En Mayo la naturaleza se muestra en Segovia más generosa que nunca y en los alrededores de Carbonero el Mayor hay rutas que merece la pena conocer y recorrer. Una de ellas es la Senda del Ayer, un nombre muy acertado porque en su recorrido encontramos testimonios de antepasados prehistóricos, mucho antes de que naciera la devoción por la Virgen del Bustar.
La Senda del Ayer es un itinerario por la memoria: por los antiguos caminos rurales, por los despoblados, por las ermitas que aún resisten —enteras o en ruinas— y por las huellas más antiguas de nuestros ancestros.
Incluida dentro de las rutas a pie difundidas por Segovia Turismo, la Senda del Ayer parte de Carbonero el Mayor y propone un recorrido de unas tres horas por algunos de los enclaves más significativos de su término municipal. El paseo enlaza lugares como Fuentes, Valdecuéllar, Peñacarrasquilla, la ermita de Santa Águeda, la ermita de San Miguel de Quintanas y el Santuario de Nuestra Señora del Bustar, antes de regresar de nuevo a Carbonero. Una ruta especial por la campiña segoviana, una lectura abierta del paisaje.
El primer tramo conduce desde Carbonero hasta Fuentes, con la iglesia siempre como referencia visual. Es un camino amable, sin grandes desniveles, que permite entrar poco a poco en ese paisaje de Tierra de Pinares donde se mezclan los cultivos, las manchas de arbolado, los caminos de labor y los restos de una ocupación humana prolongada durante siglos. Desde allí, la senda continúa hacia Valdecuéllar y después avanza en dirección a Peñacarrasquilla, uno de los puntos de mayor interés histórico y arqueológico del recorrido.

En Peñacarrasquilla el paisaje habla de tiempos remotos. Por estos parajes encontró alimento y caza el hombre paleolítico que grabó en las pizarras de Domingo García un retrato de su tiempo. Estos petroglifos de Peñacarrasquilla se atribuyen a un hombre que ya conocía los metales y que dejó plasmada en la piedra parte de su vida. Son representaciones de arte esquemático que podrían fecharse en la Edad del Bronce. Aparecen sobre afloramientos del zócalo paleozoico de gneis, preferentemente en caras verticales y lisas orientadas al sur-sureste. La técnica empleada fue el piqueteado, realizado con un instrumento puntiagudo. La temática es diversa: escenas de caza, de guerra, caballeros, figuras humanas y otros motivos. Después de la Edad de Hierro no se conocen restos en Carbonero, aunque su término municipal se encuentra dentro del área de influencia del yacimiento celtibérico del cerro del Tormejón, en Armuña.
La fuerza de este punto de la ruta reside precisamente en esa mezcla de modestia y profundidad. No se trata de un gran yacimiento monumental, sino de una señal antigua, casi discreta, que obliga a mirar las piedras de otra manera. Allí donde el caminante de hoy ve pizarras, afloramientos y monte bajo, otros hombres dejaron hace milenios una forma de relato. Contaron su mundo con golpes sobre la roca.

La Senda del Ayer continúa después hacia las ruinas de la ermita de Santa Águeda, situada muy cerca del trazado principal. Más adelante, el camino se dirige hacia la ermita de San Miguel de Quintanas, atravesando un tramo más largo que cruza el río Pirón por el entorno del puente de las Carvas y pasa bajo la autovía Segovia-Valladolid. De nuevo, el itinerario combina naturaleza, caminos tradicionales y restos de la antigua organización del territorio.
El último tramo devuelve al caminante hacia Carbonero el Mayor pasando por el Santuario de Nuestra Señora del Bustar, uno de los espacios de mayor arraigo devocional para la localidad. La ruta concluye junto a la Cruz de Piedra, cerrando así un círculo que no solo une lugares, sino épocas: de los grabados prehistóricos a las ermitas, de los despoblados a los santuarios, de la arqueología al sentimiento popular.
La Senda del Ayer es, en definitiva, una invitación a caminar mirando atrás. No exige grandes esfuerzos físicos ni conocimientos especializados, pero sí cierta disposición a escuchar el paisaje. Carbonero el Mayor ofrece en este recorrido algo más que una excursión: ofrece un viaje por las capas de su propia historia, por aquello que permanece cuando los pueblos cambian, los caminos se borran y solo las piedras siguen contando lo que fuimos.
