Un año más, el pueblo de Sanchonuño ha disfrutado del mercado medieval. Esta iniciativa se realiza desde hace algunos años y dado el éxito de la misma, los habitantes se animan a llenar una parte del pueblo con motivos medievales que recuerdan a la época de castillos, princesas y juglares.
El mercado medieval se celebró en años anteriores en la plaza de la localidad, pero dada la afluencia de público que se acercaba a formar parte del mismo, esta edición, los puestos se instalaron en el parque junto a la piscina; un lugar apartado del centro, rodeado de árboles y por tanto con la sombra necesaria para que los visitantes pudieran disfrutar de la oferta sin tener que preocuparse por el calor que asola la provincia estos días.
La feria medieval estaba formada por distintos puestos con una oferta muy variada; unos estaban dedicados a la comida, otros a la ropa e incluso había algunos con causa social, como es el caso del puesto que vendía artículos realizados por miembros de Apadefim o el que representaba a la asociación ELA.
El grupo de vendedores, comerciantes y artesanos lo componían tanto habitantes del pueblo, como representantes de otras procedencias en su mayoría Valladolid y Galicia. Entre los muchos gallegos que expusieron sus productos, llamó la atención y tuvo una gran aceptación, el stand de pulpo ubicado en la parte central del mercado.
El día “fuerte” del fin de semana fue el primero, el sábado, en el que los habitantes de Sanchonuño y los visitantes pudieron disfrutar de una jornada en la que no faltaron actividades gastronómicas, huevos fritos con pan, a cambio de un euro, música tradicional, pasacalles y danzas, que envolvieron los puestos del mercado; maquillaje medieval y por supuesto espectáculos de fuego para ambientar de la mejor manera posible esta iniciativa temática. Para el segundo y último día, el mercado continuó incansable, y puso a disposición del público desde pendientes y collares, a ‘babis’ para el colegio de los niños, además de la actuación de tres trovadores que hicieron más amena la tarde del domingo, día en el que se clausuró el mercado medieval a las once de la noche.