Dicen que después de la tempestad siempre llega la calma, y que lo peor de vivir las grandes emociones es que después siempre te toca volver a la realidad. El Caja Segovia volvió ayer a esa realidad liguera después del intenso fin de semana de Copa frente a un Azkar al que Duda enseñó el camino para superarle. Intenso esfuerzo físico en la presión, buscando el desgaste de los jugadores importantes del equipo segoviano, y rápidas transiciones tratando de aprovechar la superioridad. A ElPozo eso le valió para ganar al Caja y llegar a la final de la Copa de España. Al Azkar sólo le llegó para empatar.
Entre medias de ambos encuentros, el conjunto de David Madrid dedicó más su semana de entrenamientos a recuperar físicamente a sus jugadores, que a exigirles en el trabajo, habida cuenta de que Fabián estaba lesionado, y Burrito (dejémonos ya de llamarle David, que el capitán del equipo se ha ganado que le llamemos como a él le gusta) apenas podía levantarse de la cama por culpa de un virus. Así que el equipo llegó al partido frente a los lucenses con mucha moral, pero poco físico.
Por ello, el desarrollo de la primera parte era mucho más importante de lo que parecía. Y así, tras un primer minuto de dominio visitante, el Caja pasó a controlar el juego, marcando un primer tanto por medio de Borja, y disponiendo de más ocasiones, como un doble lanzamiento al palo de Palomeque, y varias acciones de tres para uno que no terminaron en gol porque no hubo manera de que ni José Carlos, ni Sergio, ni Antoñito, definieran con acierto, ya fuera en el último pase, o en el remate a portería.
Pero el Caja daba la sensación de tener el partido perfectamente controlado, y más cuando David robó un balón en primera línea, y después de amagar su lanzamiento cercano dejó sentados al portero y al defensor del Azkar hasta terminar marcando a puerta vacía. Los dos goles de renta no eran definitivos, pero sí dejaban encarrilada la victoria segoviana, por lo que los de casa cogieron un poco de aire, y según lo cogían el Azkar se lo arrebató de un tortazo cuando Johny se aprovechaba del primer error en la salida del balón para marcar el 2-1.
Ese tanto abrió el partido a una nueva dimensión para el Caja, porque de vivir más o menos plácidamente, arriesgando en la salida de la pelota, pero consiguiendo a cambio superioridades claras, se pasó a perder la posesión con una cierta facilidad, y a sufrir en defensa, sobre todo en las acciones a balón parado, en las que el Azkar, en un último minuto que se vivió de manera íntegra en el área de Jesús Herrero, apretó de firme buscando el empate.
Malas noticias
La igualada no llegó en el primer tiempo, pero sí en los primeros minutos del segundo, en otra mala noticia para el equipo de casa, que apenas las tuvo buenas tras el descanso. Al Caja comenzó a notársele el cansancio demasiado pronto, las rotaciones no ayudaron precisamente a oxigenar el juego del conjunto, y David Madrid (en la grada cumpliendo el primero de sus dos partidos de sanción) se desesperaba viendo a sus jugadores fallar lo que nadie está acostumbrado a verles.
El equipo necesitaba alguien que tirara del carro, y fue entonces cuando emergió la figura de Burrito, que lideró el ataque protagonizando la mayoría de las acciones ofensivas. Fue el capitán del Caja quien provocó un penalti que posteriormente falló Palomeque, y el que después de sacarse de la manga un remate al larguero, asistió a Sergio para que marcara el 4-3 a siete minutos para el final, cuando el partido ya entraba en una fase más que complicada tras el gol de Borja que encontró la respuesta de Jhony tras otra pérdida de balón segoviana.
Porque la realidad de la segunda parte fue que el Azkar tiró de físico para igualar el partido, y lo consiguió con creces, ya que se encontró a un Caja que afrontó la recta final del encuentro con la lengua fuera, como se pudo comprobar en el gol de Aramburu que supuso el empate a cuatro, en otro error en la salida del balón de los locales que el capitán del Azkar aprovechó para marcar a puerta vacía. Pero en cuanto el conjunto lucense tuvo que llevar la iniciativa en el juego, y atacar los dos minutos de superioridad por la expulsión de Palomeque, se le empezaron a ver las costuras, porque en 120 segundos solo dispuso de una ocasión, clarísima eso sí, para haberse llevado el partido a dos minutos para el final.
El Caja, que recuperó a su jugador con poco más de un minuto para arreglar el entuerto, pudo haberlo hecho en un par de rápidas acciones ofensivas. Pero a los de casa se les apagó la luz en sus últimas llegadas al área, y terminaron firmando un empate que eleva a doce el número de partidos consecutivos sin perder en Liga, aunque hizo torcer un poco el gesto en la parroquia local. Pero este equipo se ha ganado a pulso el derecho a equivocarse, y en un mal día consiguió sacar un punto. Tampoco es para estar demasiado triste.
