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Un segoviano de hierro

por Redacción
9 de enero de 2016
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Juan Barbudo es un atleta segoviano que consiguió clasificarse el pasado año para la prueba que todos los adeptos al Iron Man quieren disputar, el Iron Man de Hawaii que se celebrará el próximo diez de octubre en Kailua-Kona, el más importante y antiguo de los que se celebran a nivel mundial. El segoviano lo consiguió en el Iron Man de Mallorca. Dentro de su categoría, clasificó para la prueba de Hawaii en sexta posición “por delante de atletas profesionales que se dedican exclusivamente a esto. Eso te da un buen empujón a nivel anímico” asegura el corredor con una sonrisa en la boca.

“Empecé con 16 años impulsado por algunos de los grandes atletas de nuestra ciudad como José Carlos Casado, Fernando Useros y Miguel Ángel González Marinas, que en aquellos tiempos siempre animaban a la gente de nuestra edad a interesarse por este deporte y estuve compitiendo con el club ADAL en mis inicios”.

A sus 39 años, Barbudo ha conseguido el que era “mi objetivo desde que empecé con el triatlón; siempre he querido disputar la prueba de Hawaii”. Pero Barbudo no ha terminado dedicándose profesionalmente al atletismo, ya que estudió Magisterio en Educación Física y posteriormente se preparó y aprobó las oposiciones de bombero. Actualmente ejerce su profesión en Madrid, mientras compagina los grandes entrenamientos que conllevan su gran pasión.

Una vez tenía su plaza como bombero decidió intensificar su entrenamiento de triatleta, y también consiguió participar en las Olimpiadas de Bomberos en Nueva York, “y aprovechando este hecho, y como siempre había querido disputar el Iron Man de Hawaii, decidí pasar unos días por allí para conocer el recorrido y el lugar. Las condiciones climáticas son extremadamente duras. El calor que suele hacer es muy fuerte y también hay un grado de humedad alto. He estado en otros Iron Man como el de Mallorca en los que hacía bastante calor, pero nada comparado con lo de Hawaii” asegura el triatleta.

La conversación con Barbudo se torna más seria cuando se le pregunta por la situación de su deporte, las ayudas que recibe, y las becas y promociones que existen en el triatlón. “Cuando yo empecé a practicar este deporte, prácticamente no había ayudas para los triatletas. Era un deporte muy minoritario, nuestra federación estaba integrada entonces en la Federación de Péntatlon Moderno. Ahora el triatlón ya tiene su propia federación, y la práctica y el interés de la gente por practicarlo y seguirlo ha aumentado mucho. Los jóvenes que salen ahora sí que pueden disponer de algunas becas y ayudas y conseguir algún sponsor es también más fácil que antes”.

Sin embargo el triatleta que ha conseguido clasificarse para una prueba de relumbrón, perteneciente al campeonato del mundo y la más importante de su disciplina asegura que “en mi caso no tengo ningún tipo de ayuda. A las becas del Ayuntamiento no he podido optar porque ahora estoy empadronado en San Cristóbal. Además a las de la Diputación no me enteré de que se podían solicitar hasta una vez finalizado el plazo”, por lo que Barbudo no solo tendrá que correr con todos los gastos que conlleva la prueba, teniendo que asumir algunos tan elevados como son la inscripción (cerca de 900 euros), un vuelo transatlántico hasta Hawaii y la estancia durante al menos diez días, ya que la diferencia horaria y el durísimo clima le obliga a irse unos días antes, para poder estar aclimatado cuando llegue la carrera.

“Tenga ayudas o no, lo voy a hacer porque es una gran ilusión para mí, pero seguro que tendré que rascarme el bolsillo (risas). Además Hawaii es un lugar vacacional para los norteamericanos, por lo que los alojamientos son bastante caros y tendré que viajar para allá con alguien que me acompañe” explica el deportista. Hasta tal punto llega esta carencia de ayudas que Juan Barbudo tiene que pagar por utilizar las instalaciones públicas: “Entiendo que las subvenciones siempre se suelan destinar a los jóvenes y a la gente que tiene una carrera larga por delante, porque así también me sucedió a mí, pero creo que acudiendo a una prueba como ésta, al menos me podían dejar entrar en la piscina para entrenar” asegura el triatleta entre risas, aunque la situación más que para reír parezca para llorar.

Para una prueba de esta dureza, en la que los competidores tienen que recorrer 3,86 kilómetros nadando, 180 kilómetros en bicicleta y 42,2 kilómetros de carrera a pie, la preparación tiene una dureza extrema. “Antes preparaba los Iron Man nueve meses antes de celebrar la prueba, pero luego empecé a darme cuenta de que las últimas semanas se me hacían muy duras y eso podía restar rendimiento en la prueba. Ahora la preparación la hago en períodos de seis meses, en los que realizo entrenamientos simultáneos de las tres actividades, aunque dependiendo de la época puedes centrarlo más al ciclismo, a la natación o a la carrera. Por ejemplo cuando estoy preparando más la parte de bicicleta, los entrenamientos pueden estar más o menos rondando las cinco horas diarias, haciendo unas treinta horas semanales de entrenamiento”.

Además de compatibilizar estas duras jornadas de entrenamiento con su oficio, el segoviano tiene que seguir una dieta rica en hidratos y baja en grasas, aunque también explica que una de las claves de esta prueba “es controlar las comidas durante la misma y no intentar hacer sobreesfuerzos, pese a que te veas muy bien durante una parte del recorrido, porque luego eso se acaba pagando a posteriori siempre”.

Juan asegura no tener un segmento preferido, “intento trabajar los tres por igual” y reconoce que “marcarse una estrategia en este tipo de pruebas para un deportista como yo puede tener un doble filo. Tú sabes que ritmo te puedes marcar y si intentas tirar para abrir distancia con otro competidor o para recortarla, puede ser un sobreesfuerzo que luego te pase factura. Esta prueba es una lucha personal constante contra ti mismo, y siempre conociendo tus capacidades y llegando hasta donde te permiten las mismas” explica.

El segoviano se ha marcado un objetivo, pero haciendo saber que no se lo toma como algo imprescindible, sino más bien como un anhelo, y sabedor de que las condiciones climáticas de dicha prueba influirán en gran medida en el desarrollo de la misma: “Aunque sé que es un reto ambicioso, me gustaría bajar de las nueve horas en total” reconoce Barbudo, que también destaca que “el hecho de participar y estar en la prueba en la que llevo pensando desde que empecé ya es cumplir el objetivo”.

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