Hay victorias que solo son tres puntos, y otras que, sumando lo mismo, representan mucho más en el aspecto moral. La que logró ayer la Gimnástica Segoviana en La Albuera frente al Burgos Promesas 2000 es de las segundas. Porque un encuentro en el todos los pronósticos señalaban un triunfo, que podía ser incluso cómodo del equipo azulgrana, se convirtió en una trampa para los de Santi Sedano, obligados a remar contracorriente después de que en el minuto 8 de partido Facundo se equivocara y provocara un penalti, y su expulsión tras un balón colgado que no supo coger.
La suerte fue que Pablo, tan frío que tardó dos minutos en salir del banquillo vestido de portero, se puso en modo microondas para rechazar el penalti lanzado por Erik, y le dio la oportunidad a su equipo de intentar ganar, que no remontar, el partido con un jugador menos. Que no era empresa baladí, porque el Burgos Promesas 2000 había saltado al campo con una cierta ambición, sacando petróleo de cada acción de balón parado, y con dos jugadores de banda como Raúl y Marti, haciendo gala de su gran velocidad.
Pero el conjunto burgalés cometió un error de bulto en el encuentro, como fue el de no presionar la salida del balón azulgrana. El equipo dirigido por Pechu se dedicó simplemente a guardar su posición, presionando de verdad en muy pocas ocasiones. Y eso, ante un equipo de la calidad del gimnástico, es simplemente un suicidio deportivo.
La Segoviana, que en el poco tiempo que estuvo once contra once vio claro que su oponente no le apretaba en defensa, continuó moviendo el balón con paciencia, buscando los espacios que poco a poco fueron apareciendo. Ricar, el único jugador con verdadera vocación ofensiva en los locales después de que Quique tuviera que dejar su sitio en el campo por la expulsión de Facundo, se encontró totalmente solo con la portería vacía después de una gran acción de Rubén. Pero el delantero local se aturulló, y falló lo que no suele fallar un “9”, protestando después un claro penalti que el colegiado no quiso ver.
(Inciso: El árbitro, Hernández Cifuentes, acertó de pleno en el penalti señalado en contra de la Segoviana, y casi hubiera tenido una buena actuación, si no hubiera sido porque se comió dos penas máximas en el área visitante, la anteriormente narrada y otra por un claro agarrón a Dani Arribas en la segunda parte, además de fiarse de un asistente tan desacertado al señalar los fueras de juego, como absolutamente centrado en escuchar desde la lejanía lo que se le podía decir desde el banquillo azulgrana. Si se quiere evitar la violencia en el fútbol, habrá que comenzar por no provocar a nadie con estupideces tales como avisar a un árbitro porque el entrenador local ha preguntado qué es lo que pasa, inventándose otra frase para conseguir que se expulse al técnico. Así de simple).
Pese a jugar con uno menos, la Segoviana niveló el partido hasta convertirse en dominador del juego, pese a que sus ocasiones de gol fueran lógicamente escasas, y terminaran con el balón lejos de la portería visitante.
Tan mal lo veía el técnico visitante, que en el descanso cambió a dos de sus jugadores, intentando que su equipo tuviera algo más de mordiente. Pero la ambición le duró exactamente cinco minutos al Promesas, que en ningún momento se creyó que pudiera doblegar a la Segoviana, ni siquiera cuando Pablo tuvo que emplearse a fondo para desviar a córner un remate desde el pico del área grande de Guille.
Con el paso de los minutos, el problema para la Segoviana podía venir por el plano físico, ya que tanto Ricar como Calleja comenzaban a dar síntomas de cansancio, más claros en el segundo que en el primero, que sabe cómo dosificar sus carreras, y dar las justas para llevar peligro. El delantero centro azulgrana no tuvo su día en el remate, eso es indudable, pero una acción suya contribuyó a poner el partido en igualdad numérica, forzando una absurda falta de Jairo en la banda que dejó al equipo visitante con diez, y 20 minutos aún por disputarse.
Era el momento de la Segoviana, aunque el cansancio pesaba lo suyo, y la velocidad en las acciones de contragolpe era muy difícil de encontrar. Aún así, el equipo azulgrana tiene tablas suficientes como para saber buscar su oportunidad, y con muchísima paciencia, fue generando una ocasión, primero a balón parado, después con un par de remates desde al frontal,y más tarde con varios envíos en profundidad que se quedaron en nada por obra y gracia del señor del banderín, hasta que, a dos minutos para el final, se produjo una falta sobre un jugador gimnástico en el centro del campo.
Cuando todos esperaban que un Anel imperial en defensa llegara al área custodiado por un Chema igual de excelso, lo que pasó fue que Roberto vio a Alex solo en la frontal, y le pasó el balón ante la sorpresa de unos jugadores visitantes despistadísimos, que dejaron abierto el pasillo para que el defensa gimnástico encarara al portero Dani, y le superara con calidad. La lógica explosión de júbilo dio paso a la ovación para el esfuerzo que realizó la Segoviana para lograr una victoria de conjunto grande que solo son tres puntos. Pero esta clase de victorias hacen crecer a un equipo.