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El Adelantado de Segovia

Un bombón con sabor a ponche segoviano

por Antonio de la Cruz Leonor
31 de mayo de 2026
El antiguo teatro Apolo de Madrid estaba ubicado en el 45 de la calle Alcalá y cerró sus puertas en junio de 1929.

El antiguo teatro Apolo de Madrid estaba ubicado en el 45 de la calle Alcalá y cerró sus puertas en junio de 1929.

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El mejor heraldo del mes de junio es la zarzuela y, en este año, valiente por darnos a conocer una zarzuela nunca representada en Segovia y, escasamente, en otros lugares y teatros: El último romántico. Su libreto es de José Tellaeche y la música de Reveriano Soutullo y Juan Vert, ambos muy relacionados con estas tierras por razones que ya he comentado muchas veces (y que no me cansaré de comentar) y algunas más que vienen al caso. Primero, unas notas biográficas sobre sus autores.

José Tellaeche y Arrillaga nació en Madrid (12 de diciembre de 1887) y falleció en la capital de España el 13 de septiembre de 1948. Periodista y dramaturgo colaboró con los mejores compositores de su época en zarzuelas importantes como Francisco Alonso en La linda tapada (1924) y Curro, el de Lora (1925) y en El último romántico, claro (1928), con Soutullo y Vert. Fue el último director del Teatro Apolo (hasta su demolición).

Tanto Reveriano Soutullo (1880-1932) como Juan Vert (1890-1931) iniciaron en su patria chica sus estudios musicales (Soutullo en su Puenteareas y Redondela, Vert en la valenciana Ontinyent). Ambos la culminaron en el Real Conservatorio de Madrid con excelentes calificaciones. Se conocieron y comenzaron su singladura creativa que fructificó en obras como La leyenda del beso (1924), La del Soto del Parral (1927) y El último romántico (1928). La vida de Juan se truncó muy pronto: falleció repentinamente en 1931. Soutullo, muy afectado, no pudo continuar en solitario la obra que estaban bosquejando (La maja serrana) y nos dejó poco después. Murió a consecuencia de una trepanación de cráneo (padecía sordera) complicada con neumonía (1932). Todo un ejemplo de amistad entre un gallego y un valenciano.

José Tellaeche.
José Tellaeche.
Juan Vert.
Juan Vert.
Reveriano Soutullo.
Reveriano Soutullo.

El estreno de El último romántico tuvo lugar el 9 de marzo de 1928 en el teatro Apolo de Madrid con gran éxito (se repitieron casi todos los números musicales, especialmente la primera romanza del tenor, de la cual ya hablaremos). Un año después (30 de junio del 1929) “La catedral del Género chico” cerró sus puertas, siendo La verbena de la Paloma una de las últimas obras representadas. Posteriormente derribado, su solar fue ocupado por el BBVA y a finales del siglo XX por dependencias del Ayuntamiento de Madrid. Todo un símbolo de lo que el dinero y la burocracia pueden hacer.

Intérpretes del clamoroso estreno fueron Selica Pérez Carpio (Jarafuel, Valencia, 1900- Madrid 1984), Pepe Romeu (Lorca, Murcia 1901, Madrid 1986) y la Srta. o Sra. Suárez. Los dos primeros son historia de la zarzuela y se puede disfrutar de una muestra de su arte en grabaciones antiguas (Youtube). Destacar la intervención de la soprano, ya como actriz de carácter, como Tía Antonia en la referencial versión de Argenta de “La verbena”. De la Srta. o Sra. Suárez, La Encarna del estreno, no tengo información.

El libreto presenta algunos problemas. Pretende reflejar cuatro escenas o cuadros del Madrid entre 1872 y 1887, agrupados en dos actos. El argumento se completa con una trama sentimental en la que Enrique, el tenor, lucha entre dos amores: la joven aristócrata Aurora, (casada con un conde de edad madura y del que no está enamorada, soprano) y “La Encarna” (mezzosoprano), heredera de personajes castizos que encontramos en cualquier sainete de la época dorada del Género Chico Además, un trasfondo político (el reinado de Amadeo de Saboya, las guerras carlistas y la restauración borbónica con Alfonso XII). A Enrique le podríamos vincular con movimientos republicanos (hoy llamaríamos democráticos). Tampoco ahonda mucho en el tema porque la censura de Primo de Rivera (época de su estreno) no puso ninguna pega.

Por otra parte pretende establecer un nexo de unión entre personajes y situaciones del género chico de finales del XIX con la zarzuela grande. La propuesta es arriesgada pero resulta, aunque puede confundir al espectador: muchos personajes secundarios, diálogos largos…algo que el Gayarre habrá tenido en cuenta para “podar” convenientemente el texto. Resumiendo, libreto un puntito engorroso. Es muy importante que el espectador se percate de que entre los dos actos han pasado quince años y los decorados ayudarían mucho porque los títulos de cada cuadro son muy evocadores de lugares concretos del Madrid de la época. Pero eso, es un problema para nuestro Gayarre… y el Juan Bravo tiene sus limitaciones.

Comenzamos escuchando un preludio sencillo, con resabios nostálgicos (como toda la música de la obra) y aire de seguidilla en algunos momentos.

Primer cuadro del Acto 1º, (reina Amadeo de Saboya). Se desarrolla en cualquier plazuela del Madrid popular: imprescindible café, domicilio de Tomás, el memorialista, la vendedora de lilas y violetas, el aguador, el sereno, hombres y mujeres del pueblo y de la clase media…pero perfectamente podrían estar sentados en alguna mesa don Hilarión y don Sebastián comentando sus asuntos con Ceferino, el camarero. Musicalmente nos introduce en la zarzuela. Después, la presentación de Encarna (“La Encarna yo soy y me llamo…“), que nos evoca La Menegilda de la Gran Vía (por ejemplo). Un coro de mamás, damitas y pollos con un toque entre ingenuo y picaresco. Escena cómica con Tomás, el sereno y los guardias gallegos (nuevamente La verbena de la Paloma) que precede al número más conocido: la romanza del tenor que todos los tenores españoles han cantado, cantan y cantarán y que es un auténtico bombón… puede que con sabor a ponche segoviano. El final del cuadro es una agitada y algo confusa acumulación de acontecimientos y Encarna se da cuenta de que…Eso lo dejo ahí.

cartel el ultimo romanticoel ultimo romantico

Segundo cuadro del Acto 1º: “La Fuente Castellana” de aquellos tiempos. Encuentro entre Aurora y Enrique y dúo inspiradísimo que va caldeando el cotarro, musicalmente hablando. Para contrastar, otro número cómico de Ceferino y Tomás: el llamado “De los velocípedos” (seguramente serán bicicletas). Muy ameno y divertido. Para cerrar el acto 1º, “El pasacalle de las mantillas” que canta Aurora con el coro femenino ataviado con esta prenda. Este fragmento tiene “letra de la época” (“Voy con mi mantilla a los toros/voy con mi mantilla al sermón…Soy española y yo he nacido en Madrid…). Aunque les parezca a algunos, no tiene ninguna connotación patriotera: simplemente las damas partidarias del regreso de Alfonso XII se ataviaban con mantillas, nada más.

El primer cuadro del acto segundo se titula “Las aguadoras del Prado” y podría servir perfectamente para Agua, azucarillos y aguardiente: aguaducho, veladores… De fondo el legendario Teatro Felipe. Han pasado quince años y se tiene que hacer notar porque si no, nos perdemos. La situación política (reina ya Alfonso XII) y la de los personajes (que son los mismos) han cambiado. La música nuevamente (tendré que repetirme, lo siento) es típica de cualquier zarzuela castiza. En todo el fragmento de los murguistas (músicos callejeros que forman un grupo o murga y, de aquí viene, lo de “dar la murga”) se intercala una hermosa habanera, un chotis y posteriormente una polka o mazurka que cantan Encarna, Tomás y Ceferino. Sin disimulos se alude a compositores y zarzuelas del género Chico. Enrique, más maduro y regresando a su Madrid del exilio parisino, se sienta en el aguaducho de Encarna y ambos no se reconocen aunque después sí : situación que se concreta en un hermoso dúo (expresiva melodía “romántica” y un recuerdo a la salida de Encarna del Acto primero). Números cómicos y alusiones políticas. Pequeño nocturno y fragmento definitivo: una marcada mazurca que cantan cuatro chulas y chulos (¿o ratas de la Gran Vía?) No hay palabras, para este momento. El acto termina con la precipitada huida de Encarna y Enrique hacia el Teatro Real donde se celebra un baile de carnaval a la que asistirá Aurora.

Pepe Romeu.
Pepe Romeu.
Selica Pérez Carpio.
Selica Pérez Carpio.

El segundo cuadro nos traslada al foyer o vestíbulo del Teatro Real decimonónico. Se celebra un baile de Carnaval con evidentes “reminiscencias” de Doña Francisquita y de operetas como El conde de Luxemburgo, por ejemplo. Se abre con una Pavana (aunque a mí me sigue sonando en algunos momentos a mazurka), danza lenta y pausada propia del Renacimiento relacionada con la ciudad italiana de Pádova (Padua) y de ahí “padovana” y pavana, pero puede tener relación con el andar solemne de un pavo rea (¿?). Enrique nos ofrece su segunda hermosísima romanza: “La romanza del champán” (¿lo más bello de toda la obra?). En contraste, Encarna, Tomás y Ceferino se marcan un cancán; sí, no pasa nada: es un baile típico de las operetas francesas y de los cabarets de París. Tras algún altercado sin importancia, descubrimos (ya lo sabíamos) quién es el último romántico y en el final de la zarzuela (un poco por “el sindicato las prisas”) triunfa el amor. El cancán cierra musicalmente la representación.

Nos queda pendiente aportar alguna reseña de material sonoro y audiovisual. Versiones antiguas de algunos fragmentos los encontraremos por los intérpretes del estreno (nuevamente Youtube), en la versión más moderna (1956) el maestro Cisneros dirige a una jovencísima Teresa Berganza (¡entonces María Teresa!), con el tenor Ginés Torrano (que hace lo que puede) y la “todoterreno” Inés Rivadeneira como Encarna. Completa en video la tenemos en Youtube, (perdón, otra vez) por un grupo de aficionados de Alcoy, primos hermanos de nuestro Gayarre. Versiones sueltas del Pasacalle de las mantillas, salida de Encarna y de la romanza de tenor, cantada por TODOS los grandes.

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Pero aún queda un fleco. Ha dejado medio perdido que la ya aludida romanza tiene sabor a ponche segoviano. Vamos a ello. Podríamos pensar que compartir a Soutullo y Vert como autores de la música de “El Soto” y de esta zarzuela… pues todo terminaba ahí. Sí, pero no. Se dice (¿bulo?) que en el tercer estreno de “El Soto” (el de 1927, en La Latina) se incluía una romanza de tenor, pero don Emilio Sagi Barba (que era mucho don Emilio)) “exigió” su retirada porque…le quitaba lucimiento. Los autores, muy sumisos, “aparentemente”, así la hicieron y la reservaron para El último Romántico que vio la luz de las candilejas un año después. Y la letra nueva se corresponde perfectamente con la de la primera intentona (que no puedo incluir) pero que alude a las Tierras de Segovia. De nuevo encontramos a Segovia donde menos lo pensamos. Segovia y la zarzuela, la zarzuela y Segovia.

Nuestro Gayarre ya lo sabe, pero una vez más gracias, gracias, muchas gracias por ofrecernos una zarzuela bonita y poco conocida. No siempre se deben montar las de siempre. El cartel anunciador, un JLL Saura, un lujo. Muchas gracias a El Adelantado de Segovia que incluye mis colaboraciones y a todos ustedes que me han dedicado un poco de su valioso tiempo.

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