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Segovia apuesta por la economía circular y los productos de cercanía

La provincia de Segovia cultiva un ecosistema donde productores, distribuidores y prestadores de servicio colaboran y se complementan retroalimentándose y favoreciendo la economía local

por El Adelantado de Segovia
29 de mayo de 2026
El cochinillo segoviano o las legumbres de la tierra son dos productos que se nutren de lo local y han traspasado fronteras./ E.A

El cochinillo segoviano o las legumbres de la tierra son dos productos que se nutren de lo local y han traspasado fronteras./ E.A

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La economía circular y los productos de cercanía han dejado de ser una moda para convertirse en una necesidad. En un tiempo marcado por el encarecimiento de los transportes, la presión sobre los recursos naturales, la despoblación rural y la fragilidad de las cadenas de suministro globales, mirar al territorio ya no es solo una cuestión sentimental. Es, también, una decisión económica, ambiental y social. Segovia, con su mezcla de agricultura, ganadería, industria agroalimentaria, hostelería, distribución y comercio local, ofrece un buen ejemplo de cómo una provincia puede reforzar su futuro si aprovecha mejor lo que produce, transforma y consume.

Hablar de economía circular no significa únicamente reciclar más. Significa diseñar un sistema en el que los recursos se aprovechen durante más tiempo, los residuos se reduzcan al mínimo y el valor añadido permanezca en el territorio. En una provincia como Segovia, esto se traduce en algo muy concreto: que el cereal, el garbanzo, el pan, los huevos, el cochinillo, el cordero, el vino o los productos destinados a la hostelería recorran menos kilómetros, generen más empleo local y ayuden a sostener pueblos, familias y pequeñas empresas.

La cercanía tiene un valor que va mucho más allá de la etiqueta. Cuando un restaurante segoviano compra a proveedores de la provincia, no solo adquiere alimentos o suministros. Está fortaleciendo una red económica que une al productor, al distribuidor, al hostelero y al consumidor. Esa red crea confianza, permite conocer el origen de lo que se sirve en la mesa y reduce la dependencia de mercados lejanos. En tiempos de incertidumbre, lo cercano es también una forma de seguridad.

Ahí aparecen nombres propios del tejido empresarial segoviano. Huevos Velasco, con instalaciones en Villacastín y una trayectoria ligada al sector avícola, representa la importancia de disponer de producción alimentaria próxima y tecnificada. La empresa se presenta como especialista en huevos al por mayor y destaca el control de la calidad como uno de sus objetivos principales. También Huevos Montarelo, en Aguilafuente, forma parte de esa cadena de proximidad: cuatro generaciones dedicadas a la producción y venta de huevos, porcino y productos agrícolas. En ambos casos, el producto local es actividad económica real, empleo y suministro para tiendas, restaurantes y hogares.

El mismo razonamiento vale para el campo. La Cruz de Hierro, en Labajos, pone en valor legumbres reconocibles de la provincia: el garbanzo, la lenteja pardina y castellana y el judión de La Granja. En un momento en el que se habla mucho de proteína vegetal, de dietas saludables y de menor huella ambiental, legumbres cultivadas en el entorno inmediato reúnen todos los ingredientes de la nueva economía: tradición, salud, sostenibilidad y capacidad para diferenciarse en el mercado.

La economía circular empieza muchas veces en gestos cotidianos. Comprar pan elaborado cerca es uno de ellos. Panificadora Ángel Maroto, en Otero de Herreros, es una panadería tradicional con más de 20 años de trayectoria, dedicada al pan, las tortas, las magdalenas y los dulces artesanos. Este tipo de negocios sostienen algo que no siempre aparece en las estadísticas, la vida diaria de los pueblos. Donde hay panadería, hay reparto, hay compra recurrente, hay relación vecinal y hay actividad.

La hostelería segoviana, pieza esencial de la economía provincial, también tiene mucho que decir. La cocina de cercanía no se construye solo en los fogones, sino en los almacenes, en los repartos y en los proveedores. Empresas como DIHOSE, Brualdis o Distribuciones San Lorenzo, son parte de esa infraestructura silenciosa que permite que bares, restaurantes, hoteles, tiendas especializadas y colectividades funcionen cada día. DIHOSE ofrece más de 3.000 referencias para hostelería y tiendas especializadas, y sitúa su actividad en productos como vinos, aceites, conservas, mariscos, jamones o productos del pato. Brualdis se presenta como empresa familiar dedicada a la comercialización y distribución para hostelería y alimentación, con radio de acción en la provincia de Segovia y parte de la Sierra de Madrid. Distribuciones San Lorenzo subraya su experiencia en distribución alimentaria y su servicio a hostelería, tiendas, supermercados, catering y eventos.

La circularidad no consiste en que todo sea pequeño, sino en que todo esté mejor conectado. Un distribuidor local puede ayudar a reducir viajes innecesarios, agrupar pedidos, acercar productos de la provincia a la restauración y facilitar que el hostelero conozca mejor lo que compra. Hostelería Muñoz, dedicada a artículos, productos y suministros para hoteles, restaurantes, colectividades y catering, forma parte de ese ecosistema. Congelados Segovia, ubicada en Valverde del Majano, se presenta como empresa especializada en distribución y comercialización alimentaria para profesionales de la restauración, con más de 30 años de experiencia.

Segovia cuenta además con productos icónicos que son economía, cultura y paisaje. Cárnicas Tabladillo es una referencia vinculada al cochinillo, uno de los grandes emblemas gastronómicos provinciales. La empresa se presenta como especializada en venta y distribución de cochinillos, y otras fuentes del sector gourmet la describen como empresa familiar con más de 50 años de experiencia en la cría, producción y venta de cochinillo de Segovia. El Ovino de Segovia, por su parte, se dedica al engorde, transformación y distribución de ovino y porcino, con venta mayorista y minorista. En estos sectores, aprovechar mejor cada pieza, transformar producto, diversificar formatos y reducir mermas son claves para una economía más eficiente.

La economía circular también mira al vino. Bodegas Severino Sanz, en Montejo de la Vega de la Serrezuela, dentro del ámbito de la Ribera del Duero segoviana, une tradición familiar, viñedo y territorio. La bodega destaca la transmisión generacional de la elaboración del vino y la adaptación de los métodos tradicionales a los nuevos tiempos. La apuesta por lo cercano no debe confundirse con cerrarse al mundo. Muchas empresas segovianas venden fuera de la provincia, compiten en mercados nacionales e incluso internacionales. Pero precisamente por eso es importante que su base productiva, su identidad y parte de su cadena de valor sigan ancladas al territorio. Exportar calidad segoviana es compatible con reforzar el consumo local. De hecho, ambas cosas se alimentan: cuanto más se reconoce un producto en casa, más fuerza gana fuera.

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