Una lágrima se evapora/ una flor es vanidad / el eco de una plegaria / se escucha en la eternidad». Este sencillo cuarteto inscrito en el adorno de una de las lápidas de las millares de tumbas del Cementerio Municipal del Santo Angel de la Guarda resume en pocas palabras el sentimiento de los centenares de segovianos que ayer se dieron cita en el camposanto para honrar a sus familiares y amigos en esta pequeña «ciudad de los muertos» con motivo de la solemnidad de Todos los Santos. La calma y la quietud de las galerías del cementerio se quebró ayer con la presencia de un numeroso público que dedicó gran parte de la jornada a visitar el lugar en el que yacen los restos mortales de amigos o parientes, así como a acondicionarlo y adornarlo con velas y flores.
Desde primera hora de la mañana, nada mas abrir las puertas del cementerio, el trasiego de público fue incesante hasta bien entrada la tarde. La Policía Local dispuso un operativo especial de control de tráfico en el acceso al cementerio para evitar el aparcamiento de vehículos, así como para regular la entrada y salida en las horas centrales de la mañana.
El buen tiempo se convirtió en el mejor aliado para la masiva presencia de público en el cementerio, donde la actividad fue constante e incesante.. Cubos de agua, macetas y tiestos iban de un lado a otro trasladados por las personas que aprovechaban la jornada para redecorar las lápidas, nichos y laudes con flores nuevas, o darle brillo al mármol y a las letras de molde en la que figura el nombre de su ser querido. Las escaleras para acceder a los nichos situados en las zonas superiores de las galerías eran demandadas al igual que el agua de la fuente con la que llenar los cubos, y en los turnos de espera para acceder a escaleras o agua se suscitaban animadas conversaciones con el tema del día, comenzando siempre con la frase «¿a quién tiene usted aquí?».
También hubo tiempo para el recogimiento y la oración. Así, el obispo de Segovia, Ángel Rubio Castro presidió la misa solemne de Todos Los Santos en la ermita del Santo Angel de la Guarda, que actualmente es la capilla del cementerio segoviano.
En su homilía, el prelado quiso lanzar un mensaje de esperanza en la vida eterna, en una jornada en la que manifestó que “la ciudad de los vivos visita la ciudad de los muertos”, asegurando que para los cristianos «la vida no termina con la muerte, porque aunque el cuerpo se desmorona, el alma es inmortal».
Asimismo, señaló que en esta solemnidad los cristianos han de reflexionar sobre el propósito de «relativizar muchas cosas de este mundo». «Es cierto que hay que mejorar y progresar en muchos órdenes de la vida, y es necesario hacerlo, pero sabiendo que por mucho que se progrese, el paraíso en la tierra no existe, porque de ser así, ya alguien lo hubiera encontrado en Internet», precisó monseñor Rubio.
Tras la celebración religiosa, el obispo se desplazó desde la capilla hasta la calle central del cementerio, donde pronunció un responso por las almas de todos los difuntos, que fue seguido por los centenares de personas que siguieron la eucaristía llenando el pequeño espacio de la capilla del camposanto.
Los cultos religiosos de la capilla se sumaron también a las oraciones recitadas por los integrantes de la comunidad gitana, que masivamente acudieron al cementerio para cumplir con la obligación de honrar a sus difuntos. Las lápidas y nichos profusamente adornados con flores y fotografías contrastaban con la sobriedad del atuendo de las mujeres gitanas, vestidas de luto riguroso en señal de duelo y respeto hacia sus seres queridos.
La jornada de Todos los Santos ha sido muy similar en la práctica totalidad de los pueblos de la Provincia. En El Espinar, eoncelebrada por los párrocos de San Rafael y El Espinar, Eusebio y Valentín, tuvo lugrar la misa en el cementerio municipal contando con una masiva participación que obligó a montar un dispositivo de Protección Civil y Policía Municipal para regular el acceso con vehículos. La tradición de este cementerio es que una gran parte de los familiares que acuden a acompañar por unos momentos a sus familiares y amigos fallecidos, sigan la misa desde sus tumbas o nichos gracias a la megafonía que se instala y que se escucha desde cualquier rincón del mismo, según informa Pedro L. Merino.