Los comerciantes son la esencia de la feria. Desde el siglo XVIII, cuando los borbones se paseaban por los jardines del flamante palacio de La Granja y cazaban a diestro y siniestro en los montes segovianos, los comerciantes acudían a Fuentepelayo en cuanto los fríos se relajaban para ofrecer sus mercaderías. Antaño eran las ovejas, la lana y su industria los protagonistas, también el ganado y los productos de la tierra se exhibían y mercadeaban en la localidad.
Hoy las nuevas generaciones toman el relevo, y los descendientes de aquellos comerciantes siguen desafiando las crisis, las inclemencias del tiempo y los vaivenes de la historia para plantar sus tiendas y vender sus productos.
Ildefonso Puente es miembro de una saga de comerciantes de maquinaria agrícola que lleva años acudiendo puntualmente a la Feria de El Ángel, Puente Agroindustrial. La maquinaria agroindustrial es el germen de la feria y para Ildefonso, “yo conozco la feria desde toda mi vida. Venimos por fidelidad y por tradición. En estas ferias, por la evolución del comercio y la situación actual del campo, que está de capa caída, a nosotros no nos aporta casi ninguna operación, no venimos por rentabilidad, sino por mantener la tradición que es importante para el pueblo”.
“Las máquinas que se exponen ahora -continúa Ildefonso- son muy caras y tienen mucha más tecnología que antes. Son aparatos interesantes de ver para el público que tenga curiosidad y son muy vistosas, pero nos cuesta más sacarlas a la calle, además, son más delicadas que las de antes. Estas máquinas rentabilizan mucho el trabajo, ahora se produce con más precisión y eficacia con ellas, y a la larga es una inversión que saca más rendimiento al trabajo, porque pueden costar desde 30.000 euros a 200.000 euros, pero a medio plazo se rentabiliza bien. Además, hay que contar que algunas ayudas se pueden utilizar para pagar estas máquinas, y nosotros tenemos líneas de crédito para ayudar a la financiación”.

Los clientes de Puente Agroindustrial son los agricultores y ganaderos de la provincia de Segovia que transmiten a Ildefonso sus inquietudes. “Los agricultores están apretados por varios frentes. Les preocupa el tema de Mercosur, porque van a tener que salir a competir en nuevos mercados con condiciones desfavorables. También ves que el precio de los cereales está al nivel de hace más de 30 años. Cada vez los insumos cuestan más y se paga menos por su producto. Los veo más deprimidos que otra cosa”, señala Puente.
Ildefonso es de Fuentepelayo, y saca a la feria su costosa maquinaria por fidelidad a su tierra y a sus gentes. Pero también hay quien viene de lejos a hacer negocio. Es el caso de Mónica del Amo Castro, de Aceitunas y Encurtidos Martín Castro. Del Amo también procede de una familia de comerciantes de varias generaciones, los Martín Castro, de Villaseca de Laciana, en León. El abuelo comenzó el negocio al cerrar la minería y se puso a vender aceitunas en Valladolid. En padre de Mónica es de San Cristóbal de Segovia, y la provincia y la zona de Madrid es donde desarrollan ahora su labor.
Son veteranos en la feria a la que llevan viniendo desde hace más de 15 años. “Estamos supercontentos. Nos va muy bien todos los años. Nos da igual que nieve, que se suspenda el espectáculo ecuestre, que llueva… la gente nos conoce desde hace muchos años y, por el producto, nos viene a buscar. Tenemos nuestras especialidades, como las brochetas con langostino y pulpo, con anchoa, con boquerón, de queso picante, de cecina, de salmón. Además, el ayuntamiento nos respeta todos los años un buen sitio, a la entrada del pabellón, nos trata muy bien”.
Mónica compra la aceituna en el sur, Murcia, Valencia, Sevilla… dependiendo de la variedad de la aceituna, y hacen casi todo el proceso ellos mismos, de manera artesanal. Llevan toda la semana preparando brochetas, gildas y otros productos que esperan vender durante el fin de semana de la feria. “Para nosotros esta feria es especial, nos gusta mucho Segovia y estuvimos mirando para comprar un local cerca del acueducto para abrir una tienda. Al final lo alquilaron para un bar”, reconoce Mónica que quiere seguir la tradición de sus antepasados y continuar acudiendo en el futuro cada año a la feria de El Ángel.
