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por Redacción
8 de junio de 2015
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A la Segoviana, en La Albuera, se la dan de cine los equipos que quieren jugar al fútbol, incluso en las fases de ascenso en las que la constante suele ser la de mucho balón por el aire, y mucho jugador rodando por el suelo. El Calahorra quiso ganar en Segovia tratando bien al balón, y se llevó tres. Ayer, el Laredo mostró hechuras de buen equipo, pero se marchó con un 1-0 en contra que bien pudo ser algo mayor si la puntería local hubiera sido la de dos semanas antes. Pero tampoco es cuestión de pedir el cien por cien de efectividad, que aunque también vistan de azulgrana, los que cobran millones por meter goles juegan unos cientos de kilómetros más al norte, y estarán todavía festejando la Champions.

Con sus defectos y sus virtudes, la Segoviana de Santi Sedano es un equipo que tiene las cosas clarísimas cuando juega como local, aunque en la tarde de ayer el técnico se empeñara en confundir a propios y extraños dejando a Quique en el banquillo y situando a Ricar en la punta del ataque, volcando a Dani Arribas a la banda derecha, curiosamente por la que el equipo azulgrana atacó durante los primeros diez minutos de partido, en los que el Laredo apostó por esperar en lugar de apretar la salida del balón de su oponente.

Con Calleja y Miguel tratando de aprovechar los espacios que se quedaban a la espalda de los delanteros, puesto que la defensa visitante apenas superaba en pocos metros la frontal de su área, la Segoviana se negaba a rifar la pelota, aunque ello implicara recibir algún que otro susto, como el que, en el minuto 23 de partido, puso el corazón en un puño a los aficionados, después de que Bubu se plantara solo ante Pablo, que rechazó su lanzamiento en gran intervención.

Poco a poco el cuadro visitante fue asentándose en su presión, y la Segoviana pasó un tramo intermedio de primera parte con más agobios, por más que Pablo ya no tuviera que intervenir más hasta faltando un minuto para el descanso, desviando en el primer palo un remate acrobático de Vinatea tras un centro desde la banda derecha. El Laredo, con el propio Vinatea y Del Olmo fabricando el fútbol, obligaba a los de casa a recular, y a echar de menos algo más de contundencia en sus pivotes defensivos.

Pero a falta de fuerza sin el balón, la apuesta por tenerlo se convirtió en la mejor defensa para los azulgranas, que en la montaña rusa del partido, les tocó venirse arriba superada la media hora, tras un cabezazo de Dani que sacó Santi cuando el remate ya había superado al guardameta, al que siguió la acción más clara de los locales, en un remate de Manu que se marchó cruzado en exceso después de que el mediocentro local se hubiera fabricado una gran jugada para acabar solo dentro del área visitante. Alex y Rubén quisieron sumarse a la fiesta con sus lanzamientos que tampoco encontraron el marco de David.

En la segunda parte, la Segoviana se encontró con un aliado en su intento de lograr un marcador positivo, porque al Laredo se le comenzó a hacer largo el partido por el calor, y largo el campo de La Albuera por sus dimensiones. Así, la propuesta cántabra pasó más por intentar desactivar el juego local, que por inquietar a un Pablo segurísimo por alto, porque por abajo apenas tuvo que intervenir.

Manu, que fue creciendo en el partido hasta convertirse en un gigante, tuvo en sus botas el 1-0, pero su lanzamiento desde la frontal se marchó fuera cuando media grada cantaba el tanto, y los aficionados del Laredo, cerca de dos centenares, se echaban las manos a la cabeza. Fue la única ocasión de gol que llevarse a la boca en más de veinte minutos, porque el partido se adentró en la espesura de los balones divididos, las pérdidas de tiempo, y las sustituciones, que no vinieron a aclarar mucho las cosas.

Pero, al igual que el General Invierno destrozó a las tropas alemanas en Rusia durante la Segunda Guerra Mundial, el calor fue colocando en el límite a los jugadores visitantes en el tramo final del encuentro. Todos los choques dejaban el balón en los pies de los jugadores de la Segoviana, al que la entrada en el campo de Quique, Alfonso y Dani Lázaro dotó de una frescura difícil de igualar en el lado visitante.

Aún así, y después de un cabezazo de Alex que detuvo David en una acción de lo más meritoria, el Laredo tuvo la oportunidad de poner la eliminatoria muy a su favor, después de una pérdida de balón azulgrana, que dejó a Camino la oportunidad de meterse dentro del área local con el balón controlado. Pero al delantero cántabro, con casi todo a favor, se le apagó la luz, y chutó todo lo desviado que se puede chutar a escasos seis metros de una portería.

Esa acción fue el preludio de un sprint final de la Segoviana absolutamente exagerado para las alturas del partido en la que se encontraban ambos conjuntos. Dani Lázaro cabeceó al larguero una falta bien botada desde cerca del área grande, y Quique se empeñó en demostrar que tenía más recorrido por su banda que los escasos diez minutos que tuvo, con un par de acciones peligrosas que tuvieron su culminación en el 87, cuando un envío suyo desde la banda no encontró una respuesta contundente en el portero visitante, que en el calentamiento sufrió un problema en el cuello que le afectó noventa minutos más tarde, ya que en lugar de blocar el balón, lo dejó manso en la cabeza de Dani Arribas, que solo tuvo que empujarlo a la red.

El lógico delirio en la grada no amainó en el tiempo de prolongación, con el Laredo intentando aprovechar las acciones a balón parado, pero sin lograr conectar un solo remate. La Segoviana se llevó una justa victoria, y habrá que ver si en el campo de San Lorenzo puede aguantar a un oponente que mostró hechuras, pero no puntería. Y en un play off, la falta de acierto es el único pecado que no se puede cometer.

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Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda

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