Señor director:
Con fecha 4 de diciembre de 2021, en Decreto de la Junta de Castilla y León, autoriza las matanzas domiciliarias de sacrificio de cerdos hasta el 3 de abril del presente año, mediante el correspondiente análisis veterinario, para proceder a su consumo, una vez obtenido el resultado favorable.
La matanza en los pueblos, era una de las fiestas más tradicionales y que formaba parte del vivir del pueblo y que está grabada en el corazón y en su esencia como colectividad, porque era esencia misma de su realidad vital.
Esto explica que a pesar de que nuestra realidad social y cultural hayan cambiado, las matanzas se hayan salvado del olvido y formen como tal, parte de nuestras tradiciones, de nuestro folklore, de nuestra gastronomía y de nuestras señas de identidad, como pueblo.
Cierto es que las matanzas particulares caen un 85% en Castilla y León, pero han aumentado otro tanto o más, en las asociaciones, peñas, bares, municipios y pueblos como Carbonero el Mayor, Mozoncillo, Fuentepelayo, Navalmanzano, etc., y otros más pequeños con carácter general, como Escarabajosa de Cabezas, Yanguas de Eresma, Tabanera la Luenga, todos ellos en sentido solidario, dándose la circunstancia de que en este último pueblo, con escasos 50 habitantes censado, se dieron cita mas de 200 comensales en la última matanza.
El cerdo en nuestra comarca (según nuestros padres y abuelos) era un animal criado con buenos y sanos alimentos a lo largo de todo el año, en todas y cada una de las casas, era la víctima destinada al sacrificio para el sustento de una familia, mediante sus sabrosos y variados productos; jamones, chorizos, tocinos, panceta, la morcilla, los lomos, las patas, morros, orejas, el rabo… y todo lo demás, pues como dice el popular cocinero “del cerdo gusta todo, hasta los andares”.
Su sacrificio era todo un rito y una fiesta. El acontecimiento reunía a todos los parientes y vecinos, los hombres sacrificaban el animal y las mujeres se afanaban en recuperar las primicias que se iban ofreciendo y la chiquillería jugaba y alborotaban por todas partes, esperando la vejiga para inflar la zambomba.
¡Qué trajín, qué algarabía, qué explosión de júbilo, de vitalidad, convivencia, alegría y fiesta!
Y después el primer festín, las patatas con sangre e hígado, siguiendo con ‘sumarros’, chicharrones, y todo ello regado con un buen vino. Bromas y más bromas, risas y animada charla, sin olvidar el juego de cartas, la brisca.
Repito, esto explica, que a pesar de ello nuestra realidad social y cultural haya cambiado, las matanzas se hayan salvado del olvido, ya que hoy día es tan popular, que son los propios jóvenes los que la celebran con verdadera satisfacción, entusiasmo y alegría.
Constancio Ballesteros Matute
