Ramón Escobar, del Partido Popular, era el alcalde de Segovia; Atilano Soto, el presidente de la Diputación Provincial; y Juan José Lucas, el de la Junta de Castilla y León. Los Duques de Palma de Mallorca, hoy en las noticias por asuntos muy distintos, se habían casado unos meses antes en Barcelona y decenas de personas se acercaron a saludarles; algunos estudiantes hasta le corearon a Iñaki Urdangarín el ‘Campeones, campeones’ por el triunfo conseguido días atrás por su entonces club, el Barcelona, en la Copa de Europa de balonmano.
El 28 de abril de 1998, en un proyecto personal de otra figura que hoy tampoco atraviesa su mejor momento, Atilano Soto, Segovia se abría a la modernidad con la inauguración del primer museo que Castilla y León dedicaba de manera específica al arte contemporáneo; el MUSAC de León, posteriormente referencia regional en la materia, aún tardaría siete largos años en ser una realidad.
La obra
Según describían al día siguiente las páginas de EL ADELANTADO, que dedicó a la inauguración del museo cuatro planas, además de buena parte de la primera página, la inauguración contó con más de medio millar de invitados, aunque inicialmente se había cursado invitación a más de mil personas; ya se contaba que, al ser un martes por la mañana, muchos de ellos no podrían asistir. Todos pudieron ver, cierto que con algunas apreturas, aquella primera exposición, deslumbrante, de las 146 pinturas, dibujos, collages, grabados y toys que Vicente y su esposa habían donado al museo que, desde entonces, perpetúa el nombre del artista, cuyas cenizas reposan en el jardín, junto a las de su esposa.
Pleno de energía aún a sus 95 años, el artista, protagonizó buena parte de la jornada, con sus vehementes explicaciones a los Duques de Palma, a los que Harriet Vicente encontró, como manifestó de manera espontánea, “muy guapos”.
