Son las que una docena de jóvenes de Castilla y León han conseguido, tras un gran trabajo intelectual, al poder participar en la edición 2011 de la Ruta Quetzal BBVA y que hoy, con un no menor esfuerzo físico, están a punto de culminar.
Han sido dos intensas semanas recorriendo tierras peruanas y otras tres pateando el norte de España, con traslados a bordo del buque de asalto anfibio Castilla de la Armada Española, las que están a punto de culminar. Tras recibir el día 16 el saludo de los Príncipes de España en Marín y desembarcar en Lisboa, la concluyeron ayer en Trujillo en un homenaje a la cuna de Pizarro y Francisco de Orellana.
Los expedicionarios de nuestra región han sumado doce. Dos de ellos, no mucho mayores y en calidad de monitores son Juan I. Pieras, de Ávila y Javier Pérez Martín, de Salamanca. De los diez participantes dos eran de Valladolid: Marina Sanz y Álvaro Cuéllar. Álvaro, un buen intérprete de saxofón y componente de la improvisada orquesta de la Ruta que nos deleitó con un brillante concierto final, expresa una idea bastante generalizada entre sus compañeros, cree que “la experiencia le ha cambiado la forma de ver las cosas y el orden de algunas prioridades”. También ahora tiene más claro que “estudiará algo relacionado con las ciencias y que le permita moverse por el mundo”.
La embajada segoviana la han desempeñado Ignacio González Herrero y Daniel Callejo. Nacho, futuro estudiante de Derecho y al que otros hermanos precedieron en la experiencia, obtuvo su plaza con un brillante trabajo literario sobre Francisco de Orellana. Vuelve “encantado del compañerismo que ha encontrado”. A Daniel “le han impactado las desigualdades sociales que ha visto en Perú”, pero viene “entusiasmado de conocer gente nueva”. Aspira a convertirse en arquitecto o hacer una ingeniería informática.
Burgos aportó cuatro participantes: Paula Escudero, Fernando Gil, Ángela Pérez Calleja a la que le “ha entusiasmado Perú” y se muestra “encantada de repetir la Ruta otro año si fuese posible” y Marina Torío, que ha compartido tienda con una sevillana y una paraguaya “a partir de ahora grandes amigas” y a la que la aventura le ha enseñado “a vivir en grupo con generosidad y a tener una visión mas amplia de las cosas”.
León ha estado representado por Ana García de Paz, una posible futura médico, que vuelve “maravillada de la acogida entusiasta y generosa de los peruanos” y ratificada en su idea “del error que supone juzgar a la gente por su apariencia”.
Por último Salamanca ha tenido también un único participante Marco Hernández, un chico extraordinariamente maduro y aficionado a la música que se ganó el puesto con un alabado trabajo musical sobre las danzas de los Andes. Afirma haber aprendido lo que es “la solidaridad con la gente que no pertenece a tu grupo” y cree, y en esto coincide con otros muchos, que “la Ruta constituirá para todos un vínculo para siempre”.
Pues, bienvenidos a casa.