“Tradición y revolución; he ahí dos palabras idénticas”. La cita, tomada del discurso del poeta Vicente Aleixandre cuando recogió el premio Nobel de Literatura en 1977, viene pintiparada a la fiesta de Santa Águeda en Zamarramala, una antiquísima función hoy inmersa en un proceso de transformación, revolucionario, en el que sus principales protagonistas, las mujeres zamarriegas, quieren abandonar la atávica crítica que en tal fecha hacían a los hombres para ofrecer un nuevo discurso, más acorde con los tiempos, en el que el pelele, muñeco de paja hasta ahora representativo del varón, pasa a identificarse “con lo peor del ser humano”, en alusión a males como la violencia o el odio. Esa es, al menos, la pretensión manifestada por las ‘aguederas’ de Zamarramala de este año.
Como dice Claudia de Santos, la vitalidad de una tradición depende de su capacidad para renovarse. Pues bien, en Zamarramala han sabido hacer evolucionar su fiesta sin perder la esencia. Olvidada ya la época en que las mujeres elaboraban un sencillo muñeco de paja al que se colocaba una zanahoria y dos patatas, imitando sus órganos sexuales, y que después era paseado por el pueblo a lomos de un burro, entre coplas de burla, la fiesta de Santa Águeda fue después reconvertida en los años 60 y 70 del pasado siglo, tras ser declarada “de interés turístico”, para introducir espectáculos atractivos al público —entre ellos, los nombramientos de ‘Home Bueno’, ‘Matahombres de Oro’ y la quema del pelele—. Ahora, las zamarriegas quieren reinterpretar su función, desterrando la idea de que la exaltación de la mujer conlleva un rechazo de lo masculino. Una tarea nada sencilla, por cierto.
Los ritos, eso sí, se han mantenido casi intactos. Ayer, en una mañana gélida, se cumplieron puntualmente. Las ‘aguederas’ fueron a buscar a las dos alcaldesas. Primero, a casa de María Paz Ceballos Gómez. Luego, a la de Áurea Tabanera de Andrés. La música de “las Habas Verdes” animó ese recorrido. Las zamarriegas participantes, ataviadas con sus mejores galas, iban bailando, muchas con paraguas en mano, para evitar los copos de nieve…
De la iglesia parroquial salió la imagen de Santa Águeda, portada en andas por cuatro mujeres. En la procesión, las alcaldesas escoltaban al párroco, Juan Santos, luciendo sus diferentes atributos de poder, en especial el bastón de mando y una pequeña bandeja de plata. A mitad de procesión, el juego de banderas, una costumbre posiblemente de origen medieval, de cuando las procesiones religiosas requerían de hombres encargados de vigilar desde la lejanía, con señales, si se divisaba algún peligro. Ondeadas las dos banderas por un casado y un soltero, las dos alcaldesas bailaron una jota. Ahí se pudo contemplar con detalle sus excepcionales trajes de segoviana, con montera “de doce apóstoles”, toca, jubón y manteo, amén de infinidad de collares, medallas y relicarios. Llamaban también la atención las dos cintas, similares a la bandera de Argentina, que portaba cada alcaldesa, una en el hombro izquierdo y otra ceñida a la cintura, a modo de graduación militar. Acabada la procesión, y tras la posterior misa, el escenario de la fiesta se trasladó a la Plaza de las Alcaldesas.
Este año fueron nombradas “aguederas honorarias y perpetuas” las concejalas del Ayuntamiento de Segovia María José de Andrés y Azucena Suárez, además de la periodista de ‘La 8’ María Victoria Domínguez y la enfermera Marián Illana. Las tres primeras recogieron el nombramiento, mientras que en representación de la última acudió su hija, Marián Pozuelo. El título de “Home Bueno y Leal” fue a parar a la ‘Asociación de Cocineros y Reposteros de Segovia y Provincia’, liderada por Ignacio García, y el “Matahombres de Oro” quedó en manos del actor segoviano Luis Callejo, quien en una improvisada y breve intervención, intentó, recurriendo al humor, hacer sonreír al público.
La pregonera, Elsa González, centró su discurso en el papel de la mujer en la sociedad actual, reconociendo que a pesar de “los notables avances” de los últimos años, “todavía quedan muchísimas asignaturas pendientes” para lograr una igualdad real con el hombre. Ciñéndose al mundo de la comunicación, la presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), lamentó que el alto número de mujeres entre la “soldadesca” de las redacciones no se vea reflejado en los puestos de dirección, revelando que únicamente tres de los 35 periódicos más vendidos de España están dirigidos por féminas. González pronosticó un protagonismo creciente de la mujer en la comunicación, si bien pidió “no competir” con el hombre sino complementarse ambos sexos, en aras de construir un mundo más justo.
El pelele, andrógino, sin rasgos externos de su sexo, tardó en arder. Llevaba prendidos siete pequeñas cartulinas, con las palabras ‘violencia’, ‘maltrato’, ‘odio’, ‘guerra’, ‘mentira’, ‘traición’ y ‘rencor’. Eso es lo que las ‘aguederas’ querían que significara el muñeco. Sexismos a la hoguera. Los que discriminan a la mujer y los que demonizan al hombre. Todos. Un cambio de fondo que no impide la pervivencia de las formas, de manera que el público degustó luego la tradicional ‘tajada’ de chorizo al vino y las alcaldesas se marcharon a pedir el peaje a los conductores. Lo dicho, renovarse para no morir.
