El Viveros Herol Nava está abonado al sufrimiento en una temporada en la que al conjunto dirigido por Álvaro Senovilla le está viniendo casi todo de cara. Ayer, en un frontón/pabellón navero convertido en una gigantesca cámara frigorífica, el equipo segoviano se impuso por un solo tanto a un aguerrido Amenábar Zarautz en un choque que los de casa ganaban por seis goles a diez minutos para el final, y por tres a poco más de minuto y medio.
De inicio, la ausencia de Iraeta en el conjunto vasco dejaba como referencia ofensiva a su central Balenciaga, jugador de corta estatura, pero de una extraordinaria movilidad, que consiguió que durante toda la primera parte el partido se moviera al ritmo que más le convenía. Apoyándose en las intervenciones de Míkel Roteta, y las asociaciones de Balenciaga con el pívot Ánder Atorrasagasti, el Amenábar dejó helado a un Viveros Herol que salió a la cancha tan frío, que cuando quiso darse cuenta ya perdía por cuatro goles (4-8).
Pero, como los partidos de balonmano se suelen mover a rachas, un par de intervenciones de Yeray, más un poco de claridad ofensiva con Alberto Camino, Carlos Villagrán y Nico López en pista, le llevó al equipo de casa a igualar el encuentro, aunque no para ponerse por delante, puesto que Míkel Roteta desesperó por momentos a los lanzadores naveros con sus intervenciones, aunque no pudo evitar que, con la bocina señalando el final de la primera parte, Carlos Villagrán culminara una acción ofensiva navera para colocar el empate a once goles en el electrónico.
Cambio de signo
En la primera acción de la segunda parte, Darío Ajo puso por delante al Nava, que ya no perdió esa iniciativa en el electrónico hasta el final del encuentro. Poco después llegó la acción que cambió definitivamente el signo del encuentro, en un contragolpe lanzado por Yeray hacia Bruno Vírseda. El portero visitante pensó que llegaba a cortar el pase, pero el extremo navero llegó un poco antes, y el golpe fue inevitable.
Hubo susto en la cancha, porque Bruno tardó en incorporarse, y tarjeta roja descalificante para el portero del Amenábar, que dejó su sitio a Javier Labairu. Cuando el portero visitante quiso entrar en calor, el Viveros Herol Nava ya había conseguido una ventaja de tres goles, diferencia que paulatinamente se fue ampliando, hasta que Ismael Villagrán, impecable desde los siete metros, colocó el marcador con un 25-19 a poco menos de diez minutos para el final que parecía decantar el encuentro definitivamente a favor del equipo de Álvaro Senovilla.
Pero el Amenábar no había dicho su última palabra en el partido, y su técnico Iosu Balenciaga, que durante varios minutos apostó por una defensa mixta sobre David Fernández, quizá en su partido más gris como jugador del Nava por culpa de un esguince de tobillo, quiso frenar de la misma manera a Alberto Camino y a Carlos Villagrán.
El Viveros Herol Nava sufrió un cortocircuito total, favorecido también por la velocidad de los árbitros en levantar el brazo amenazando con el juego pasivo, y así los goles fueron cayendo como fruta madura en el marco de Yeray, incapaz de leer los lanzamientos desde nueve metros de David Aguirrezabalaga. Pero a 13 segundos para el final, Ismael Villagrán logró el tanto que le dio la definitiva victoria a un equipo local al que parece gustarle el sufrimiento para conseguir sus victorias. Dicen que así saben mejor.