Dicen que la Historia siempre se repite y que el hombre tiende a tropezar en la misma piedra. Y si la Historia se llama Liga o Segunda B, y si la piedra se llama copa o ascenso, que el tópico sea verdad. Y que se repita repetida; porque eso significaría que tanto el Caja Segovia como la Gimnástica Segoviana habrían vuelto a conseguir todo aquello que lograron en 1999.
Es más, la Gimnástica Segoviana, de ganar, podría lograr el mismo día, un 26 de junio, pero de doce años después, lo que Durán, Pérez, Fidel, Mediavilla, Osa, Óscar, Blanco, Maroto, Barba, Luengo, Barto, Aguilera, Nino, Ramsés, Godoy, Mariano y Ortiz, obtuvieron aquella tarde en la que el equipo azulgrana se impuso al Marino por cuatro goles a uno en La Albuera. Y no es menos, el Caja Segovia, de vencer en el Palau Blaugrana, volvería a proclamarse campeón de Liga en Cataluña.
Todo aquello queda tan lejos como al alcance; a un paseo de memoria y hemeroteca, de reconocerse más joven en las fotos y algo más viejo en el espejo. Así debe verse, quizás, Durán, del que entonces una nada equivocada información afirmaba “Su puesto en la portería ha sido y continúa siendo vitalicio”. Ahí sigue. También Paco Maroto, ahora entrenador del equipo aspirante, con el que en 1999 se proclamó jugador ascendido; el mismo que anunciaba el 24: “Cuando acabe la temporada, dejaré el fútbol”. El día de antes, por el contrario, Daniel, la estrella del Caja Segovia y el héroe de la final frente al Industrias García, adelantaba su firma por cinco años más con el equipo al que el 20 de junio (21 fecha de la portada) había llevado en este periódico al titular “Copa, Supercopa y… ¡Liga!”.
El ‘14’ lo tenía claro, “Caja Segovia tiene un espíritu de lucha envidiable” y José María Martín, periodista de esta casa, lo veía igual de transparente en azulgrana; “La experiencia vale por tres puntos”, titulaba la crónica del partido en el que la Sego venció por 1-0 al filial del Atlético de Madrid, el Amorós, con gol del gimnástico Aguilera.
La Historia, por tanto, dice que mientras el conjunto azulgrana se deshacía del rival que le pisaba los talones en la liguilla de ascenso y ponía a tiro la Segunda B gracias a su experiencia y a “la perfecta colocación de la defensa azulgrana”, el Caja Segovia deslumbraba a todos con aquel grupo de jóvenes jugadores que nunca se rendían. Y es que conviene recordar que aunque aquella final, a diferencia de ésta, se ganó en tres partidos, también se sufrió en los dos primeros encuentros como sólo se suda en los desencuentros… y en las remontadas. Parecidas piedras, misma oportunidad de tropezar.
Incluso las preocupaciones a un lado y a otro de la rotonda hacia La Granja parecen vivir trayectorias paralelas; y es que no había nada que preocupase más en el seno azulgrana que, más que el hecho de afrontar la posible nueva categoría de manera deportiva, lograr hacerlo desde el bolsillo. El discurso, reflejado en el periódico del 6 de junio de 1999, podría haber salido doce años después de la boca de Fernando Correa: “Si de verdad se quiere tener un equipo en superior categoría, hay que ayudar. Segovia, toda una capital de provincia, merece tener un equipo en Segunda B, pero eso pasa por recibir ayudas económicas”. Y en la sede del equipo de Venancio López, lo que no dejaba dormir a sus directivos era, como lo es ahora, la grada; para lo bueno y para lo malo. En las noticias breves de EL ADELANTADO se pedía que las escaleras quedasen libres y en los titulares a cuatro y cinco columnas se anunciaban todo tipo de medidas que facilitasen a los aficionados disfrutar allí o aquí del acontecimiento. Incluida la pantalla gigante. Claro, que entonces también estaba la tele…
Dicen que la vida es circular y que tarde o temprano vuelve a suceder lo que ocurrió antes. Y si el círculo es un balón y esta semana parece llegar tan tarde como temprano, que el tópico sea verdad y que el domingo suceda todo lo que antes ocurrió.