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No puedo, tengo scouts

Los Scouts de Castilla y León celebran su asamblea anual en Segovia. Jóvenes de toda la Comunidad se reúnen para seguir profundizando en su vocación de servicio a la sociedad

por David San Juan
20 de marzo de 2026
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Aunque todos reconocemos a los scouts cuando vemos a grupos de niños y adolescentes con sus pañoletas al cuello, pocos saben explicar bien qué es eso del escultismo, un movimiento juvenil y una forma de estar en el mundo que tiene más de un siglo de historia y que sigue muy vivo en España y en Segovia. Una propuesta fresca, siempre actual, de educación en el tiempo libre basada en la convivencia y el contacto con la naturaleza.

Para conocer mejor esta realidad y la asamblea que este fin de semana se celebra en Segovia, hablamos con Jaime Gaspar, encargado de comunicación de Scouts de Castilla y León-MSC, y con Mateo San Juan, monitor del grupo Siete Picos de la ciudad. Dos jóvenes segovianos de 24 años, entusiastas y comprometidos, que apuestan a cara descubierta por esta forma de voluntariado.

Scouts de Castilla y León. Contadnos quiénes sois.

Somos todos los grupos que, en la Comunidad, pertenecemos a MSC (Movimiento Scout Católico), la asociación que coordina, promueve y da cobertura a nuestras actividades. No estamos solos: existen otras asociaciones y algunos grupos independientes con los que compartimos espíritu y metodología que funcionan por su cuenta, pero al final todos estamos en el mismo barco.

Actualmente, Scouts de Castilla y León-MSC lo conforman más de 2.000 chavales y 500 monitores adultos, un número modesto, pero en nada despreciable. En Segovia, existen dos grupos: La Ruta, con sede en la parroquia de la Resurrección del Señor, de Nueva Segovia, y Siete Picos, con sus locales en el colegio de los Maristas. En total, un centenar de niños en las distintas etapas de formación y unos 25 monitores.

Este fin de semana celebráis vuestra asamblea anual en Segovia.

Así es. Ya es la XXXVII. Cada año, celebramos el evento en una provincia distinta y esta vez toca en Segovia. La idea es juntarnos el mayor número posible de monitores de Castilla y León para tener un encuentro formativo y de convivencia. Y, por supuesto, para hacernos visibles en las calles. Esperamos ser unos 100 jóvenes, quizá más. El programa, además de la asamblea formal que tendrá lugar el domingo, incluye otras actividades como una plantación de árboles en el Pinarillo, ponencias de formación y celebraciones de carácter religioso y grupal en la tarde y noche del sábado. Es un programa intenso, pero lo pasaremos bien.

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La sede del encuentro es el Palacio Episcopal. Todo un lujo.

Desde luego. Hace unas semanas, nos dimos a conocer al obispo de Segovia, le presentamos el proyecto y no pudo ser más amable cediéndonos el espacio. ¿Dormir? En el suelo, no nos hace falta más para extender los sacos y las colchonetas, estamos acostumbrados a ello. También tendremos acceso a las salas que nos habiliten para celebrar nuestras reuniones. Estamos sinceramente agradecidos a don Jesús Vidal, el lugar es inmejorable.

¿Qué es el escultismo? ¿De qué va esto de ser scout?

El escultismo —explica Jaime— es una propuesta de educación «no formal», de educación en el tiempo libre, de educación en valores a través de la vida en grupo y el contacto con la naturaleza. También es un itinerario de crecimiento personal. El niño o el joven scout va practicando y haciendo suyas nociones como la generosidad, el compromiso, el esfuerzo, la alegría, el estar siempre pendiente de los demás y del entorno, el dar todo lo que puedas de ti en cada momento. Ser scout, como decía Baden Powell, el fundador del movimiento, consiste en dejar un mundo mejor del que nos encontramos. Y siempre con libertad, con respeto al proceso de crecimiento de cada cual. Pretendemos que los chicos sean los protagonistas de su propio aprendizaje, que cada uno desarrolle sus capacidades partiendo de sus propias inquietudes.

Para mí —tercia Mateo— lo mejor es estar siempre en contacto con los chavales, entregarte a ellos. Educas, ayudas, sí, pero también ellos sacan lo mejor de ti. Siempre descubres algo nuevo. El escultismo es una educación compartida, de doble sentido. Es una oportunidad para enseñar, para aprender y para seguir creciendo como persona. Los monitores nos sentimos unos privilegiados porque otros nos inculcaron estos valores y ahora nos toca a nosotros transmitirlos a los que vienen detrás.

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Todo esto requiere mucho tiempo y esfuerzo. ¿Qué es lo que lleva a jóvenes como vosotros a implicarse en este jaleo?

Es que lo hemos mamado desde pequeños —responde inmediatamente Jaime—. Somos gente inquieta, casi todos hemos colaborado con la red de voluntariado de Segovia y nos metemos en todos los fregados que hemos podido. Desde Autismo Segovia a organizar mercadillos solidarios, en mi caso. Donde creemos que podemos ser útiles, ahí vamos. Lo nuestro es una vocación de servicio. Y es que los scouts no vamos por libre: nos involucramos en el tejido social en la medida de nuestras posibilidades. Y, desde luego, ser monitor scout es un voluntariado apasionante, el fregado que más nos gusta.

Una forma de vida…

Desde luego —confirma Mateo—. Ser scout es una forma de vida que te hace feliz. A mí, lo que más me satisface es ver cómo van creciendo los chicos con lo que tú les van enseñando. Ver que toman tu ejemplo y que puedes ser una referencia para ellos. Esto es lo que más me llena, lo que me motiva a seguir metido en este fregado, como dice Jaime.

Es posible que la gente que no os conozca tenga esa imagen antigua de los Boy-Scouts como niños uniformados con camisa impecable, pantalón corto y un sombrero desproporcionado. Esto ya está superado, ¿no?

Es verdad —se ríen ambos—, las películas americanas pueden habernos hecho daño, pero la realidad es que después de más de un siglo de historia, hemos cambiado mucho; sólo hacemos que actualizarnos. Ni que decir tiene que nuestros grupos los conforman tanto chicos como chicas, claro está, y esto desde hace mucho tiempo, no es cosa de ahora: desde hace más de 50 años, MSC ya apostaba por la coeducación; los grupos y los campamentos mixtos era lo natural. Nuestro modelo pedagógico se ha ido adaptando a la sociedad. Los scouts no somos gente rara, estamos en el mundo. Hay que desterrar de una vez ese estereotipo de niños ñoños y atildados que se dedican a vender galletas, eso no tiene nada que ver con nosotros. Queremos que la gente nos vea como lo que somos: personas activas integradas en la sociedad y que buscan ayudar a los demás sin pedir nada a cambio.

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Habláis de educación, de pedagogía… ¿Cuál es el itinerario formativo de los monitores?

La formación es un proceso estructurado que nos tomamos muy en serio. Scouts de Castilla y León cuenta con una escuela habilitada para impartir cursos a los monitores, tanto a los que ya llevamos un tiempo como a los que se inician en esta aventura. Se parte de un curso básico y otro de profundización enfocados a la metodología scout y al acompañamiento al menor. Después, se ofrecen opciones de formación más avanzadas sobre aspectos pedagógicos y psicológicos. Además, siempre que tenemos oportunidad, profundizamos en asuntos concretos que nos interesan a todos. Por ejemplo, en esta Asamblea en Segovia, trataremos el tema de la salud mental. Si acompañamos a los chavales, hay que hacerlo desde el mayor rigor y de una manera integral. No se trata de salir al campo porque hace bueno ni de llenar la tarde del sábado de cualquier manera…

¿Cuáles son las mayores dificultades con que os encontráis para desarrollar vuestro trabajo?

Bueno, quieras que no, competimos con otras propuestas de ocio que a veces nos complican la agenda, pero todo llega a ser compatible, sobre todo si tenemos familias implicadas que creen en nuestra labor. Muchos de los padres que nos confían a sus hijos fueron scouts en su tiempo y eso se nota. Otra cosa es el necesario relevo de los monitores. Los scouts somos un movimiento juvenil y necesitamos una constante renovación. Aunque en ocasiones no sea fácil, lo cierto es que desde el Covid se nota un cierto empuje y hay chavales muy jóvenes que se animan a ser monitores.

Tema aparte es la burocracia, que puede convertirse en una pesadilla —confiesa Jaime—. Casi necesitas una asesoría jurídica para montar un campamento. Pero ya nos hemos acostumbrado y vamos salvando el laberinto de papeles con nuestros propios medios.

Scout una vez, scout toda la vida, decía Baden Powell. Ser scout marca.

¡Así es! —lo ratifican los dos jóvenes entre risas; se les ve felices—. Hay una frase que, entre nosotros, se ha convertido medio en broma, medio en serio, en una seña de identidad: «No puedo, tengo Scouts». ¡Cuántas veces se la decimos a familiares o amigos que les cuesta comprender que el compromiso scout está por encima de otros planes que surgen y coinciden en el tiempo, por muy sugestivos que puedan ser! Si hay una actividad con los chicos, si hay una salida al campo, si hay una reunión para preparar un campamento… no hay nada que hacer. Que no nos pregunten por qué, es así.

¿Ser scout marca? Marca, y tanto que marca. Los valores que te han inculcado y las experiencias que has vivido te van a acompañar siempre. Es imposible olvidarte de los que has sido. Ser scout forma el carácter.

Jaime y Mateo son muy jóvenes y no saben del acierto y la hondura de esta última reflexión. Se quedan cortos. El que esto escribe, la suscribe y rubrica con la perspectiva que dan ocho lustros de distancia…

Vísperas de vuestra asamblea. La gente os verá por las calles. ¿Qué queréis decirle a la sociedad segoviana?

No mucho, es mejor la presencia y el trabajo constante y callado. Que, dentro de nuestros modestos números, tenemos un peso en la ciudad, que movemos gente y que nos gustaría seguir creciendo porque esto merece la pena. Y que los scouts estamos siempre listos para lo que se nos necesite porque esa es nuestra vocación.

 

EL MOVIMIENTO SCOUT

Fue Baden Powell (1857-1941), caballero británico, quien, tras retirarse de la milicia, fundó en la primera década del siglo XX el movimiento Scout buscando el desarrollo integral de los jóvenes en sus vertientes física, mental, espiritual y social. El scout es (niño, joven, adulto) una persona comprometida con la paz, el cuidado de la naturaleza y las necesidades de los demás. La movilización de los grupos scout en situaciones de necesidad (catástrofes naturales, conflictos regionales, atención a personas vulnerables) es, aunque no acapare titulares, una realidad que dice mucho de esta forma de pensar el mundo. Es sólo un ejemplo de toda una labor educativa que apuesta por la camaradería, el trabajo en equipo y el crecimiento personal. Se estima que en el mundo hay 60 millones de scouts. En España, alrededor de 60.000, cifra a la que hay que sumar la de los monitores y voluntarios adultos que sostienen todo el edificio.

En su testamento, carta póstuma dirigida a los scouts de todo tiempo y lugar, Baden Powell les pedía —nos pide— que trabajaran por dejar un mundo mejor del que se encontraron. Esta frase se ha convertido, desde entonces, en el objetivo irrenunciable de todos los que gozosamente pertenecen a esta familia.

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