El tránsito pacífico de la dictadura a la democracia está siempre plagado de equívocos y retos. El caso de Venezuela es especialmente complejo porque aspira a que los usurpadores del poder se autodisuelvan ellos mismos. Una virguería política de este calibre sólo se puede intentar si se cuenta con una voluntad popular monolítica, un liderazgo democrático firme y, sobre todo, si la operación la dirige una superpotencia con el ejército más poderoso del mundo que considera que así salvaguarda su seguridad nacional. Que parte de los usurpadores se quede al mando en esta etapa llamada de “estabilización”, eleva a niveles estratosféricos la complejidad de la transición democrática en Venezuela.
Sin embargo, hay equívocos que sí podemos evitar la gente de pie. Tendemos a interpretar como arrepentimiento cualquier paso de un tirano en la buena dirección. No hay que hacerse ilusiones: la historia demuestra que los dictadores no se arrepienten. El hermano de Delcy, Jorge Rodríguez, quien es una mezcla de Rasputín con Goebbels y Anibal Lecter según quienes le conocen, ahora pide perdón y presenta una ley de amnistía que deja por fuera a María Corina Machado, al presidente electo Edmundo González Urrutia, junto a jueces, fiscales, militares, policías y demás autoridades encarceladas, torturadas y exiladas. Esa ley inconstitucional hay que aprovecharla y sacar de la cárcel, si es que sirve para eso, al mayor número de secuestrados posible sin dejar de exigir que liberen a los demás. Ya habrá tiempo para anular esa y otras leyes.
Los chavistas estabilizadores están haciendo lo de siempre, pero con matices. Sí, siguen reprimiendo, pero ahora tienen que ir excarcelando a algunos secuestrados; sí, administran, pero ahora no puede robárselo todo; sí, están al mando, pero ahora tienen al secretario de estado norteamericano Marco Rubio por encima y, sobre todo, ahora ya no son los cubanos los que dirigen a quienes figuran al mando. El yugo cubano ha caído definitivamente y esto es lo más trascendental que ha sucedido con la detención de Maduro. Las comunicaciones entre Caracas y la Habana están prácticamente rotas y cientos de mercenarios cubanos están saliendo repatriados todos los días desde el aeropuerto de Maiquetía: llegaron a ser 60.000.
El descabezamiento del cartel criminal trasnacional que ha gobernado Venezuela ha desconcertado a muchos. El ministro español José Manuel Albares ha pedido el levantamiento de las sanciones de la UE contra la dictadora encargada Delcy Rodríguez con el argumento de hacerle contrapeso a EE.UU. desde Europa. El gobierno de España se ha extralimitado en su apoyo a la torticera estabilización de los hermanos Rodríguez: los españoles excarcelados son los únicos del mundo (fuera de Venezuela) que tienen restringida su libertad de expresión. Ha sido gracias a los excarcelados de otras nacionalidades que hemos conocido la “tortura por dentro”, una novedosa técnica de tortura chavista que consiste en entubamientos con sondas nasales, anales y genitales realizados por médicos encapuchados. Roció San Miguel, española y directora de Control Ciudadano, ONG que vela por los derechos humanos de los militares, así como todos los excarcelados con ella, recibieron en el mismo aeropuerto de Barajas la “recomendación” de no dar declaraciones apenas aterrizar, cosa que han obedecido hasta ahora. Habrá tiempo para aclarar esta clara extensión de la jurisdicción chavista en territorio español que viola la Constitución Española vigente.
El mercadeo de carne humana lo aprendió el chavismo venezolano del castrismo cubano y el sanchismo español se ha acabado mezclando por acciones como la de Barajas y las coacciones al presidente electo en la embajada en Caracas. El terrorismo de estado chavista se ha vuelto sumamente sofisticado. Ahora, diferentes tipos de secuestros sirven para diferentes crisis. Los presos más “valiosos” son activistas, periodistas, líderes, funcionarios, militares y policías díscolos, pero también “sirven” los extranjeros de diversas nacionalidades y los inocentes son incluso “muy útiles”, pues los castigados sin razón alguna intimidan como sólo puede hacerlo la locura. La gente común se aterra si se reprime a gente común. Maduro, el día siguiente de las elecciones del 28J, secuestró al azar a más de 2000 personas y las metió en la cárcel. En pocas horas 25 fueron asesinados por los llamados colectivos que controla Diosdado Cabello: todo, para quedarse en el poder habiéndolo perdido en las urnas. No es probable que juzguen a Maduro en Nueva York por estos hechos pues su causa allí es por narcoterrorismo. Lo mismo le sucede a Diosdado, actual ministro del interior del gobierno de estabilización, pues se acaba de convertir en el presunto narcoterrorista más buscado del mundo tras la reciente captura y muerte de “El Mencho”.
Llamar presos políticos a ciudadanos que jamás han estado en política es tan perverso como llamar “inmigrantes” a los 9 millones de venezolanos que han huido de un país secuestrado. Los cálculos son que el 70% de los desterrados venezolanos volverán a su patria tras la liberación. Esa perspectiva aterra a los hermanos Rodríguez y sus cómplices, porque saben que los retornados se sumarán a los que demostraron su repudio a la dictadura el 28J y que juntos superan con creces el 90% del pueblo venezolano. La democracia es inevitable en Venezuela por más complicado que sea llegar finalmente a unas elecciones libres, porque la valentía, la alegría y la libertad siempre han estado vivas en el corazón de su pueblo, es parte de la identidad nacional venezolana.