Las ‘sirenas’ españolas Ona Carbonell y Andrea Fuentes remontaron a las nadadoras chinas en la final de dúo en natación sincronizada en los Juegos Olímpicos de Londres, donde el oro fue para las ‘muñecas diabólicas’ rusas Natalia Ishchenko y Svetlana Romashina, que volvían a conquistar el título.
Favorecidas por el sorteo, que las dejaba en la penúltima plaza del concurso y con el reto de mejorar tres décimas para luchar por el segundo puesto, que tenían en ese momento las asiáticas Xuechen Huang y Ou Liu, se lanzaban a la piscina a ritmo de tango y ganándose el aplauso de los espectadores. A ritmo de ‘La Cumparsita’ de Piazzolla, que les había dado ya el bronce en Shanghai, las nadadoras nacionales fueron a por todas y se dejaron la piel para convencer a los jueces de que se merecían revalidar la presea lograda hace cuatro años en el Cubo de Agua, en ese momento con el dúo formado por Andrea Fuentes y Gemma Mengual.
La pareja, que realizó un ejercicio muy completo y que estuvo bien sincronizado, quiso resarcirse de la puntuación que habían recibido por parte de los colegiados y no defraudó, convenciéndoles de que precisaban una mejor nota que la actuación china, y así lo confirmaron brindando un 96.900, que les dio la merecida segunda plaza.
Una presea, la de plata de Londres, que permite a la nadadora Andrea Fuentes entrar en la historia del olimpismo nacional, ya que suma con ésta su tercer entorchado olímpico en su palmarés. Por su parte, las chinas Xuechen Huang y Ou Liu, con una rutina dedicada a su entrenadora japonesa ‘Dragón’, firmaban una buena actuación con un inicio espectacular, que les permitía mantener la misma nota del pasado lunes (96.770), dejando a España la posibilidad de remontar.
Y es que el oro está todavía muy lejos ante el poderío y hegemonía de las exsoviéticas. Natalia Ishchenko y Svetlana Romashina, campeonas mundiales y olímpicas, volvieron a aterrorizar al público con su coreografía de las ‘muñecas diabólicas’ con un perfecto ejercicio en la piscina y sin dar opción a sus rivales a arrebatarles un título olímpico que no ceden desde Sydney
