Llevan la música en la sangre desde bien niños y tienen marcado a fuego el respeto por las tradiciones y los sonidos que conforman nuestras raíces. Así son el zamorano Luis Antonio Pedraza de Castro, el grupo vallisoletano Tahona y la asociación El Pandero Cuadrado de Peñaparda (Salamanca), ganadores respectivamente en las categorías individual, mejor grupo y mejor iniciativa, de la primera edición de los Premios de la Música Folk y Tradicional de Castilla y León. Con “una gran satisfacción”, “una alegría muy grande” y como un “estupendo aliciente” conocieron los tres la noticia del galardón, que reciben este 23 de abril, en el transcurso de un acto institucional en Villalar de los Comuneros.
“La música tradicional nos ayuda a ser mejores, a comprender lo que fue nuestro pasado musical, qué sentían, qué pensaban y cómo funcionaban nuestros antepasados. La música tradicional es un libro abierto para todos los que amamos a la raza humana”, afirma Luis Antonio Pedraza.
Los hermanos José María (‘Jos’) y Miguel Ángel (‘Miche’) Rivera, fundadores del grupo Tahona, que lleva ya 54 años de andadura, aseguran : “En las canciones está nuestra historia, lo que se cantaba antiguamente en las casas y en las faenas del campo. Un tesoro maravilloso que ahora se está perdiendo porque no se escucha y no se fomenta”.
Tras décadas recogiendo por todos los rincones un inagotable acervo popular conformado por canciones, trabalenguas, acertijos, brindis o refranes, y apoyados en la investigación y recopilación realizada por Joaquín Díaz y José Delfín Val, ahora aprecian “un abismo entre el mundo actual, de prisas y agobios, y el mundo de antes”.
En representación de El Pandero Cuadrado de Peñaparda, su actual presidenta, Toñi Collado, subraya: “es importante saber de dónde venimos” y recuerda los orígenes de la asociación, cuando un grupo de personas entre las que estaba ella crearon la entidad con la intención de que no se perdieran las tradiciones, las canciones, el sonido y el baile en torno al pandero cuadrado. En estos momentos, aglutinan a alrededor de un centenar de socios de todas las edades, “desde los 18 años el más joven hasta los noventa y muchos de la más veterana”.
Son los musicólogos los que ahora intentan discernir el origen de este instrumento tan singular del noroeste peninsular, que solo ha pervivido en ese enclave del entorno de El Rebollar. “El pandero todavía se toca en muchos sitios: en Galicia, en Portugal, incluso en África, pero lo tocan apoyándolo en el pecho y con las manos. Tocado con porra, como llamamos nosotros a la baqueta, solo pervive aquí”.
