Me estoy refiriendo a la representación de “El último (y quizás único) Romántico” del pasado 6 de junio de 2026. Dando una idea global, tengo que decir que, según mi parecer, fue una propuesta nueva de una zarzuela poco conocida (quizá desconocida) para el público que la recibió con cierta frialdad (y no por que hubiese un mínimo aire acondicionado en la sala). No recuerdo un silencio que se podía cortar con unas invisibles tijeras y que (tomando la idea del maestro Sorozábal) Fran Cabanillas sentiría en el cogote. A partir de la “Romanza bombón”, del apasionado dúo y del brillante cierre del Acto 1º con el “Pasacalles de las mantillas”, el ambiente cambió. En el acto segundo ya se vio más comunicación entre la soberbia orquesta, la voluntad del Gayarre y el público. Tampoco recuerdo una ovación final tan apoteósica que se merecía la obra como tal y el trabajo ímprobo de todos.

Tengo que empezar por la orquesta de veintiún profesores, maestros diría yo, que nos enseñaron la filigrana de la partitura, con solos memorables: un verdadero encaje de bolillos musical que no desmerecería en la blonda de las mantillas. Fran, todo, enhorabuena, sin más. Solo hubo una entrada un “pelín” wagneriana en el dúo, pero bueno por decir algo. Los solistas ofrecieron lo mejor de sí mismo. Aída Jimeno (nuestra Aída) como Aurora estuvo sobresaliente; una lástima que en el Acto 2º no tuviese intervención cantada. A mucha altura, La “Encarna” de Lupe Durán, tan buena actriz como cantante. Una pena que el tenor Gonzalo Terán padeciese una afección vocal que le impidió brillar como siempre ha hecho, pero los asistentes supimos premiar con una salva de aplausos su entrega y profesionalidad. Del Gayarre, todos claro y por destacar a las hermanas Fuentetaja, a Ángel Guzmán , André Palomar y a los directores de escena (yo creo que bastante más) Carmen Torrego y J. Antonio Reguera.
Y los detalles, que impactaron muy positivamente en los espectadores: sí hubo velocípedo y manillares (localizados en Cantimpalos), la colaboración del solista de trombón (Mara Domingo de Soto) en el número de los murguistas, las linternas que brillaron en la oscuridad del escenario antes de la maravillosa mazurka, el empleo de los mirlitones en la pavana y la inocente levantada de faldas con las letras del Gayarre en los pololos de las coristas. También reconocer el esfuerzo por variar el vestuario, aportando así vistosidad al conjunto. El decorado, como se pudo. Una pena que se suprimiese una pequeña jota (que no viene al caso) que precede a la “Bella enamorada” y algún fragmentillo más. pero el metraje de la obra ya es larguito. Propuesta mía solo propuesta es que alguno de nuestros (y muy nuestros) grupos musicales segovianos hubiesen tenido un pequeño cameo. Por ejemplo, la Ronda Segoviana en la citada jota y las Comparsas de nuestro carnaval en el último cuadro.
Nada más. Gracias al Juan Bravo y adelante Gayarre: sin vosotros la zarzuela (como tantas otras cosas) desaparecería de Segovia. Mientras tanto, gracias valientes. Seguid derrochando y compartiendo ilusión. También mi agradecimiento a El adelantado de Segovia que tiene a bien incluir mis colaboraciones y a los que pacientemente las leéis.