Cincuenta años cumple el Torreón de Lozoya con su infatigable labor cultural. De sus muros cubiertos de historia han colgado auténticas joyas artísticas, un verdadero regalo para los sentidos gracias a las diferentes exposiciones realizadas a lo largo de los años. Es un templo sagrado de la cultura segoviana que debe seguir regalando al espectador otros tantos más.
Este 2023 abre sus salas con la exposición “Tipos y Trajes del vestir segoviano. Estampas e ilustraciones de los siglos XVIII al XX”, que podemos visitar hasta el 9 de abril. Es una exposición para repetir y perdernos tantas veces queramos entre las 340 piezas que conforman este itinerario de la indumentaria y el costumbrismo visto por pintores, grabadores e ilustradores que reflejan otros tiempos, en los

que tanto el hombre y la mujer segoviana se van a terminar convirtiendo en los protagonistas de la publicidad de la época, luciendo al estilo del país. Una motivación para los coleccionistas, que van a reunir piezas de lo más variopinto aquí reunidas en una amplia exposición.
La imagen del cartel que nos recibe a las puertas del Torreón, ya nos invita a entrar y más a los amantes de la indumentaria tradicional, pues esa figura de la mujer segoviana es de sobra conocida. Una litografía que se va a realizar en Paris en 1842 y que otros van a tomar como modelo para incorporar a sus obras. Traspasamos la puerta y accedemos a la exposición, dejando atrás el siglo XXI para sumergirnos en un periodo de tiempo donde personajes decimonónicos van a mantenerse hasta bien entrado el siglo XX, siguiendo los estilos del momento.
Comenzamos nuestro paseo en solitario y -como no podía ser de otra manera- con los grabados de Calcografía Nacional realizados en 1825 por Juan Carra

fa que representan a dos labradores de tierras de Segovia. A ella la vemos con su montera, prenda que lucían las aldeanas, pero que hoy en día ha quedado como símbolo de poder y autoridad para la Alcaldesa. A él le vemos igualmente con una montera masculina y el llamado coleto. Son unas estampas costumbristas muy del gusto de esta época y desde la visión del romanticismo. En la vitrina hay otros grabados como muchos que iremos encontrando por el camino, pero unos destellos plateados nos hacen girar: una prenda ha tomado color y se ha materializado ante nosotros entre los diferentes documentos gráficos. Se trata de una montera femenina de las denominadas “de Apóstoles”, decorada con talcos que han perdido su colorido, quedando el color plateado del propio material.
Esta carta de presentación ya nos hace intuir la calidad que vamos a disfrutar a lo largo de toda la exposición,

así que tendemos por inercia a seguir descubriendo más y con entusiasmo. No hace falta esperar, solo es cuestión de darse la vuelta y comienza una sucesión de grabados enmarcados de vistas de Segovia y provincia donde sus aldeanos quedan plasmados por los diferentes autores. Como quien busca a Wally, centramos nuestro ojo para ver esa indumentaria tradicional con las que vestían. No podemos dejar de mencionar a los “Aldeanos de los alrededores de Segovia”, grabado sacado del libro del Baron de Taylor en 1832. Nuevamente ella y ellos con sus respectivas monteras y ellos con el coleto. Espero que con este tipo de ejemplos quede claro que a la mujer segoviana se la representa en la mayor parte de grabados e ilustraciones con la montera, pues era una prenda más, y

ya sabemos por Avrial (en 1839) que a las Alcaldesas se las distinguía por el color del paño de sus manteos y la vara de justicia. También él se va a hacer presente en las vitrinas de esta exposición, así que hay que estar ojo avizor.
Hay que destacar una excepcional escultura que trasladan de la exposición perm
anente del Torreón a estas salas. Se trata de “Anciana orante” de Florentino del Pilar en 1927. Esta talla de madera representa a una mujer, cubierta, como señal de recogimiento, con una mantilla de casco y un rosario entre sus manos. Si acudimos a las fotografías del francés Jean Laurent que retrata a las parejas que acuden a la boda de Alfonso XII, hay una que nos hace recordar a esta mujer, además es u

na auténtica celebridad en Turégano, su pueblo. Se trata Cecilia Pastor, nodriza de la infanta Cristina, hija de Isabel II. Si las comparamos, sabemos de dónde ha venido la inspiración del artista y esa mantilla, confeccionada en Palacio, es la prenda inconfundible que la caracteriza y que aún conservo a día de hoy, gracias a mi madre. Esto de inspirarse en la misma modelo, fotografía u otro trabajo entre unos artistas y otros va a ser algo muy común y que podemos tomar como un juego durante nuestro trayecto. Igualmente pasará con una de las hijas de esta nodriza fotografiada por Laurent que será portada de la revista La Esfera en 1917 publicitando una conocida marca de jabón en sus manos.
Como si fuera un camino de baldosas amarillas de camino a Oz, nos encontramos dos exponentes de la pintura costumbrista realizadas por el pincel y la mano de Eduardo Chicharro Agüera. Una Alcaldesa entronizada, casi en majestad, como si su composición se tratara de un pantocrátor, mira fijamente al espectador que contempla sin

lugar a dudas a una Alcaldesa y no a una aldeana como las que vimos anteriormente, pues muestra sus atributos de poder. Esta obra está realizada en 1930 y el Torreón la ha rescatado de sus fondos, pero en la colección permanente hay otra obra del pintor realizada en 1948 y que han traído a esta muestra. Se trata de “Alcaldesa de Zamarramala” donde ya comenzamos a ver la figura de la Alcaldesa como representación típica de la mujer segoviana.
Y entre grabados, revistas, postales, calendarios, discos, naipes, banderines y un sinfín de soportes donde la imagen de los segovianos se hace patente, encontramos algunas prendas que

se entremezclan con este arsenal de documentación. Desde Arcones han abierto sus arcas para hacer llegar a esta exposición
prendas de sus antepasados. Igual pasa con Olombrada, que tan buenos recuerdos me trae por haber participado en sus “Noches al Fresco” donde pude ver el ejemplar impresionante de justillo que conservan, como lo denomina Fernanda Campos y López al cuerpo cuando carece de mangas. Pero no se queda atrás el jubón de Hontalbilla, que parece sacado del que lleva la mujer en el grabado “Una Churra en traje de fiesta yendo al baile” y que también pod

emos ver.
Para despedir nuestro paseo, lo hacemos en la última de las salas donde podemos volver a nuestra infancia con los muñecos vestidos de segovianos. De terracota, de celuloide, de tipo boudoir, o aquellos que realizaban las delicadas manos de las monjas en su clausura y que te dejaban ver a través de la tornera, entre ellos estas Alcaldesas.
Cruzamos el patio del Torreón retomando nuevamente el siglo XXI con una sonrisa y pensando … hay que repetir.
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