Enrique Ramos. La hora de la siesta. Fresco. 1963. Cuando este pintor de origen sevillano vino a realizar los cursos de Paisaje de Segovia, el tractor daba aquí sus primeras rodaduras y las mieses -trigos, cebadas, centenos, avenas- que todavía se segaban manualmente empleando hoces. Es posible que el pintor viera a algunos segadores trabajando en los sembrados y, con una pareja descansando a la sombra de una encina, los hermosos campos dorados. Con ellos, y con el perfil de la ciudad y la sierra al fondo compuso esta estampa bucólica y poco real, postiza como postizo es el cántaro que añadió el artista, pues en esta tierra de Segovia, los segadores no llevaban el agua en cántaros de bellas formas sino en humildes botijas. ¿Cuál habrá sido el destino de esta pintura mural?

Carlos Muñoz de Pablos. Segovia. Dibujo. 1966. Algo se movió, y con fuerza, en el mundo del arte segoviano por los años sesenta del pasado siglo. Aparecieron nombres como Ismael Moreno, Jesús González de la Torre, Carlos Muñoz de Pablos, José María García Moro, Francisco Lorenzo Tardón, Mesa Esteban Drake, José Miguel Merino de Cáceres, Antonio Madrigal, etc… que se encargaron de impulsar la novedad creativa. Fue como un ciclón, pero, como tal, duró poco. Unos buscaron propuestas de carácter más universal, otros se dedicaron a las leyes, a la docencia, a la arquitectura, al funcionariado… Y Segovia y lo segoviano quedaron en poco acaso porque la sociedad segoviana no supo dar más de sí. La panorámica es muestra de lo que pudo ser un camino que no tuvo continuidad.

Fernando Arias. Vista de Segovia desde la huerta de los PP Carmelitas. O/l. Sin fecha. El autor fue un empleado de telégrafos y pintor aficionado que, como un relámpago, pasó fugazmente, aunque haciéndose notar. Como otros aficionados de la época su pintura bebía en un ya lejano impresionismo, de pincelada suelta, con el que llevó al lienzo muchos paisajes de Segovia, ciudad y provincia, como esta vista panorámica del perfil que se avista desde la huerta del Carmelo y detrás de la Vera Cruz.

Venancio Arribas. Vista de Segovia. Aguatinta con tres planchas. 2.000. Es una imagen con la panorámica más repetida de Segovia, la que podemos ver desde las Peñas Grajeras, que ha sido hecha en este caso, casi seguramente, a partir de una fotografía de fecha anterior a la de la realización del grabado, cuando aún no se había derribado el edificio del lazareto, que se ve a la derecha. La habilidad del artista y la técnica que emplea nos puede incluso confundir sobre si se trata o no de una fotografía de ese paraje tomada en otoño, cuando los altos chopos de la ribera del Eresma se visten de oro.

Miguel Ángel Salgado. Segovia ante el crepúsculo. Óleo sobre lienzo. Sin fecha. El artista podía haber leído este texto de Juan de Contreras: “La luz hace que Segovia, singularmente en los últimos meses del estío y en los primeros del otoño, sea una fiesta que no se olvida nunca. En los minutos que preceden a la puesta de sol, la ciudad parece que se enciende toda. A veces, las torres se perfilan sobre un fondo de nubes de pizarra. Es entonces, como ha notado Lucas Dubreton en su libro Le roi sauvage, cuando parece que las torres segovianas tienen luz interior, que sigue brillante cuando todo se ha apagado en el contorno”.

Alfonso del Moral. Sólo el campo en flama. Óleo sobre lienzo. 2020. Un auténtico deleite para sensibilidades delicadas es contemplar esta pintura mientras se leen palabras de Azorín: “De la lejana Sierra diríase que se ha avanzado por la llanura y en una ladera se ha quedado clavada. Suavemente, por la falda del monte se llega a la eminente escarpadura. Luego, la mole se empina y tiende -en el extremo opuesto- un agudo picacho hacia la lejanía. En el promontorio se encima apiñamiento de casas, iglesias, palacios, torres, cúpulas…”. ¡Qué paisaje más increíblemente bello: el caserío de Segovia hendiendo los trigales, bajo el azul de la Sierra!

Álvaro Moreno Requena. Segovia desde el Mirador. Óleo sobre lienzo. 1997. No tengo esta imagen en color, pero la muestro porque me identifico mucho con ella ya que es la misma prácticamente con la que abrí mi libro, foto en blanco y negro, El cinturón verde de Segovia, estudio pionero del arbolado local y fecundo en consecuencias que comenzaba así: “Perdonad que acuda a un recuerdo personal y nimio en el que se mezclan un día de verano, un grupo de viajeros bajados de un coche para contemplar la ciudad desde el Mirador del Terminillo y la exclamación: ¡Qué verdor! de uno de ellos”.

Luis Jesús Labrador Blanco. Panorámica de Segovia. Acuarela. 2026. Continúo aquel prefacio comenzado: “Pequeño, sí, pero no intrascendente pues me impresionó vivamente el hecho de que alguien, acaso influido por la aridez de las tierras que acababa de dejar atrás, percibiese como principal sensación al enfrentarse con el soberbio espectáculo que ofrece Segovia desde aquel mirador, la de mancha verde que presenta y, debido a ello, comencé a interesarme por nuestro arbolado…”. Como escribí una vez.
—
* Supernumerario de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce
porunasegoviamasverde.worpress.com
