Repasando los apuntes del diálogo que ayer mantuvieron la activista camboyana Somaly Mam, Premio Príncipe de Asturias en 1998, y la periodista Ana Pastor, podría dar la impresión equivocada de que esta mujer, que de niña fue obligada a ejercer la prostitución en su país, se ha convertido en una santa o en una simple.
Para comprender su casi constante referencia al amor, el perdón, la confianza… ofreció claves en su discurso; casi al final, Pastor la invitó a cerrar los ojos y recurrir al mejor pensamiento positivo. “La esperanza, esperanza en que mujeres y hombres vivan en dignidad y respeto, en igualdad y que ninguna niña sufra, a eso dedico mi vida”, aseguró con un énfasis que disipaba dudas.
“La vida es corta, te das la vuelta y dices ‘ya estoy viejo, y ¿qué he hecho?’. Así que ayudémonos los unos a los otros, no se puede desperdiciar esa energía, porque así la vida cobra sentido y se puede encontrar la paz”, añadió Mam, que visita casi a diario burdeles para “salvar” a niñas y mujeres.
Otra clave es la educación. Precisamente, en el turno de preguntas, otra de las participantes en este III Encuentro con mujeres que transforman el mundo, la africana Getrude Mongella, insistió en ese aspecto, aunque haciendo hincapié en educar también a hombres, a los clientes de los burdeles que esclavizan a niñas a veces de muy corta edad. La activista primero contestó que ya hay cárceles para ellos pero matizó que “no se trata de hablar de culpa”, que es más importante que las madres eduquen a los hijos, que hay que educar a los profesores y, en definitiva, educar en los valores de las mujeres.
Somaly Mam agradeció a España, y en particular a la Reina Sofía, que en 1998, año en el que recibió el Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, la comunidad internacional conociera el horror de la esclavitud sexual de niñas. Explicó que desde entonces la situación ha mejorado y, por ejemplo, a partir de 2008 hay una legislación en Camboya contra los delitos sexuales donde los niños son víctimas que penaliza a los clientes de los burdeles. También afirmó que la administración Obama está a favor de cooperar entre países emisores y receptores de estas niñas convertidas en esclavas.
Sin embargo, admitió que “todavía es poco”, que dentro de veinte años se seguirá hablando de esta lacra pero se mostró optimista. “Yo lo voy a intentar, nunca pierdo la paciencia”.
Esta mujer que, según sus propias palabras, nació sin familia, sin nombre, sin fecha de nacimiento, asegura que ha desterrado el odio y la rabia. Desde esa premisa invita a no juzgar, a confiar en el ser humano y “cuando vean a alguien en la calle que sufre, preguntadle, mirarle a los ojos. Se sentirá mejor, no se sentirá feo, sucio…”.
Supervivientes
Desde 1997 preside una organización para erradicar la prostitución infantil con un centro de acogida por el que han pasado 7.000 niñas, “sus chicas”, para quienes es “su mami”. Algunas han conseguido llegar a la Universidad, son supervivientes que ahora trabajan para mejorar la situación de otras niñas.
Casada con un ciudadano francés y madre de tres hijos reside en Camboya con su familia, donde ha recibido amenazas, aunque ayer no quiso entrar en eso. Al contrario, aseguró “estoy orgullosa de ser de Camboya, aunque allí haya pasado por mucho. Mi país me necesita y no voy a abandonarlo. Moriré allí. No voy a perder esta lucha, quiero ver cómo cambia mi gente. Las mujeres necesitamos levantarnos, hablar, no podemos callarnos. Yo nunca me cansaré de hablar, aunque pertenezco a una cultura en la que la mujer permanece callada”.
Sin proponérselo dio una lección: “En España sois afortunados pero no os sentís afortunados. Lo queremos todo. La vida siempre es quererlo todo. En mi centro enseñamos a las niñas a que se sientan afortunadas aunque no tengan de todo”.
