Pregunta.— ¿Qué le ha llevado a dedicar los dos conciertos que ofrece este fin de semana en Segovia, dentro del ciclo “Titirimundi en otoño” a tres “libertarios” como Léo Ferré, Agustín García Calvo y Chicho Sánchez Ferlosio?.
Respuesta. — Quería ofrecer un recital distinto a los que he dado aquí anteriormente. A cada uno de estos tres poetas le he dedicado un disco monográfico: “Vida de artista”, “Canciones y soliloquios” y “Hasta otro día, Chicho”. Pretendo que sea un recital ameno y coherente, como un ramo de rosas silvestres. Eso me gustaría.
P.— ¿Qué destacaría de la poesía de cada uno de ellos?
R.— Son tres librepensadores. Se trata de una poesía preñada de pensamiento. Una poesía lúcida, crítica, comprometida. De Chicho destacaría el desparpajo y su gracia innata: “Pa la sangre la vida, pa Dios la muerte”. De Agustín, la riqueza verbal y rítmica, la arquitectura de cada poema: “Libre te quiero”. Y de Léo Ferré lo caudaloso y arrebatado de su canto: “Los violines que lloran las ruinas futuras”.
P.—¿Qué mensajes de estos poetas quiere transmitir al público?
R.— Dejemos que la canción se pose y resuene en cada uno a su manera, libremente. Los versos son esporas.
P.— Llama la atención la reiteración con la que un cantautor como usted musicaliza obras de poetas. ¿Qué le empuja a tomar esa decisión?.
R.— Bueno, fue Paco Ibáñez quien me enseñó hace muchos años que la poesía es un arma cargada de futuro. Un arma y un alma. También una caricia. Desde entonces, la poesía, propia o ajena, es el material o el barro con que modelo mi canto. Una copa para dar de beber a tu hermano, que decía don Antonio Machado.
P.— Los compositores de música actual parecen estar muy alejados de los poetas contemporáneos. ¿Está empobreciendo ese distanciamiento a la música?
R.— No lo sé. No es mi caso, desde luego. Porque lo mismo canto las cantigas de los primeros trovadores galego-portugueses o del romancero que a los místicos del Siglo de Oro y a los poetas que están vivos y coleando. De todos modos, los clásicos son siempre jóvenes y contemporáneos. Puede que los viejos seamos nosotros.
P.—¿Cree que el poeta, en el mundo de hoy, tiene un papel cada vez más residual?
R.— Un residuo… ¿radiactivo?. No hay que fiarse de las apariencias. La poesía es levadura, semilla antes que fruto. Todas las cosas tienen su misterio y la poesía es el alma de cada cosa. Nos mueve el misterio.
P.— La música de los cantautores comprometidos, ¿pasó a mejor vida, está latente o resurgirá?
R.— La música, la poesía, el canto, en definitiva, cuanto más enraizado y comprometido con su tiempo y lugar, mejor. Para mí es cuando tiene sentido. Palabra en el tiempo. Estos tres libertarios son buena prueba de ello. Quien vaya a La Cárcel podrá comprobarlo.
P.— El fenómeno de la globalización, ¿está homogeneizando la música popular?
R.— Pues sí. El canto popular, aquella música anónima creada y recreada por el pueblo murió con Agapito Marazuela. Incluso antes, bastante antes. Ahora casi todo suena en inglés, usted me dirá. En nuestro país, parece que tan sólo el flamenco sigue vivo, que ha sabido evolucionar sin perder hondura, sin perder la esencia.
P.— A Amancio Prada, ¿qué es lo que hoy le impulsa a seguir componiendo y actuando?
R.—Es que para mí cantar es como respirar, mi forma de estar en el mundo. Algo vocacional. Y lo que me anima es la conciencia y la constancia de seguir aprendiendo. Imagino lo que hago mejor de lo que soy capaz de hacerlo. Esa frustración me mueve.Sigo en ese empeño.
P.— Hoy en día, ¿qué le inspira de la ciudad de Segovia?
R.— Bueno, Segovia para mí está llena de recuerdos. Tenga en cuenta que fueron cinco años en esta ciudad, calle de Refitolería, número 1, 2º izquierda. Un palomar precioso: espacio, luz y silencio. Me vine de París a Segovia porque me enamoré de la ciudad, de su aire, de la luz… Yo no tenía aquí ningún pariente, ningún amigo, ninguna novia… No conocía a nadie. Luego sí, en esos cinco años tuve de todo. Y compuse muchas canciones, muchas. Canciones de Amor y Celda, Lelia Doura… Canciones que sigo cantando. Aquí estrené el ‘Cántico de San Juan de la Cruz’… Pero no siento nostalgia, porque lo que aquí viví sigue vivo. Me gustaría dar las gracias cantando.
P.— Finalmente, una última pregunta ¿puede una canción cambiar el mundo?
R.— Un poema, una película, una canción no puede cambiar el mundo. Pero puede cambiar tu mundo. Algo es algo.
