La ausencia de un capitán pone a examen dos aspectos. Por un lado, su verdadero impacto colectivo en lo anímico, el tipo de rutinas que solo se perciben cuando ya no están. También queda representado el músculo grupal de un vestuario y su capacidad para sobreponerse a la adversidad. El impacto debe ser proporcional, pues un líder imprescindible lo es porque genera un vestuario de verdadero granito. En ese músculo colectivo se apoyó el sábado el Viveros Herol Nava para sofocar la ausencia de Carlos Villagrán, sancionado dos partidos por la expulsión en el choque previo contra La Roca que, si el recurso navero no prospera, el impedirá también disputar el último encuentro de liga regular el sábado ante Go Fit, una cita histórica en Nava de la Asunción.
Cayó Nava en Valladolid en un choque mayúsculo ante un rival de altura. Como entonces, la idea colectiva de la semana era prepararse para 60 minutos sin el capitán, pero su ausencia fue muy visible. “Tratamos de sacarlo adelante con lo que teníamos, pero una baja como la de Carlitos se nota en todo”, explica Simón García, que compartió minutaje en el lateral con Ismael Villagrán y Alberto Camino. “Lo notamos toda la semana, es la persona más importante del equipo. La fuerza y el carácter que mete en cada entrenamiento es algo muy grande”.
Una baja más anímica que deportiva
El gran momento deportivo del capitán queda reflejado en los ocho goles que le marcó a una defensa de élite como la de Bidasoa, pero su legado va más allá. “Eché en falta su desparpajo, su liderazgo, ese incremento de ritmo que te ayuda mucho a revolucionar el partido, sobre todo cuando vas con parciales negativos. En momentos delicados sabes que siempre está ahí y hace una acción de las suyas”, explica Ismael Villagrán, que extrapola la sensación al apartado colectivo. “Es la confianza que tiene el equipo cuando ve que tienes a tus líderes para que tiren del carro. Es una sensación de tranquilidad”.
Villagrán estuvo en el vestuario de Huerta del Rey, habló a sus compañeros y cantó con ellos antes de salir a jugar, pero ahí terminó su rutina. Tuvo que ver el partido detrás del banquillo y su ausencia se notó desde el calentamiento. “Es un momento en el que te gusta comentar y él es la referencia. Me gusta hablar con él, sabe de qué va a esto y personalmente me ha ayudado mucho. En todo lo extradeportivo se notó bastante que no estaba, tenía que ser así porque para él la noticia es una gracia muy seria”, añade Simón García.
Más EXIGENCIA DEFENSIVA
La ausencia del lateral duplicó las funciones de Ismael y Simón, habituados a focalizar sus minutos en labores defensivas. El primero está acostumbrado a atacar, pero notó la falta de minutos por los problemas físicos que acarrea: “La exigencia del ataque es mucha. Si le sumas lo defensivo, el roce y la intensidad, te va mermando, y más a estas alturas de temporada”. Su compañero también tuvo factura física: “Al día siguiente estaba lleno de golpes. Cuando te dedicas a una cosa solamente, puedes estar más concentrado, pero sí Álvaro [Senovilla, su entrenador] tiene una cosa buena es la confianza que nos da a los jugadores ”.
Aún a la espera de que la competición valore el recurso navero, la rutina diaria plantea el peor escenario antes del partido “más importante de la historia del Balonmano Nava”, en palabras de Ismael. “Aunque no tenemos grandes individualidades, la fuerza del conjunto lo ha sacado todo adelante. La baja de Carlos es importantísima, pero le vamos a dar la oportunidad de jugar algún partido todavía más importante”.
La clave para preparar el choque contra el cuadro cántabro, segundo clasificado sin nada en juego, es enfocarlo como un choque más. “Todos habríamos firmado si al principio de temporada te dicen que te juegas el play off de ascenso a Asobal en casa y dependiendo solo de tu resultado, pero la clave es pensar en el partido, no en lo que supone”.
Simón quiere repetir la emoción del sábado en la que fue su casa. “Jugar con familia, amigos, enemigos en el buen sentido, fue muy emocionante”. El latera no se habría imaginado jugar un play off y, aunque reconoce que el equipo tiene “toda la presión”, quiere sonreír en la pista. “Intento estar tranquilo. Cuando mejor lo he hecho es cuando he conseguido disfrutar”. El 14 se morderá las uñas.