Estas cosas pasan. Donde menos se esperaba que la Gimnástica Segoviana fuera a quebrar su racha de encuentros sin conocer la derrota, el conjunto azulgrana cayó derrotado por 3-2 ante un Cristo Atlético que aún no había inaugurado su casillero de victorias en un encuentro con dos partes bien distintas, una primera muy mala del equipo de Santi Sedano, y una segunda en la que los jugadores azulgranas trataron, sin éxito, de enmendar el desaguisado cometido en los primeros 45 minutos.
Salvo Facundo, convaleciente de su operación de tabique nasal, el técnico puso de inicio al mismo equipo que siete días antes fue mejor que la Arandina en el partido que midió a la Segoviana con el líder de la Liga. Pero ni mucho menos la intensidad gimnástica fue la misma que mostró frente al equipo ribereño.
Prueba de ello fue el primer gol recibido cuando apenas el cronómetro había llegado a marcar el primer cuarto de hora, y el segundo encajado mucho antes de que el reloj señalara el minuto 30. Dos buenos sopapos que vinieron a espabilar un poco a la Segoviana, que comenzó a buscar las cosquillas a una defensa local que se mostró a un alto nivel de concentración, aunque no pudo evitar que Ricar redujera las diferencias con tiempo suficiente como para pensar en la lógica reacción visitante.
Mejor, pero no suficiente
Sin embargo, de nuevo la falta de intensidad azulgrana se hizo patente sobre La Nueva Balastera, y el tercer gol local, anotado por Míkel, se convirtió en una pesadídima losa que la Segoviana tuvo que cargar hasta el descanso. Tras el paso por los vestuarios, Sedano comenzó a cambiar tanto futbolistas como el sistema de juego, sacando a Roberto y metiendo a Dani Arribas, pasando a defensa de tres con Ricardo echando una mano. Así la Segoviana sí comenzó a parecerse algo más al equipo intenso y dominador del juego, y la portería de Montero pasó por muchos más apuros que la de Pablo.
El guardameta del Cristo Atlético evitó con su actuación que la Segoviana marcara su segundo gol con tiempo suficiente como para pensar en el empate, aunque no pudo conseguir detener el remate de Dani Lázaro que se convirtió en el 3-2. Se volcó entonces el conjunto gimnástico buscando el tanto que le diera un punto, pero el partido se murió con la victoria local, primera de la temporada, y la sensación en el equipo azulgrana de que los pecados de la primera parte llevaron a la penitencia de la derrota en la segunda.
