Desde hace unos meses, está en boca de toda España un problema del que vienen adoleciendo desde hace muchos años una parte esencial en la estrategia socio-económica de cualquier país. Me refiero a las infraestructuras generales y su mantenimiento.
Los ingenieros que nos dedicamos a diseñarlas y luego construirlas y, posteriormente también a mantenerlas, vemos año tras año, cómo la gestión pública de esas infraestructuras generalmente se olvida que hay que mantenerlas para que perduren en el tiempo. Y no será porque los técnicos, nos hartamos de decirlo una y cien veces a quien tiene el poder de gestionar los dineros públicos.
En este caso del mantenimiento de las infraestructuras, da igual que sean grandes que pequeñas, del Estado o de un Ayuntamiento de pueblo, todos se olvidan del mantenimiento. Todos se apuntan a construir una detrás de otra, pero luego todos se olvidan de generar presupuesto anual ordinario y suficiente para el mantenimiento de las mismas. Que no sirve decir que como me ha llegado una subvención voy a invertir ese dinero en construir esto uno o esto otro, para no perder el dinero. ¡Que hay que pensar que luego hay que mantenerlo!
Hemos visto cómo grandes infraestructuras, como algún aeropuerto construido que luego no está funcionando, excepto para el vuelo de algún buitre o paloma del lugar. O carreteras que no tienen continuidad de una provincia a otra. Seguro que cada uno de ustedes recuerda alguna infraestructura que se construyó, y luego se ha abandonado a su suerte. Recuerdo un puente en un entorno precioso que diseñé y dirigí las obras, terminado como hace unos quince años aproximadamente. En la inauguración del puente, todo el mundo a hacerse la foto de rigor. Desde aquel día, no se ha empleado ni medio litro de barniz, o un solo clavo o tornillo para ajustar la barandilla o piso del mismo. Y el camino peatonal que lleva al puente, pues tres cuartos de lo mismo. Da pena andar por él y ver cómo se deteriora día tras día sin que nadie haga nada por arreglarlo y mantenerlo en un estado, al menos, decoroso.
En el resto de grandes infraestructuras pasa lo mismo. Qué decir del transporte terrestre en nuestro país. Las carreteras acumulan un déficit de presupuesto para su mantenimiento correcto que supera los 13.500 millones de euros, solamente en la red interurbana. Los pavimentos están en una situación, si no crítica, al menos, lamentable, donde el 94 % son actuaciones de rehabilitación de firmes existentes.
Y de la red de ferrocarriles… ni qué decir después de las muertes ocurridas recientemente. Recuerdo cómo a principios de los años 90 se estaban construyendo las primeras líneas del ferrocarril de alta velocidad en España, donde éramos punteros en tecnología y kilómetros de vía de alta velocidad a nivel mundial. Incluso se hacían excursiones desde las escuelas técnicas de ingeniería para ir a ver las obras del AVE a Sevilla o a Barcelona. ¿Dónde han quedado esos días?
Como una terrible premonición, en el último número de la revista CIMBRA de diciembre de 2025, puse en la portada una fotografía de dos trenes AVEs en una estación de ferrocarril con la pregunta: España ¿A la vanguardia del transporte terrestre? Unas semanas más tarde, ocurrió el terrible accidente en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla.
Y de las infraestructuras hidráulicas qué podemos decir, sobre el abandono casi total de cientos y cientos de presas y azudes por toda la geografía española. Es cierto que España es uno de los países con más presas del mundo, y con todo y eso, aún existen regiones del país con un terrible déficit de capacidad de almacenamiento de agua. La interconexión de las cuencas en un país es la mayor estrategia de gestión hídrica que puede tener, siendo una infraestructura esencial y de interés general, sobre todo en países con zonas con escasez de recursos hídricos o deficitarias, donde tienen a su vez cuencas hidrográficas excedentarias de recursos hídricos.
Muchos de nosotros, tras décadas de escasa inversión en infraestructuras hidráulicas, venimos comentando en distintos foros, que estos sistemas críticos se están quedando fuera de servicio por diversos motivos, algunos por acumulación de sedimentos, otros por problemas geotécnicos y otros por roturas o porque han quedado inservibles los mecanismos electromecánicos. Por ejemplo: los desagües de fondo son esenciales para la seguridad, y permiten evacuar agua en emergencias, controlar sedimentos y realizar mantenimientos. (Fotografía 1)

Según diversos organismos y foros, existe un déficit aproximado de inversión de 400 millones de euros anuales para las presas clasificadas como Categoría A (que son las que su ruptura afectaría gravemente a la población). La tecnología existe. Las soluciones están disponibles. Sólo falta actuar antes de que sea tarde aportando inversión en la explotación y mantenimiento de las presas en España.
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Se estima, que se requiere una inversión de 103.824 millones de euros en los próximos 10 años para seguridad y adaptación al cambio climático. Hay que tener en cuenta que estamos inmersos en un cambio climático, que ha generado modificaciones en la pluviometría del planeta. Solamente tenemos que ver lo que ha pasado en este inicio de año con un tren de borrascas que han puesto en jaque a todo el país. Infinidad de ríos que están sin regular han dado problemas graves, y otros muchos que tienen algún tipo de presa, en muchos casos no se ha podido regular y laminar las avenidas, unas veces por la escasa capacidad de regulación del embalse, y otras, por tener los sistemas de alivio rotos o fuera de uso por la falta de mantenimiento. En definitiva, una gestión hidrológicamente hablando pésima, o por una causa o por la otra.
Y quién tiene la culpa de todo esto, pues un poco todos. Unos por tener el poder para gestionar de manera correcta, dotando presupuestariamente el mantenimiento de las infraestructuras en su medida adecuada; y otros, el resto de los ciudadanos, por poner en esos puestos de poder decisorio a quien año tras año se olvida del mantenimiento de las infraestructuras esenciales para un país, comunidad autónoma, provincia o municipio.
Luego nos acordamos de esto cuando ocurre una desgracia, y buscamos al culpable, y seguimos oyendo año tras año: “La culpa la tiene el técnico”, ese técnico que año tras año le dice al político. “Necesito más presupuesto para mantenimiento”.
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(*) Dr. Ingeniero de Caminos e Ingeniero Técnico de Obras Públicas.
