El informe de LUDA Partners se escribe desde un escritorio en Madrid, pero la realidad del desabastecimiento se vive desde los mostradores. Lola Palomo Collazo está detrás del de la botica del número 41 de la calle José Zorrilla. “Hoy, no hay ningún medicamento que nos falte porque lo que se produce son desabastecimientos puntuales y ahora no hay ninguno, pero sí es verdad que en los últimos años las incidencias se repiten con más frecuencia. El ejemplo más claro es el Ozempic, un antidiabético que también se utiliza para la bajada de peso. La demanda cuando se autorizó fue muy alta y estuvo en desabastecimiento mucho tiempo. En casos como ese, nosotros buscamos soluciones alternativas, pero muchas veces no existen”, explica Palomo Collazo, que utiliza una herramienta similar a la de LUDA Partner para encontrar donde sí hay existencias. “FarmaHelp es una herramienta de la Organización Farmacéutica Colegial que nos ayuda a encontrar medicamentos de los que no disponemos y enviar allí a los clientes. Lo tenemos todas las farmacias de Segovia y de España”.
“Nuestro objetivo es dar una solución a los pacientes. Hay veces que podemos sustituir el medicamento porque la molécula es la misma y el sistema nos lo permite; no siempre es así porque también nosotros estamos muy limitados por las prescripciones de los médicos, obviamente. También podemos utilizar FarmaHelp para ponernos en contacto con otras farmacias, y si todo eso falla, le decimos al paciente que vuelva a su médico y que sea él quien busque una alternativa”, detalla Palomo Collazo, que asegura que también llaman a los laboratorios para saber cuándo podrán contar con un determinado medicamento para asesorar a los pacientes.
Un ejemplo. “Concerta es un medicamento para el trastorno por déficit de atención con hiperactividad que lo toman muchos niños para rendir en sus estudios y hubo una rotura de stock durante muchos meses. Venían los padres a la farmacia y nosotros tratábamos empatizar con ellos porque es una faena, pero lo que les decíamos es que hablaran con su médico porque era él quien podía ayudarles”.
“No damos Ozempic a personas que vengan con recetas privadas, solo a las que vengan desde la Seguridad Social. Es la manera de garantizar que llegue a los pacientes diabéticos”
A Lola Palomo no le consta que el desabastecimiento haya supuesto un problema de salud aserio algún paciente. “Siempre está la opción de acudir al médico para encontrar una solución”. Lo que sí ha tenido que hacer es priorizar pacientes. Y otra vez el protagonista es Ozempic. “Se generó una demanda muchísimo más alta de la que podía atender el laboratorio. Por un lado, estaban los diabéticos a los que le venía muy bien para controlarse el azúcar porque es un medicamento más potente que la mayoría de los que hay en el mercado; y por otro, estaba la gente que lo usaba para adelgazar. En mi farmacia no damos Ozempic a personas que vengan con recetas privadas, solo a las que vengan con prescripciones de la Seguridad Social. Es la manera de garantizar que llegue a los pacientes diabéticos”, explica Palomo Collazo. “El laboratorio, al final lo que hizo es sacar una alternativa más cara, Wegovy, que es la que nosotros ofrecemos a los pacientes que lo que realmente quieren es adelgazar”.
En su labor diaria de ayudar a los pacientes Lola Palomo echa de menos la coordinación entre médicos y farmaceúticos. “Sería ideal poder coordinarnos para este tipo de cosas, que el médico supiera en tiempo real qué fármaco puede o no puede prescribir. Un sistema como FarmaHelp en el que estuvieran incluidos los médicos evitaría muchas visitas innecesarias al centro de salud”, reflexiona.
“No podemos llamara la otra farmacia del pueblo porque no la hay”
Las consecuencias del desabastecimiento en una farmacia en el centro de Segovia son muy distintas de las que vive una botica en un pequeño municipio de la Campiña Segoviana de 251 habitantes como es Martín Muñoz de las Posadas. Allí, María Dolores Estévez Sánchez, además de con la falta de fármacos, tiene que lidiar con una clientela envejecida con la que tiene que usar la imaginación. “Aquí nos faltan medicamentos esenciales, sobre todo, para diabéticos, pero también para el colesterol y antidepresivos”. Nada nuevo. “Intentamos solucionarlo con genéricos, aquí no podemos llamar a la otra farmacia del pueblo porque no la hay. Tenemos que mandar a los pacientes a sitios más grandes como Arévalo para que se los den”.
A María Dolores Estévez los problemas le crecen cuando a un paciente le cambian la medicación porque la suya ya no llega o porque se la sustituyen por un genérico. “Los pacientes están acostumbrados a que el envase sea verde y la pastilla rosa. En cuanto cambias de laboratorio, la caja ya no es verde ni la pastilla rosa y complicas la vida al abuelo”. ¿Solución? “Le pongo las nuevas pastillas en el envase antiguo y evito problemas. Muchos no saben leer y solo se fijan en el color de la caja”, explica.
Otro problema viene derivado del propio tamaño de la farmacia de María Dolores. “Después de un desabastecimiento, no puedo pedir 40 envases, no me los dan porque en el sistema me salen uno o dos al mes. Después, cuando quiero volver a ‘cazarlo’, ya no hay”, se lamenta.
Los diabéticos de Martín Muñoz son los que más sufren el desabastecimiento. “Tienen que ir al médico para que les cambie la pauta porque cada insulina tiene una concentración distinta y hay que ajustar los tratamientos”.
Lo que no hay en Martín Muñoz son problemas con el Ozempic, al contrario, es una solución. “Aquí no lo gastaba nadie y yo lo cogía cuando podía para cambiarlo con una farmacia de Arévalo por medicamentos que yo necesitaba y no me llegaban. Una farmacia pequeña tiene que buscarse un poco la vida”, concluye María Dolores.
