La selección española cumplió ayer con el trámite que suponía su tercer choque en el Mundial y goleó sin miramientos a una débil Australia en lo que fue el último encuentro ‘tranquilo’ para los de Valero Rivera, que ahora deberán verse las caras con Hungría y Croacia, sus dos máximos rivales para el primer puesto en el Grupo D.
Como había anticipado en la víspera el seleccionador, el duelo sirvió para dosificar fuerzas y dar minutos a los menos habituales. Así, Antonio García y Montoro tuvieron mucho protagonismo tanto en defensa como en ataque, mientras que Ruesga, casi inédito en el campeonato, también brilló. Por el contrario, ni Alberto Entrerríos ni Julen Aginagalde estuvieron sobre la cancha.
Australia aguantó poco más de siete minutos en el encuentro. España salió con cierto relajamiento defensivo, y eso lo aprovecharon Fletcher y Mouncey, el primero curiosamente en las alineaciones situado como pivote, pero jugando de central-lateral, para mandar en el marcador. Además, Latinovic firmaba un par de paradas que mantenían la emoción.
Pero en cuanto Valero Rivera Junior puso por delante a la anfitriona (4-3), las enormes diferencias entre ambos combinados se pusieron de manifiesto. Un parcial de 13-1 para el actual bronce mundialista (16-4) acabó con la historia del choque. El equipo oceánico, incapaz de jugar con los extremos y con un carrusel de pérdidas que permitió al combinado nacional hacer hasta 10 contragolpes. Tampoco le funcionó cierta dureza para frenar la sangría al descanso y acabar con un marcador sonrojante (24-6).
El descanso no cambió nada en la Caja Mágica y los cuatro primeros lanzamientos australianos fueron bloqueados por el ‘muro’ patrio, una muestra de su escaso potencial exterior de un bloque ‘amateur’ y con escasa experiencia internacional en muchos de sus jugadores.
Pese a los esfuerzos del joven Karlsson en la portería, España, liderado por un inspirado Valero Rivera Jr, finalmente con minutos pese a haber acabado contracturado el choque ante Egipto, endosó de inicio un 10-0 demoledor. Australia tardó más de 13 minutos en hacer un gol (casi 20 con el acumulado de la primera parte), ovacionado por los asistentes, y no pudo evitar recibir la mayor goleada del campeonato.
