El obispo de Segovia, Jesús Vidal, entregará un cáliz de la Real Fábrica de Cristales de La Granja al papa León XIV en su visita a España. El obispo lo recibió de manos del presidente de la Real Fábrica de Cristales, Andrés Ortega, concebido como un obsequio “especial” que representa la excelencia del cristal de la zona.
La pieza será portada por el prelado segoviano, quien intentará entregársela en mano al papa, aprovechando su presencia en Madrid. Durante el encuentro, el Obispo y el presidente de la Real Fábrica compartieron confidencias y expresaron su deseo de que el papa pueda utilizar este cáliz en algún momento, “aunque sea en la intimidad de sus celebraciones privadas”.
Asimismo, ambos dialogaron sobre los preparativos de la visita papal y los frutos espirituales que se esperan de ella. El Obispo destacó “lo bonito y enriquecedor que será poder vivir de primera mano el diálogo directo, cercano y pastoral del papa con el pueblo español”, un hito que, apuntó, “marcará los corazones de los fieles”.
Desafío técnico
“La creación de esta obra ha supuesto un auténtico desafío para la manufactura, debido a su complejidad técnica”, afirmó Ortega. Al tratarse de una pieza de un nivel de exigencia “tan elevado”, los artesanos han tenido que elaborar dos o tres muestras previas de cada una de las partes para poder sacar el producto final con la perfección “impecable” que se aprecia en la pieza final.
Respetando los cánones litúrgicos para este tipo de cálices eclesiales, la pieza cuenta con una “imponente” presencia física, alcanzando una altura aproximada de entre 28 y 30 centímetros. También se ha cuidado un detalle teológico “fundamental” en su diseño, el recipiente no es traslúcido, lo que significa que el vino, la sangre de Cristo tras la consagración, no se visualiza desde el exterior a la hora de ser vertido.
Además del obsequio destinado al Vaticano, Vidal recibió un segundo cáliz, idéntico en dimensiones y manufactura al del papa, pero personalizado con su propia simbología episcopal. “Se trata de un detalle que ya de por sí generaba una profunda ilusión en el obispo, pero cuyo valor emocional se multiplica al saber que ahora posee una pieza gemela a la destinada al papa León”, expresaron desde la Diócesis.
Para materializar esta estructura, ha sido “clave” la intervención encadenada de tres puestos de trabajo especializados. En primer lugar, la elaboración comienza en el horno de fundición y soplado, donde las materias primas se transforman a 1500 grados en una masa homogénea de cristal líquido. El equipo de soplado recoge el cristal incandescente con la caña para introducirlo en el molde y expandirlo hasta adoptar la forma base del cáliz. Acto seguido, pasa al horno de recocido a 500 grados para un enfriamiento “lento y controlado” que elimina cualquier tensión interna.
Una vez fría, la pieza pasa al taller de talla y facetado. Con una precisión milimétrica, los artesanos realizan el facetado del recipiente y esculpen con delicadeza los pétalos en el pie del cáliz, así como las complejas facetas y el escudo oficial grabados minuciosamente en la pierna (el tallo) de la pieza. Finalmente, el cáliz llega al puesto de esmaltado y decoración. En esta última etapa se aplican los motivos religiosos y ornamentales utilizando pan de oro y, para fijar este metal precioso y asegurar su máxima durabilidad y brillo, la pieza se somete a una última cocción en el horno de mufla a unos 550 grados, “completando así una obra de arte inigualable”, concluyeron.
