“A veces África está tan lejos en nuestra mente, que no nos damos cuenta de lo cerca que está geográficamente, ni de lo mucho que nos afecta lo que allí ocurra”; son palabras de José Manuel Albares Bueno, uno de los invitados ayer a la mesa-coloquio organizada por la Fundación HAIAC bajo el título ‘Segovia con Mali’.
La frase del subdirector general de la Dirección General de Política Exterior para el Magreb, África, Mediterráneo y Oriente Próximo de la Secretaría de Estado de Asuntos Exteriores resumía bien el conocimiento que muchos segovianos tenían hasta ayer de un país, Mali, que pese a contar con un pasado lejano brillante, gracias a su potente comercio, y un pasado cercano muy considerado, debido a ser uno de los pocos países africanos en contar con una democracia, hasta hace poco fiable, se ha encontrado en los últimos tiempos, y especialmente en los últimos meses, con un presente que necesita de un puente que acerque kilómetros y estreche conciencias.
Mali precisa de un acueducto que lleve agua, que es vida, a todos esos ciudadanos que, como explicaba en un calmado francés su embajador en España, Sékou Dit Gaoussou Cissé, no pueden “arreglar el conflicto solos, necesitamos la ayuda de muchos países”.
El alto cargo maliense, para quien “Mali es un país nuevo, pero una nación muy antigua” que “seguro logrará salir adelante, porque han sido muchos los problemas que hemos tenido a lo largo de la Historia y siempre hemos tenido una esperanza que nos ha permitido lograr sobrevivir”, citó dos factores como aceleradores de la crisis que sufre el país desde que el 22 de marzo se produjese un golpe de Estado a dos meses de las elecciones.
Para el embajador, la Primavera Árabe “tocó a un país como Libia y a un líder como Gadafi que formaban parte de las líneas de estabilidad de Mali”; además, el “rol ambiguo que han adoptado algunos países con intereses en recursos mineros del país”, han conseguido que las perspectivas, para Dit Gaoussou Cissé, no sean buenas. “La clase política y la sociedad están divididos en dos y hace falta que los malienses se reencuentren, que sean uno. Y sobre todo que separemos la política de la religión”, concluyó.
Otro de los invitados a la mesa redonda fue Sidibe Moussa, presidente del Alto Consejo de Malienses en España, que se mostró más crítico y pasional que su antecesor en la palabra y que, ayudado por mapas, explicó algunas de las atrocidades que están sufriendo sus compatriotas.
Por último, y antes de que tuviese lugar el concierto con el que se cerró la jornada, desde la Fundación Mujeres por África se anunció que se está diseñando un programa de liderazgo social para que se beneficien alrededor de veinte mujeres malienses.
