Si el monte es el alma de El Espinar, el agua es su sangre. Mi pueblo ha conservado vivo este generoso patrimonio natural, a lo largo de los siglos: monte y agua, alma y sangre. Hoy, el protagonista es el agua, que ha sido administrado históricamente por los Ayuntamientos del municipio con buen criterio, en cada momento, aprovechando las aguas de lluvia y nieve del cauce alto del río Moros, en la dehesa-pinar de La Garganta, y de los arroyos que vierten al valle espinariego desde la sierra de Malagón.
Los dos pantanos de La Garganta, el Vado de la Cabra (años 50 del siglo XX) y el Tejo (1977), complementados por una red de canales y depósitos, han garantizado este servicio esencial al municipio, con holgura y calidad, incluso en lo años de mayor sequía. A mayores, las bellas láminas superficiales de ambos embalses se han convertido en dos iconos estéticos de La Madre Garganta.
Vive mi pueblo un tiempo de incertidumbre sobre el futuro del pantano del Tejo y, por añadidura, sobre el abastecimiento de agua para su población. El Tejo es una presa de escollera, que a lo largo de medio siglo ha tenido lógicas fugas puntuales, resueltas con acertadas actuaciones técnicas. Me ha sorprendido que el estado de alarma actual haya surgido en 2025, cuando las filtraciones evacuadas por la galería de la presa eran pequeñas.

Por la cabeza de ningún vecino había pasado nunca la idea de un desabastecimiento de agua, ni de un final inmediato para el embalse del Tejo, pero ahora crece la preocupación ante ambas posibilidades, después de que, a lo largo de los últimos meses, la Confederación Hidrográfica del Duero, organismo estatal con autoridad administrativa sobre la presa, haya realizado actuaciones sobre la seguridad de la misma; y así, desde el otoño de 2025, al Tejo no se le permite retener agua. Mientras tanto, el déficit para cubrir el consumo urbano se resuelve ahora, de forma provisional, con el bombeo de agua del pantano de Puente Alta, sito en la localidad de Revenga.
La corporación municipal se queja de falta de claridad técnica en los escuetos comunicados de la CHD y del difícil diálogo con este organismo. Los vecinos leemos con detalle y entrelíneas las noticias que salen en los medios, en los que sobrevuelan dos alternativas graves sobre el pantano del Tejo: una actuación integral que garantice su seguridad o su total demolición. Ambas son de envergadura.
Pero ésta no es una historia de buenos y malos, ni la crónica de una tragedia irreversible, sino un “asunto de estado” (municipal), que necesita del apoyo de todos. En la calle se agradece que la corporación haya tomado el asunto sin fisuras, aprobando su postura por unanimidad. Por ahí debemos ir también los vecinos de a pie, cumpliendo de forma solidaria y disciplinada los bandos municipales propios de esta crisis sobre el uso racional del agua.
Lo mismo que el Ayuntamiento, los vecinos queremos claridad y datos técnicos, para conocer bien el conflicto, y así ayudar en lo que podamos y nos corresponda.
Si se confirma la gravedad del problema de la presa del Tejo, es posible que la solución llegue a ser costosa. No me preocupa demasiado esta alternativa, pues entre varias instituciones fundamentales se puede repartir bien la carga. “A grandes males, grandes remedios”. Lo importante es que sea con buenos criterios técnicos, en el cauce alto del río Moros (como siempre ha sido) y con un horizonte de futuro.
Sin alarmar a nadie, creo que nos va la vida en ello, no exagero, porque sin agua no hay futuro, no hay turismo, no hay progreso, no hay trabajo, no hay pueblo… no hay vida.
