Tras toda una vida dedicado al periodismo, especializándose en temas tan áridos y delicados como el Islam chií, las organizaciones de inteligencia y las armas nucleares, Rafael Fraguas de Pablo ha elegido a Dionisio Ridruejo y su tránsito intelectual de ideólogo de la dictadura a defensor de la libertad como eje temático de su primera novela «Gritad Concordia», que ayer fue presentada en la sede de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce en un acto organizado por la Fundación HAIAC.
Arropado por el académico de San Quirce José Montero Padilla, el secretario general de la Cámara de Comercio Rafael Aznar y el gerente de la Fundación HAIAC, José Manuel Tamayo, Fraguas expuso ante un nutrido auditorio las líneas maestras de un trabajo literario en la que pretende descubrir en clave de ficción el secreto de los cambios ideológicos experimentados por el intelectual vinculado a la falange que dirigió el aparato propagandístico del bando de Franco durante la Guerra Civil, y a su regreso tras combatir en la División Azul, se transformó en uno de los más críticos opositores al régimen franquista.
Fraguas aseguró que Ridruejo «ha sido en sí mismo el paradigma de las dos Españas y el emblema de una tercera España de reconciliación y de concordia por la que combatió con audacia, generosidad y valentía», y destacó como principales características de su personalidad su «sensibilidad, su audacia y su sentido autocrítico». Además, aseguró que «fue un poeta excelente y su concepción de la belleza se formó aquí, en Segovia y me parece muy singular la mixtura que en su persona se da entre política y literatura, rasgo éste que también intentó adoptar una parte de mi generación y de la suya».
El periodista asegura que en el actual momento político «es cada vez más difícil acreditar la concordia, pese a ser un elemento crucial de toda política, en cualquier situación. Así lo percibió Ridruejo, como lo percibieron también personas procedentes del comunismo, como aquel renombrado dulzainero segoviano, Agapito Marazuela, a quien conoció aquí».
«Recuerdo que un libro de otra personalidad muy vinculada a Segovia, José María Gil Robles, llevaba por título «No fue posible la paz», en relación a los prolegómenos de la Guerra Civil. Me da la impresión de que muchos españoles y españolas se plantean, también hoy, la misma negativa que entonces; y más que como novelista, como ciudadano quisiera reivindicar la necesidad de dirimir las enormes contradicciones que España vuelve a plantearse de una manera civilizada, democrática y pacífica como preconizó Ridruejo. El diálogo siempre es posible. La paz y la justicia, también. Aún estamos a tiempo», aseguró Fraguas.
También destacó la estrecha vinculación de Ridruejo con Castilla y León y de forma especial con Segovia, donde «la atmósfera, la luz, las piedras milenarias, el carácter enterizo de sus gentes y la brisa que acaricia sus sierras y pinares, troquelaron la sensibilidad del poeta Ridruejo, un castellano universal educado en Segovia». Además, puso de manifiesto la «influencia ética» que ejerció Antonio Machado, al que conoció como profesor en el instituto de Segovia con tan sólo 10 años y al que «pugnó vehemente y valientemente por rehabilitarlo» tras acabar la Guerra Civil y pese a su alineamiento con el bando republicano.
