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La provincia afronta una primavera “complicada” debido al incremento del polen

Según la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, está previsto que la temporada de alergias al polen se adelante este año y que sea “moderada-intensa” en Castilla y León

por S.G.H
30 de marzo de 2026
Las personas alérgicas deben extremar las precauciones al realizar actividades al aire libre. /KAMARERO

Las personas alérgicas deben extremar las precauciones al realizar actividades al aire libre. /KAMARERO

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La primavera de 2026 se perfila como una de las más complicadas para los alérgicos en los últimos años, también en provincias del interior como Segovia, donde las amplias zonas de cultivo y la influencia de la sierra favorecen la acumulación de polen. Tras un invierno especialmente lluvioso y un inicio de primavera con temperaturas en ascenso, los expertos hablan ya de una “tormenta perfecta” que favorecerá niveles elevados de polen en buena parte de España.
El patrón meteorológico explica buena parte del fenómeno. Las precipitaciones abundantes durante el otoño e invierno han favorecido el crecimiento de la vegetación, mientras que la subida de temperaturas en las últimas semanas está acelerando la floración. El resultado es una mayor producción y liberación de polen, que además puede prolongarse durante más tiempo de lo habitual. Aunque, según señalan desde la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), las lluvias puntuales pueden provocar el llamado “efecto lavado” y reducir temporalmente su presencia en el aire, el balance general apunta a una primavera intensa.

En el caso concreto de Segovia y su entorno, especialmente en zonas como el valle del Eresma o el entorno de la sierra de Guadarrama, donde las condiciones favorecen la acumulación de polen, el calendario será el habitual según las previsiones pero con mayor intensidad. El polen de árboles como los cipreses o los plátanos de sombra, marcan el inicio de la temporada, mientras que las gramíneas alcanzarán su pico un poco más tarde, entre mayo y junio, previsiblemente con más fuerza que otros años.

Las previsiones para el conjunto del centro peninsular, según la SEAIC, apuntan a una temporada de intensidad moderada a alta en lo que respecta a las gramíneas, con concentraciones que pueden oscilar entre los 1.000 y más de 5.000 granos por metro cúbico. Aunque no existen estimaciones específicas por provincias como Segovia, su ubicación y sus condiciones climáticas permiten anticipar un comportamiento similar, con episodios especialmente intensos en las semanas centrales de la primavera.

Los datos históricos ayudan a poner estas cifras en contexto. En Segovia, los niveles de polen pueden dispararse en pocas semanas y alcanzar picos muy elevados. En algunos días de la primavera pasada se superaron las 2.000 partículas por metro cúbico, cuatro veces por encima del umbral a partir del cual muchas personas comienzan a notar síntomas. Estas concentraciones se registran sobre todo entre finales de abril y junio, cuando coinciden varios tipos de polen en el aire y salir a la calle puede convertirse en un problema para la población alérgica.

No obstante, según el Registro Aerobiológico de Castilla y León, este año durante el mes de marzo ya se han producido las primeras concentraciones altas debido al polen de chopos y álamos, algo que los alérgicos de la provincia han empezado a notar: “en las últimas semanas no puedo salir de casa sin los antihistamínicos”, explica Mara Gutiérrez, vecina de Hontanares de Eresma. “El picor de ojos y la sensación de no poder respirar son constantes desde el momento que salgo de casa”, relata.

Plantas que vigilar

En Segovia, la primavera alérgica está marcada por varios tipos de polen que se suceden a lo largo de los meses y que, en muchos casos, llegan a coincidir. Entre los más relevantes destacan el plátano de sombra, las cupresáceas, de la familia de las coníferas, las gramíneas y, en menor medida, el olivo.
Según los datos de 2025 recopilados por Sacyl, el plátano de sombra suele protagonizar uno de los primeros episodios intensos de la temporada. Durante la pasada primavera, sus concentraciones alcanzaron picos cercanos a los 800 granos por metro cúbico en apenas unos días, reflejando un comportamiento muy brusco. Este tipo de polen se caracteriza por subidas rápidas y concentradas en el tiempo, lo que puede provocar un empeoramiento repentino de los síntomas.
Las cupresáceas, por su parte, marcan el arranque de la temporada incluso antes de la primavera. Aunque su mayor actividad se concentra en invierno, durante los primeros meses del año siguen registrando niveles significativos. En 2025, sus valores se mantuvieron en torno a los 300 granos por metro cúbico en distintos momentos, prolongando su impacto más allá de enero.

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Álamos y alisos son de los primeros en florecer y esparcir polen. /MARIO ANTÓN LOBO

En cambio, las gramíneas llegan más tarde, pero son las que más condicionan el desarrollo de la alergia. Su periodo de mayor actividad se sitúa habitualmente entre mayo y junio, cuando alcanzan picos elevados durante varios días consecutivos. La abundancia de campos de cereal en la provincia hace que además, tengan un papel especialmente relevante en el calendario alérgico segoviano. A diferencia de otros pólenes más puntuales, su presencia se mantiene en el tiempo, lo que prolonga los síntomas en buena parte de la población alérgica.

El olivo completa este calendario con un periodo de polinización más breve, generalmente a finales de abril o principios de mayo. Aunque su duración es menor, puede coincidir con otros pólenes en el aire y aumentar la intensidad de los episodios.
En conjunto, estos datos reflejan un patrón habitual en la provincia: una sucesión de picos que se encadenan desde el invierno hasta el inicio del verano. La evolución concreta de cada temporada depende en gran medida de factores como la lluvia o la temperatura, que pueden adelantar, retrasar o intensificar la presencia de polen en el aire.

Todo apunta, en definitiva, a una primavera más larga, más intensa y con mayor impacto en la calidad de vida de los pacientes alérgicos. En provincias del interior como Segovia, donde las condiciones favorecen la acumulación de polen, los expertos recomiendan anticiparse al inicio de los síntomas y seguir de cerca las previsiones diarias, especialmente durante las semanas centrales de la estación.

Los Jóvenes, los más afectados

Los especialistas coinciden en que la alergia al polen afecta con especial intensidad a la población joven, sobre todo a partir de la adolescencia y durante la etapa adulta temprana. Según datos del Ministerio de Sanidad de España, la prevalencia de la alergia respiratoria es más elevada en el grupo de entre 15 y 34 años, donde puede alcanzar entre el 15% y el 30% de la población, cifras superiores a las de otros tramos de edad.

En Castilla y León, esta tendencia también se refleja en la práctica clínica. Los servicios de alergología atienden cada año a numerosos pacientes jóvenes que, con la llegada de la primavera, ven agravados síntomas como los estornudos, el picor de ojos o la congestión nasal. En muchos casos, estos episodios se repiten cada temporada y pueden llegar a condicionar actividades cotidianas como el estudio, el trabajo o la práctica deportiva. “Tengo alergia a las gramíneas y justo coincide con el final de curso. Es difícil concentrarse cuando no paras de estornudar y te lloran los ojos”, explica Pablo, de 21 años y vecino de Turégano.
Los expertos apuntan a varios factores que explican esta mayor incidencia en edades tempranas. Por un lado, la mayor exposición al aire libre incrementa el contacto con el polen. Por otro, el sistema inmunológico tiende a reaccionar con mayor intensidad en estos grupos de edad. A ello se suma que muchas alergias se manifiestan por primera vez en la infancia o la adolescencia y se mantienen a lo largo de los años.

Todo ello hace que, cada primavera, sean los jóvenes quienes más acusen los efectos del aumento de polen en el aire. En provincias como Segovia, donde los niveles pueden alcanzar concentraciones elevadas en cuestión de días, el impacto de la alergia se traduce no solo en molestias físicas, sino también en una menor calidad de vida durante varias semanas.

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