La ilusión nunca debe perderse. Ya sea la de un niño en la noche de Reyes, la de un currante que compra décimos de Lotería de Navidad o la de un candidato del PSOE al que las encuestas, a escasos días de las generales, le otorgan una derrota histórica, a 19 puntos de sus enemigos. Hay que poner buena cara, transmitir optimismo, dar minimítines… Pero, a veces, el lado humano surge y el pesimismo también. Algo parecido le sucedió hace 10 días a Rubalcaba en el debate televisado con Rajoy, donde en el primer y decisivo bloque, el de Economía, lo trató como si fuera el vencedor. Y también ayer, en el programa de Carlos Herrera en Onda Cero, cuando dejó esta perla: «Tengo un compromiso con mi partido hasta el día 20 de noviembre, y luego los militantes veremos lo que hacemos».
Con estas palabras, que quedarán seguramente para la posteridad, el aspirante a La Moncloa se refirió a cuál será su futuro cuando terminen las elecciones. Pese a la falta de concreción en esta respuesta, en otra dio una pista más: «Seguiré en uno u otro sitio, téngalo usted seguro».
Eso sí, tras la confesión -quizás es una estrategia victimista para movilizar a las bases-, el exvicepresidente insistió en que ahora es el candidato y solo está «dedicado y volcado» en la campaña, así como en «hacer el máximo esfuerzo para llegar a la meta en las mejores condiciones posibles». «No pienso en otra cosa», añadió. Según reveló la periodista Pilar Cernuda, existe consternación en Ferraz ante su actitud.
Proyecto a cuatro años
«Lo que sí está claro es que nuestro proyecto político tiene vigencia durante los próximos cuatro años. He querido diseñar un programa que marque los ejes por los que debe de ir la actuación del PSOE de aquí a 2015», explicó, para añadir que «los ciudadanos deben de tener la garantía de que están votando un proyecto a medio plazo».
De lo que nadie duda es de la profesionalidad y sacrificio del dirigente cántabro, que no hace mucho estuvo ingresado en el hospital unos días. Dentro del partido no faltan los que admiran su empuje ante la adversidad en forma de porcentaje. Como el exministro de Justicia Juan Alberto Belloch, alcalde de Zaragoza: «Pase lo que pase, se merece llevar los galones».
Horas después, en Baracaldo y ya en el fragor de la batalla del mitin, Rubalcaba sacó su mejor cara y un buen látigo y azuzó al líder del PP, Mariano Rajoy, al que acusó de mentir cuando culpa al Gobierno de la dimensión de la situación financiera, al tiempo que le recriminó que intente «estrujar el limón de la crisis» para «rascar los últimos votos». Hasta arremetió contra el BCE y la UE por enviar, a su juicio, «mensajes faltos de confianza» que perjudican a España.
