A eso de las ocho de la tarde de ayer, cuando el eterno partido que midió al Unami con el Alovera tocaba a su fin, la noche caía sobre Segovia, y uno no pudo evitar el pensar que el encuentro que jugaron segovianas y alcarreñas sobre la cancha del Pedro Delgado fue precisamente como un atardecer de primavera con el cielo despejado. Tan lento que te da tiempo a pensar en todas las maravillas de la naturaleza antes de que se te haga de noche.
Pues en el partido de ayer, dio tiempo a pensar en las maravillas naturales, en las artificiales, en el Guggenheim, en el museo del Prado, en los conflictos de Oriente Próximo, y en setenta cosas más, mientras a las jugadoras de ambos equipos se las hacía de noche en su juego. Porque el partido fue tan de escasa calidad técnica, que a veces, viendo algunos pases y no pocos controles, dio la impresión de que el balón no terminaba de ser redondo.
Con tres rotaciones en el banquillo de cada equipo, parecía evidente que el encuentro se podía decidir por la vía del cansancio, pero los primeros minutos horribles del Alovera, que vinieron a coincidir con los más lúcidos del Unami, pusieron a las de casa en franquicia a poco de iniciarse el choque, cuando Patri culminaba a puerta vacía una buena contra de Sofi que Luci envió al palo en primera instancia.
Igualado hasta el final
Al Unami no le hacía falta presionar con insistencia la salida del balón del Alovera, porque directamente las visitantes le regalaban el esférico prácticamente al tercer pase. Así, las segovianas dispusieron de un buen número de contragolpes en superioridad, que se fallaron prácticamente en su totalidad, en gran medida por errores individuales, bien en el último pase, bien en el control. Sólo Cris, a tres minutos para el descanso, no falló en su remate cercano sobre la meta de Elisa, poniendo el 2-0 con el que las jugadoras se marcharon a los vestuarios.
El segundo acto fue, sencillamente, horrible. El Alovera se lanzó a una presión en toda la cancha que pillo al Unami de Semana Santa (entiéndase con una buena torrija), y durante varios minutos el gol rondó la portería de Estela, hasta que llegó en un lanzamiento de Elvira que la portera local no vio hasta que no fue demasiado tarde. Y pudo empatar el cuadro visitante, pero Estela sí estuvo ágil para salvar el remate de Virginia.
El partido se movía en una fina línea, sin saber para dónde decantarse, pero el esfuerzo físico del Alovera terminó pasando factura. Las contras locales fueron cada vez más claras, hasta que en una de ellas Marina acertó con la portería alcarreña, estableciendo el 3-1 y obligando al técnico visitante a situar sobre la cancha el portero-jugador, que como viene siendo habitual en estos casos, le hizo más perjuicio que otra cosa, encajando dos goles más, y permitiendo al Unami poner más diferencias en el marcador, hasta llegar el 5-1 con el que se cerró un encuentro en el que lo mejor, sin ningún género de dudas, fue el resultado. Porque a las jugadoras de los dos equipos se las hizo de noche antes de tiempo, y tan solo algunos destellos de calidad pusieron un poco de luz al encuentro.
