Fue la corrida de más tonelaje de la feria hasta el momento. Un encierro elegido por kilos y presencia. Lo que gusta en Madrid. Hasta cuatro toros superaron los 600 kilos. Carrocería de ‘cañonero’ de Pedraza de Yeltes para una joven terna, de la que destacó la verdad y la entrega del joven Roberto Martín ‘Jarocho’. El diestro burgalés toreó con el corazón a un encastado ejemplar y después fue todo cadencia y naturalidad, en una tarde sin tino a espadas. Completaron el cartel el mexicano Isaac Fonseca, que resultó feamente cogido en un pase por San Isidro de más arrojo que conjunción, y un dispuesto José Fernando Molina.
Toro de volumen y amplio pesaje el que abrió la tarde. De alto, casi como Fonseca. Un ejemplar que se agarró al piso para embestir con fijeza en el capote a la par que fiereza, lanzando avisos de peligro al mexicano. Tras un comportamiento nada definido en varas, en el turno de banderillas el protagonismo lo volvió a copar Iván García en su séptima comparecencia en lo que va de feria. Tomó la muleta el diestro de Morelia, en un voluntarioso trasteo sin eco ante un astado que tuvo nobleza, pero sin entrega. Cuando lo apretó -ya algo tarde-, el toro embistió con humillación y la conjunción dio para tanda y media. Gran estocada del mexicano.

Cumplió el lote con un astado serio, astifino y huesudo, que metió la cara con brío en las verónicas de recibo y acudió con buen son al jaco. Fonseca lo esperó en la boca de riego y fue arrollado de manera abrumadora por un autobús. De lleno. Un golpe seco que desafío a las leyes de la física. Dolorido, volvió a la cara del animal para ponerse de rodillas y aprovechar su codicia en una tanda de máxima transmisión. Después, protestó el ejemplar y faltó comunión. Mérito del mexicano, que realizó un esfuerzo a pesar de estar arrastrar molestias físicas, en un trasteo de difícil entendimiento.

DISPOSICIÓN DE MOLINA
Pavoroso fue el segundo. Un tren con dos guadañas. Zancudo, largo, de gran esqueleto y con cuello. De comportamiento irregular en los primeros tercios, resultó noble en la muleta de Molina, pero deslucido: salía suelto y punteando del engaño y llegó a disparar gañafones. Sin opciones para el torero, que remató de un certero espadazo, aunque tardó en caer.
Molina mostró disposición capotera ante el ensillado quinto, que salió frenado y que derribó al picador, en un tercio largo nada acertado. El deslucimiento se prolongó a las banderillas donde el subalterno Víctor Manuel Martínez resultó cogido y recibió una fuerte paliza y tuvo que pasar a la Enfermería. Molina inició su labor por estatuarios y continuó con raza frente a un ejemplar de embestidas irregulares. Sacó algún estimable pase en una actuación que se alargó en exceso.

LA NATURALIDAD DE JAROCHO
Fino de cabos, alto, con caja y anovillada de cara, pese a ser el toro de más kilos del festejo -624-, fue el tercero. Jarocho estuvo generoso dejando largo al toro en el caballo y se arrancó con inercia por dos ocasiones, metiendo la cara y los riñones con suma fijeza. Complicado en banderillas, al burgalés no le importó. Se fue a los medios para echar la moneda al aire, con un animal que fue todo un torrente de casta. Sin dudar, le enjaretó tres tandas primorosas con un concepto artístico y mucho valor. La temperamental condición del toro desmontó en ocasiones al diestro de Huerta de Rey; pero, a base de temple, Jarocho consiguió naturales al ralentí en una faena para tener en cuenta. Muy de verdad. Importante actuación, que no refrendó con el acero.
Desprendió seriedad el toro que cerró la tarde -astifino, de alzada, hondo y largo-, que cumplió en las dos varas medidas del varilarguero Juan Melgar, que fue fuertemente ovacionado. Jarocho lo toreó con una naturalidad que no se mercadea y dibujó pases muy despacios. Con un empaque innato y mucha cadencia, firmó naturales para el óleo ante un animal que se dejó. Los vuelos de la muleta mecieron como si hubiera nacido en Triana. Gran faena del burgalés, que volvió a marrar con la espada. Así concluyó una tarde en la que la verdad de Jarocho sale revalorizada.
FICHA
Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid). 17º festejo de la Feria de San Isidro. 19.058 espectadores. Toros de Pedraza de Yeltes, desiguales de presentación y de gran volumen. Destacó el encastado tercero, ovacionado en el arrastre.
Isaac Fonseca: silencio y silencio (aviso).
José Fernando Molina: silencio y silencio (aviso).
Roberto Martín ‘Jarocho’: ovación y saludos.
Se desmonteró en banderillas Iván García tras parear al primero y fue ovacionado Juan Melgar tras picar al sexto.
