Si existe un denominador común en todos los deportes, ese es que los números mandan. Para bien o para mal, son las cifras las que diferencian entre el todo o la nada, más allá de las sensaciones. Y esto ocurre también en el deporte rey. Hasta ahora, la Gimnástica Segoviana podía presumir de tener una nota de sobresaliente. Más allá del estilo de juego o de los sistemas tácticos, las estadísticas de la primera vuelta respaldaban al equipo dirigido por Iñaki Bea. Sin discusión.
El problema surge cuando esos números comienzan a flaquear, y es precisamente en esa situación en la que se encuentra ahora la Segoviana. Con el paso de las jornadas, el equipo azulgrana no ha dado síntomas de mejora; al contrario, se ha caído. Su última derrota, ante el Burgos Promesas en Castañares, evidencia la fragilidad defensiva del conjunto y deja sensaciones poco optimistas, como si algo se hubiera roto.
Desde la perspectiva de la clasificación, la situación no es crítica. Hace dos meses, la Segoviana lideraba la tabla con cuatro puntos de ventaja; ahora se encuentra en tercera posición, a tres puntos del Deportivo Fabril, que ocupa el primer puesto, y un punto por detrás del Oviedo Vetusta. Sin embargo, el colchón de puntos logrado se ha ido diluyendo, y el equipo, antes fiable gracias a los resultados, ahora muestra signos de vulnerabilidad. En los últimos seis partidos, ha cosechado dos victorias, tres derrotas y un empate, un balance que ha encendido las alarmas en la parroquia gimnástica.
Otro punto preocupante es el rendimiento lejos de La Albuera. Como visitante, la Segoviana ha demostrado ser un equipo vulnerable, incapaz de levantarse ante cualquier golpe y con carencias defensivas significativas. Prueba de ello son sus tres últimos desplazamientos ante Bergantiños, Oviedo Vetusta y Burgos Promesas, en los que ha encajado tres goles en cada encuentro, un total de nueve tantos que evidencian la pérdida de solidez atrás. “Un equipo que quiere estar arriba no se lo puede permitir”, reconoció el propio Iñaki Bea antes del duelo en Castañares. Volvió a hundirse.
Así, la Segoviana se encuentra en una situación de alerta. Hace apenas dos meses, pese a un juego similar al actual, nadie podía reprocharle nada porque los números la respaldaban. Hoy, esos registros ya no acompañan y la sensación es que el equipo, en vez de avanzar, parece retroceder. Ahora, sin tiempo que perder, el equipo gimnástico regresará a La Albuera, su refugio, donde aún se mantiene invicta y desde donde intentará salir del bache. Este domingo recibirá la visita del Rayo Cantabria, una oportunidad de oro para sanar la herida y, además de volver a sonreír con una victoria, recuperar unas sensaciones que, a día de hoy, generan más dudas que certezas.
