Era uno de los festejos ‘tapados’ de la Feria de San Isidro, pero sirvió para recuperar y para volver a poner en primera plana el nombre del extremeño José Garrido. Fue uno de los novilleros aventajados de su promoción y gozó de cartel en sus primeros años como matador, aunque en los últimos ha cobrado menor protagonismo. Este miércoles demostró su buen concepto con naturales de gran impacto y cortó una oreja. Completaron la terna otros dos jóvenes, de otra generación: Ismael Martín, que derrochó ganas y disposición pero las exageradas peticiones de trofeo llegadas en autobús desequilibraron su buen paso por Las Ventas, y Samuel Navalón, maduro y seguro pese a su juventud, con un valor para abrirse camino. Al final, la juventud se destapó en la tarde de ‘tapados’.
De Lagunajanda a Montalvo. El rechazo de los toros de la divisa gaditana derivó en un nuevo encierro del hierro salmantino, previsto en un principio para la final de la Copa Chenel del 30 de julio en Las Ventas. No comenzó nada bien el envío de Montalvo, pues el primero -serio, musculado, hondo y astifino- perdió las manos en reiteradas ocasiones y tuvo que salir en su lugar un sobrero de Casa de los Toreros, de otro corte -más basto-, que salía suelto y pronto marcó las querencias.
Mejoró en el capote de Garrido, que dibujó estéticas chicuelinas con templadas maneras y le enseñó los caminos. De forma genuflexa y rodilla en tierra aprovechó la prontitud del ejemplar para iniciar el trasteo de muleta con suma disposición. Desarrolló clase y nobleza el animal y el diestro extremeño dibujó naturales de categoría suprema. Encajado, corriéndole la mano con critero y llevando cosido al astado en los vuelos. Las cosas de un torero de corte artista con una muleta pequeña. Hubo trances irregulares, pero la actuación fue para tener en cuenta. Remató de un certero espadazo y cortó una oreja.
Tras el ecuador, cumplió lote con un toro de Montalvo, acucharado de cuerna, bajo, hondo y con cuajo, al que sondeó a portagayola y templó con buenos lances. Tuvo fijeza en el caballo y embistió con bravura en la muleta de Garrido, que lo toreó con cadencia y empaque. Demostró clase el animal, aunque fue a menos, y el extremeño buscó la ligazón para dejar importantes pasajes, dentro de una faena a la que la faltó un punto para terminar de romper. Estocada, golpe de cruceta y ovación.

Tuvo mucha fijeza el primero del lote de Martín, astifino y un tanto bizco, degollado, largo y con morillo, al que el salmantino nacido en Suiza recibió con variados lances. Tras un testimonial paso en varas, protagonizó un portentoso tercio de banderillas colocando los pares entre los pitones del ejemplar. La entrega de Martín continúo al pasarse las guadañas del astado por la espalda en un inicio muleteril de mucho riesgo. Después, las ganas del torero intentaron tapar las carencias que tuvo en la colocación y en la distancia que planteó al animal. Bajo esa tesitura, faltó conjugación para aprovechar la cierta clase que tenía el toro. También condicionó el volumen y el corto recorrido que tenía la res de Montalvo. Estocada firme y leve petición, que terminó en ovación.
Martín se vio las caras luego con un sobrero de Fermín Bohórquez tras ser zarandeado por el astado titular en quinto lugar y caer de mala manera sobre la cabeza. Volvió como si nada y firmó tres verónicas de gusto al quinto bis. Desplegó sus cualidades físicas en banderillas y dejó un último par de explosiva conexión con un mucho peligro. La puesta en escena de Martín prosiguió en el tercio donde recibió de rodillas al noble ejemplar. Fue todo disposición. Faena de pases de mérito combinados con enganchones, pero dando una impresión de que no se dejó nada guardado. De nuevo hubo una exagerada petición, pese a matar a la segunda, y dio una vuelta al ruedo al conjunto de la tarde.
Anovillado y justo de trapío fue el tercero de la tarde, que resultó soso y careció de emoción. Navalón estuvo muy seguro, mostrando madurez, y dejó pasajes destacados, a pesar de la falta de transmisión del ejemplar. El noble comportamiento del animal le permitió jugar con las cortas distancias, que domina con valor. Efectiva estocada y ovación.
Navalón apuró sus opciones de puntuar y se fue a portagayola ante un toro de imponente estampa. Fue todo valor y lo toreó largo y con hondura. Firmó muletazos de gran impronta y resultó cogido. Como si no fuera herido, Navalón estuvo sereno y asentado y consiguió tandas de gran calado. Cierre de vértigo en las cortas distancias, que no refrendó con el acero y recibió una ovación. Tarde de argumentos de la juventud para destaparse, en un festejo largo que rozó las tres horas.
FICHA
Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid). 23º festejo de la Feria de San Isidro. 16.811 espectadores. Toros de Montalvo -sustituyeron a los anunciados de Lagunajanda-, desiguales de presentación y juego; Casa de los Toreros (primero bis), más basto pero con clase; y Fermín Bohórquez (quinto bis).
José Garrido: oreja y ovación.
Ismael Martín: ovación (aviso) y vuelta al ruedo.
Samuel Navalón: ovación (aviso) y saludos (aviso).
