Supongan que ‘me lío la manta a la cabeza’, tomo una ‘decisión audaz’ y me meto de ‘patas’ en una situación comprometida. Ejemplo: describir ‘los juegos florales’. Se lo pregunto a la IA y me contesta: ¡Sí es que tienes ‘ca’ cosa! Si sabes que lo que escribas no va a interesar a nadie, pues no lo escribas. Busca otro ‘remiendo’, pega cuatro puntadas, dos manoletinas y tres revoleras y sales del paso… O a hombros para tirarte al pilón’.
Hay ocasiones, muchas, muchísimas, que lo mejor es no preguntar y tirar ‘pa lante’. Así que, sin más dilación, tomo apuntes, desmenuzo el ‘bonito’, quito las espinas y les presento, bien ‘emplatao’, el cómo y por qué nacieron los Juegos Florales.
Se dice -será la IA, seguro-, que un centenar de años antes de que naciera Jesús de Galilea, ya se organizaban los referidos juegos en la antigua Roma en honor de la diosa Flora. (1) Se convocaban entonces para su celebración entre el 28 de abril y el 3 de mayo. Las modalidades eran poesía, narrativa, música, danza, teatro… Flora era también madre de las flores, de los frutales y del vino. Estos Juegos tenían -lo escribo ‘de pasada’ para que nadie se moleste-, origen plebeyo. Por lo claro, que no era ni noble ni hidalgo. Vamos, que podía ir a pescar sin ayudante que le pusiera el cebo en el anzuelo.
Y sin mas preámbulo le doy al play y comienzo a deletrear lo que verdaderamente quería. Vamos ‘pa ya’.

Segovia año 1930 (que podía ser otro)
Los del Centro Segoviano con domicilio en Madrid, no queriendo olvidar sus raíces, se habían puesto de acuerdo para, una vez al año de forma colectiva, trasladarse a la otra casa de aquí para celebrar conjuntamente la onomástica. Solían ¿suelen? hacerlo en junio durante la ferias y fiestas de la ciudad. Con anterioridad a esas fechas convocaban, además de otros actos, los Juegos Florales, que en esta ocasión tenían un fin concreto, ayuda y colaboración con la Bolsa de Trabajo de la Ciudad.
Eligieron la figura del grandísimo poeta Antonio Machado para presidirlos y como mantenedor de los mismos a otro grandísimo profesor, Mariano Quintanilla, que entonces ‘actuaba’ de catedrático de 2ª enseñanza en el Instituto de Zaragoza.
Se convocaron las parcelas artísticas, se dotaron de premios, llegó la fecha… Los segovianos que residían en Madrid llegaron en dos trenes especiales, diez autobuses y un alto número de vehículos particulares. También viajaron los de Valladolid, Cuéllar… Y, claro, entre Juegos, encuentros, discursos, también era necesario reponer fuerzas. ‘To preparao’.

Nunca llueve a gusto de todos
Encontrar restaurante con salones que pudieran acoger a ‘tantos y tantas’ era un imposible. ‘Decidido -debieron pensar-, ponemos mesas en el Salón de Isabel II’. Y las pusieron; y las adornaron, y contrataron restaurante (El Café de la Unión) y… ¿se acuerda el lector/lectora de lo que nos contaron sobre el diluvio universal? Bueno, pues una hora antes ‘jarreó’ (llover con mucha fuerza y abundancia), hasta decir ¡basta! Adornos de las mesas por el suelo; sillas, bancos y demás familia ‘administrativa’ con ‘arrugas’ importantes… No había otra solución que seguir. Se secaron los asientos, se recompusieron las mesas y… ¡a comer! El que más y el otro debió pensar: ‘Hay que tener tino. Para una vez al año que vuelvo a casa…’. Fecha: 22 de junio, hacia las 12 del mediodía.
Lo que quedó de cine fue la entrega de recompensas a los ganadores de los certámenes convocados. El centro neurálgico elegido, Teatro Juan Bravo, que en aquel tiempo cumplía 13 años. Hubo bienvenida ‘impartida’ por el alcalde José Carretero y Vera, al que ‘replicó’ José Tarragato, presidente del Centro Segoviano y ‘concilió’ el mantenedor Quintanilla. Y por aquello de que nadie encontrara ‘aburrimiento’ alguno, la Banda de la Academia se encargó de forma brillante de la música.
Hubo muchos premiados, mas, no voy a reflejar sus nombres, pues algunos pueden ser muy mayores, otros ya no, y quizá prefieran el ‘secreto del sumario’. Sí les digo que uno de los diplomas (premiado con 75 pesetas), fue para Carlos Martín Crespo por su relato ‘Viajero, yo te enseñaré Segovia’. Muy ‘apropiao’. Y chim-pum.
Cambió de ‘tercio’: una de conejos
Mita tú. Por las fechas ya definidas se produce un robo en el Ventorro de Chamberí, carretera de La Granja, al ‘ladito’ de los depósitos del agua. La policía investiga, pregunta, busca y encuentra. Llaman a la puerta de la casa nº 27 de la calle de Gascos. Abren desde dentro, entran los de ‘afuera’ y ¡pleno! Allí encuentran ‘los cuerpos del delito’ ‘No están todos -les dijo el presunto-, ya he vendido algunos’. El propietario del Ventorro, F. Mínguez, avisado al efecto, reconoce los cuerpos de los mamíferos lagomorfos, ‘son los míos’. El ladrón/presunto/ladrón, fue detenido y llevado ante el juez.
Sea permitido pensar…
‘Las cosas no tienen por qué cambiar el mundo para ser importantes’. (Steve Jobs, empresario y magnate)
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(1) No confundir con Santa Flora, hija de madre cordobesa y padre musulmán, nacida en el siglo IX.
