Quizá sea demasiado pronto para escuchar la opereta de silbidos en do menor en el Bernabéu pero si de algo se ha caracterizado a lo largo de los años el coliseo madridista no ha sido, precisamente, de la paciencia
Todo esto en un primer partido de Liga puede explicarse de muchas maneras pero la principal es la ilusión. La inicial es la de los fichajes. Nombres propios en el pasado Mundial de Brasil que han llegado al Bernabéu semiconsagradas como es el caso de Keylor, que no jugó y de James, que si lo hizo o rozando el cielo, como Toni Kroos.
El alemán volvió a erigirse como la principal baza del orden y el concierto del centro del campo madridista. Es difícil analizar con tan solo cuatro partidos las capacidades de lo que podrá hacer en Madrid pero el sello, personal e intrasferible, habla de pases y más pases como manija de control sin apenas un solo error.
De su guante llegaría el primer tanto del Real Madrid. El conjunto de Ancelotti, con un Cristiano y un James algo desordenados en la primera mitad, tuvo que intimidar al Córdoba valiente a base de ímpetu y eso, en el fútbol suele traducirse en ocasiones o corners. En ausencia de las primeras, kroos botó un balón en un córner en banda derecha con una colocación inmejorable. Por el área pequeña quiso asomarse Karim Benzema que marcó los tiempos de salto de manera perfecta para colocar de soberbio testarazo el primer gol en la portería de Juan Carlos. Una reivindicación, un gol, un recado a quienes le odian.
La segunda parte comenzó con un Córdoba aún más valiente, si es que no bastó lo suficiente en la primera parte. Lo hizo con oficio pero sobre todo con Havenaar, el exótico futbolista japonés al que ha confiado Ferrer la delantera de este año. De sus goles dependerán en buna parte la permanencia.
Havenaar no se achicó y quiso probar a Casillas y Ryder Matos se sumó a la fiesta. No hubo suerte y el Real Madrid por si fuera poco -al margen de jugadas puntuales de James o Cristiano- se diluyó todavía más en su propio ser.
La segunda parte contó con sustos para unos y para otros. El gordo, la sorpresa que hacía descorchar el champán en Córdoba, llegaba en forma de gol de Xisco, que entró para sustituir al japonés. El colegiado, a instancias de su asistente, anuló el gol por fuera de juego, correcto, por cierto.
El siguiente gol anulado sería a Cristiano Ronaldo tras un pase de Modric y por la misma razón. Y con la misma razón fue anulado pro Gil Manzano. Pero si por algo se ha caracterizado Cristiano es por resurgir de los problemas y tres minutos después soltó la pierna y el látigo para colocar el segundo de la noche en el palo derecho de Juan Carlos que poco pudo hacer.
Los más de 4.000 cordobesistas desplazados al Bernabéu no pudieron volver tan contentos a casa. Por delante les quedan todavía 37 partidos para demostrar la valentía del Bernabéu que se marchó de las tribunas pensativo y sin silbar, pero sí pensándoselo.