La pradera de la ermita, a orillas del río Pirón, está lista. Los mayordomos se han encargado de adecentarla para los cientos de romeros que se esperan para este sábado. En la ermita, la Virgen del Bustar aguarda a sus devotos, a sus vecinos, a su gente. Hay fiestas que no necesitan grandes anuncios. Se esperan casi sin decirlo, como se espera la primavera, el regreso de los que viven fuera o el sonido de una campana conocida. En Carbonero el Mayor, la Romería de la Virgen del Bustar, pertenece a esa clase de celebraciones que no solo figuran en el calendario, sino también en la biografía sentimental de un pueblo.
La romería tiene algo de cita religiosa, de jornada familiar, de paseo compartido y de reencuentro. Es una fiesta que se vive con los pies en la pradera y la mirada puesta en el santuario, pero también desde las alturas de los castillos humanos que construyen los mozos y mozas.

La celebración empieza antes, la noche del viernes, cuando las peñas se reúnen a cenar en esta ocasión animadas por la charanga Jaleo hasta la madrugada.
El día de la romería, sábado 23, empieza siempre antes de la hora marcada, en las casas, cuando se preparan las viandas, cuando se buscan las sillas, cuando se pregunta quién lleva el pan, quién se encarga de la tortilla o quién ha metido el vino en el coche. Las romerías tienen esa virtud: parecen repetirse cada año, pero nunca son exactamente iguales.
A las 12:30 horas la misa dará comienzo oficial a la romería. Los visitantes pasan la mañana en la pradera y alrededores de la ermita, y a la hora de comer se ofrecerá paella y macarrones para los que deseen comer en la pradera, previa adquisición del correspondiente ticket.
A las 18:30 horas se reza el Rosario en la ermita y por fin la la Virgen sale en procesión. Es el momento más emocionante del día. Los romeros acompañan a la Virgen en su recorrido por el entorno. La Escuela de Dulzaina y Tamboril de Carbonero acompaña con la música, y los vecinos y visitantes rinden homenaje a la Virgen con jotas y bailes.
Durante su recorrido por los alrededores, los jóvenes rinden culto a su patrona con castillos humanos que se elevan en alturas de hasta tres pisos. En lo alto, los mozos gritan “¡Viva la Virgen del Bustar! ¡Viva nuestra patrona! Vivan los comisarios!” antes de hacer el pino y quedar cabeza abajo.
Alrededor de la Virgen del Bustar se han tejido durante generaciones muchas historias personales. Hay quien recuerda haber ido de niño de la mano de sus padres. Hay quien vuelve cada año aunque ya no viva en Carbonero. Hay quien acude con una promesa íntima, con una petición, con una acción de gracias o simplemente con la necesidad de estar. Las devociones populares tienen esa mezcla de fe y memoria que las hace difíciles de explicar desde fuera y muy fáciles de entender desde dentro. Mucha de esta liturgia ha sido recogida por Antonio Arcadio García, estudioso de las tradiciones populares y amante del folclore castellano es su libro A Devoción, exvotos y otros objetos votivos en la ermita de Nuestra Señora del Bustar, que cuenta la riqueza de estos objetos depositados a la Virgen por vecinos y visitantes generación tras generación en busca de un perdón, una cura o un deseo, y que forman parte del patrimonio cultural e histórico de la ermita. El libro fue presentado también unos días atrás.
Al finalizar la Romería a la puesta del sol, se produce otro de los momentos más interesantes del día, la subasta de regalos y objetos donados por devotos o vecinos y que sirven para sufragar los gastos de la ermita. El más demandado suele ser el Pendón, pero también se subastan cuadros, jamones, vino, incluso gallos o cerdos de raza ibérica se han llegado a subastar.
Con la caída de la noche la Virgen vuelve a su lugar en la ermita, donde espera a los romeros que volverán en septiembre.
A la noche, a partir de las 24 horas en la plaza de Abastos el grupo Clan Cero ofrecerá un concierto para cerrar la romería de este año.

El 23 de mayo, Carbonero el Mayor volverá a mirar hacia el Bustar como quien vuelve a una raíz. La jornada servirá para honrar a la Virgen, pero también para reconocer esa forma de comunidad que los pueblos conservan mejor que nadie: la de reunirse alrededor de una tradición común y hacer de ella una fiesta de todos.
La Romería es un modo de decir que Carbonero sigue unido a sus caminos, a sus paisajes, a sus mayores y a sus costumbres. Una fiesta humilde y grande al mismo tiempo, hecha de fe, campo, familia y pueblo.
