

Si a tu merma ofensiva unes la ansiedad por conseguir los puntos, suele pasar lo que le sucedió al conjunto de casa, que en cuanto llegó el cansancio, la producción ofensiva pasó de baja, a casi nula. Y no fue precisamente porque los segovianos no dieran la cara, porque no hubo uno solo que se escondiera, sino porque algunos como Carlos Villagrán o Alberto Camino se cargaron de tanta responsabilidad que acabaron por forzar demasiado sus acciones ofensivas.

Afortunadamente, en la zona defensiva el equipo volvió a rayar a buen nivel. Con el Alcobendas tratando de explotar la zona central, tanto Rasero como Carlos Domínguez tuvieron que multiplicarse, con indudable acierto, al que contribuyó Alberto Miranda con varias intervenciones de mucho mérito en la primera parte, que concluyó con 11-10.

Un final de infarto La segunda mitad se inició con una mala noticia para los locales, ya que una inferioridad por la exclusión de Julián Rasero le dio al Alcobendas la opción de ponerse por delante en el marcador, multiplicando por cien la ansiedad en el Viveros Herol Nava, que si no entró en barrena en unos minutos de escasísimo brillo ofensivo fue porque en la portería segoviana se colocó Juan Carlos Cabada, que se empeñó en mantener al equipo vivo en el partido, con acciones de mucho mérito que insuflaron a sus compañeros el aire que se les negaba cuando tenían que atacar el marco madrileño.

Cada jugada ofensiva local era una agonía, y menos mal que la diosa Fortuna se empeñó en echar una mano en un lanzamiento de Carlos Villagrán que tras el blocaje defensivo terminó despistando al portero visitante, u otro de Darío Ajo desde el pivote, sujetado por tres defensores del Alcobendas, que entró por donde no parecía haber hueco.

Pero a cinco minutos para el final, la balanza del encuentro pareció decantarse del lado madrileño, después de la enésima pérdida del balón del Nava, que dio la opción a su rival de colocar el 16-19 en el marcador. Hacía falta algo parecido a un hecho casi milagroso, y éste llegó en forma de exclusión a Javier Barba, más otra dos minutos más tarde a Santiago López, que descolocó a la defensa del Alcobendas lo justo para que el Nava apretara los dientes y lograra empatar el partido con varias acciones de Simón y Juárez, más un gol de Rasero a un minuto para el final.

En unos 60 segundos finales de infarto, el Alcobendas dispuso de un penalti para ganar el partido, pero Cabada certificó su grandísima actuación rechazando el lanzamiento, y en el último ataque local, a Bruno Vírseda se le escapó el balón cuando se encontraba con ventaja para lanzar sobre el marco del Alcobendas. Fue el justo epílogo a un partido que fue mucho más emocionante que brillante, pero que, aún así, mereció la pena verse.

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