Hoy es Fiesta en Cuéllar, y allí a todos nos han convocado, los de la Tierra, del Carracillo y del Páramo, a los de Valladolid y a los de Segovia y también los de Madrid que antaño era un gran Sexmo segoviano; vienen los de Peñafiel, los de Íscar van llegando, los de Coca y Cantalejo, de Arévalo y los Olmedanos, de Medina y Carbonero, también vienen de La Granja y cómo no, llegando están los Naveros, todos a la Fiesta de los Toros, de la Virgen del Rosario.
Ya retumba la dulzaina, ya retumba el tamboril y hasta el Castillo se «aúpa» que quiere verlos venir: quizá una dama cautiva se ha asomado a la atalaya…bajan ya por el Terrero los toros y caballeros y entre ellos va su amor que quiere entrar el primero.
Las torres silencian sus campanas al oír tanto jaleo; se clausuran las iglesias y ¡cómo no! los conventos: Santiago y San Andrés, San Miguel y el Salvador, Santo Tomé y La Cuesta, San Pedro y Santa Marina, Trinitarios, Franciscanos, los Basilios, las Clarisas, las de Santa Ana, también las Concepcionistas, todos hacen procesión de alegría y nerviosismo buscando las sus «barreras» para asistir al magno acontecimiento.
Las viejas casonas rezuman en sus cimientos la presencia de sus tan nobles ancestros, los Velázquez y los Rojas, los Herrera con los Ruiz, los Daza con Hinestrosas, y los Corral de Arellano, los Bazán y los Ayala, y los curas del Cabildo sus estrados ocupando, sienten propio el alborozo del pueblo que canta y baila esperando ya a los toros… El mudéjar ladrillero de San Esteban, de rojo ya es colorado porque se siente torero con los mozos cuellaranos, y las Plazas se engalanan cual mozas entusiasmadas por ser las más admiradas: la del Salvador y al lado, la de la Cruz, la del Campo y la del Pan, San Gil y la del Estudio con San Andrés van llegando, mas una se ve apenada por recordar otros tiempos en que, bellamente acicalada, recibía los novillos con toda su algarabía, las capeas y tablados, los bailes y los corridos y los fuegos de artificio: es la «Mayor» resignada que abrazando a sus hermanas, se lanza hacia el Encierro alegre y emocionada; y allí donde los olmos lucían verdes pasados, las modernas construcciones abren francos sus balcones esperando a los novillos que ya están por los pinares…; los que esperan en la curva de la Resina comentando la «Salida» del encierro en los «Corrales», apuran un «aguardiente con pastas» que es gélida la frescura del agosto mañanero y hay que entrar bien en calor por si se tercia la cosa… y correr luego el Encierro.
