Reunir los textos de los viajeros que han escrito del Acueducto de Segovia es una labor que no se había hecho hasta ahora. Y a esa tarea se dedicaron durante casi dos años el arqueólogo Cesáreo Pérez y el filólogo Luis Antonio Arroyo. “Nos dimos cuenta —explica el primero— que resultaba muy difícil entender el Acueducto sin haber leído la documentación que había generado a lo largo de su historia, así que empezamos a recoger esa información, que estaba muy dispersa”.
Fruto de su trabajo recopilatorio, acaba de salir a la luz “El Acueducto de Segovia. Viajes, viajeros y algo de arqueología”, editado por el Instituto de Estudios Pisoraca y IE Universidad. En la obra, que a partir de ahora será de obligada consulta para quienes quieran acercarse al Acueducto, se recogen 105 textos, en su mayoría de viajeros que estuvieron de visita o de paso por la ciudad de Segovia, y se detuvieron a hablar sobre el monumento. En el apéndice del libro se incluyen, además, 26 textos que tratan del Acueducto, pero que fueron escritos no estrictamente por viajeros, sino por historiadores, filólogos, científicos…
La primera mención al Acueducto en un libro de viajes aparece en la relación del ‘ Viaje del noble bohemio León de Rosmithal de Blatna por España y Portugal (1465 a 1467)’. Curiosamente, en ese texto ya se atribuye su construcción al diablo.
El resto de viajeros que pasaron por Segovia en los siglos XV y XVI ofrecieron “una notable disparidad informativa” sobre el Acueducto. Luego, el siglo XVI es escaso en relatos de viajes por tierras segovianas. Bastante más rico se revela el XVIII, particularmente en su segunda mitad.
Los autores dieciochescos, tras contemplar el monumento, escriben sobre un buen número de detalles del mismo. Así, intentan anotar las dimensiones de las piedras, precisar el número de arcos o aportar las medidas del conjunto. Además, empiezan a expresar la belleza de su contemplación, advirtiendo que es, a la vez, sólido y ligero, y lamentan que las casas construidas junto al Acueducto lo afeen.
Del siglo XIX, edad de oro de los libros de viajes, Pérez y Arroyo han descubierto un avalancha de descripciones, en la que se aprecia una nueva percepción del monumento. En esta centuria se reivindica el trabajo realizado por fray Juan de Escobedo y se observa, por vez primera, de los daños que pueden hacer las plantas que nacen entre las piedras.
En el siglo XX se da la circunstancia de que el número de textos escritos por autores extranjeros es inferior al de autores españoles, algo que no había pasado hasta esa centuria. “Como rasgo novedoso, en la primera mitad de siglo aparece el interés por describir el ambiente popular del Azoguejo”, escriben Pérez y Arroyo.
Además de la recopilación de textos, el libro se completa con un capítulo de arqueología sobre el Acueducto, otro de bibliografía, y breves resúmenes en alemán y japonés del contenido de la obra.
En cualquier caso, Pérez y Arroyo no quieren dar por cerrado su trabajo. “Hemos dejado al menos 15 viajeros sin incluir, por falta de espacio”, afirma el arqueólogo, dejando abierta la puerta a una posible continuidad de la obra.
