Durante el pasado fin de semana se ha celebrado en Migueláñez la fiesta de la Cruz de Mayo.
Esta fiesta se celebraba antiguamente en este municipio el 3 de mayo, en plena primavera, aprovechando la belleza del campo en esta época, y, después de los actos religiosos todos iban de merienda al campo a tomar la tortilla y la tanganilla (pequeña longaniza de la matanza) que se reservaba para esa fecha.
Con el paso del tiempo la celebración religiosa se fue perdiendo, si bien la tortilla figuraba en el menú de los más viejos. Al respecto, recuerdo con nostalgia, como mis padres tomaban siempre la tortilla esa tarde. Primero iban de merienda al Berrueco (cerro cercano al pueblo), luego algo más cerca, a las eras, y años después al borde del camino de salida del pueblo, y por último, cuando los achaques y la edad les impedía la movilidad, recuerdo como mi padre decía: “Mujer, anímate, venga, vamos a comer la tortilla al patio que es la Cruz”.
El pueblo, como otros tantos de nuestra Castilla, ha ido a menos en cuanto al número de habitantes, pero esta celebración gracias al entusiasmo de los vecinos se ha recuperado en plenitud.
Pues bien, hace años se recuperó la tradición de pedir viandas por las casas con las antiguas coplillas tradicionales, para después celebrar una merienda popular en el parque de Peñamora. Cada año se bate el récord de gente y de tamaño de las tortillas; este año varias de 75 huevos. A esto se unen revueltos de espárragos trigueros del lugar, embutidos, fiambres y todo ello regado de buen vino. Se echó la noche, por cierto fría, pero fue alumbrada con una gran hoguera que sirvió para asar más productos de la matanza así como para combatir el frío. Todo fue armonía, alegría y unión que es lo que engrandece a los pueblos pequeños. Todos compartimos esta espléndida merienda y aunque hubo muchos visitantes nadie se sintió forastero.
Este año, con mucho esfuerzo e ilusión del vecindario, se ha logrado restaurar la ermita del Cristo de las Cinco Llagas, de lo que todo el pueblo se siente orgulloso. Respecto a esto podemos decir más que nunca que la unión hace la fuerza, y gracias a ello se ha logrado algo que aunque parezca sencillo es un hito para un pueblo tan pequeño: restaurar la vieja ermita en peligro de derrumbe, y lograr que luzca la belleza de sus paredes originales de piedra y su artesonado de madera.
En la procesión de Viernes Santo se dejó en esta ermita el Cristo, y este domingo, 1 de mayo, se ha oficiado allí la misa venerándose la reliquia del Lignum Crucis que según documentación de 1423 se conserva en nuestra parroquia. Posteriormente fue el traslado procesional de la Cruz y de la reliquia citada a la iglesia, siendo numerosos los vecinos que, como el Viernes Santo, lucían la capa española. Por cierto, a este respecto se puede afirmar que este municipio es uno en los que más capas existen y se lucen, en relación al número de habitantes.
Con las celebraciones festivas de este tipo se cultiva el espíritu de unión, esfuerzo, ayuda y alegría compartida, y eso ha sido en el pasado y deseamos que sea en el futuro el signo que caracterice a nuestro pueblo de Migueláñez.