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Medio siglo de la fuga de la cárcel de Segovia: el túnel que sorprendió a un país

Un total de 29 presos lograron escapar del Centro Penitenciario horadando uno de los muros y saliendo a través del colector del Clamores

por Javier Martin Mesa
13 de abril de 2026
Imagen actual de la antigua cárcel de Segovia, convertida ahora en un centro de creación cultural./ HÉCTOR CRIADO

Imagen actual de la antigua cárcel de Segovia, convertida ahora en un centro de creación cultural./ HÉCTOR CRIADO

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El 5 de abril de 1976, apenas cinco meses después de la muerte de Franco, la ciudad de Segovia se convirtió en escenario de uno de los episodios penitenciarios más singulares de la historia reciente de España, con 29 presos escapando de la antigua cárcel a través de un túnel excavado durante meses bajo el edificio y que desembocaba en el sistema de alcantarillado de la ciudad. Medio siglo después, aquella evasión sigue siendo recordada como la mayor fuga de una prisión española desde la Guerra Civil.
La llamada ‘fuga de Segovia’, de la que se han cumplido 50 años en la presente semana se produjo en un momento de incertidumbre política, ya que el país comenzaba a transitar desde la dictadura hacia un sistema democrático, mientras las cárceles españolas albergaban a numerosos presos condenados por delitos políticos o relacionados con organizaciones clandestinas.
Entre los internos del penal segoviano había militantes de distintas organizaciones. De los 29 que participaron en la evasión, la mayoría pertenecían a ETA, junto a miembros de otros grupos de izquierda. Todos cumplían largas condenas y llevaban meses preparando un plan de fuga que requería paciencia y no poca coordinación.

El plan

La historia de la fuga no comenzó el 5 de abril de 1976, sino al menos un año antes, cuando un primer intento estuvo a punto de culminar con la evasión de más de medio centenar de presos. Aquel plan, mucho más ambicioso, se apoyaba ya en la idea de aprovechar la red de alcantarillado que discurría bajo el penal. Los internos habían logrado incluso introducir una cámara de fotos para confeccionar documentos falsos con los que facilitar la huida. Pero todo se vino abajo cuando un infiltrado en la organización entregó los planos a las autoridades. El túnel fue descubierto y el intento abortado.

 

Un año antes, el trabajo de un ‘topo’ de la policía ya había impedido una fuga de medio centenar de internos, pero nadie se percató de que los presos iban a intentarlo de nuevo

Lejos de abandonar la idea, los presos volvieron a empezar. Mientras la dirección del centro daba por sellada la vía de escape, ellos buscaron otro punto de acceso. Lo encontraron en los servicios de una de las galerías. Allí, tras una tapa de azulejos, usando cucharas de aluminio y herramientas improvisadas fueron horadando el poco más de medio metro de muro hasta alcanzar el colector. Para ocultar la entrada fabricaron una losa que encajaba perfectamente y que podían retirar desde dentro.
La excavación se prolongó durante el invierno de 1975. La tierra se sacaba en pequeños sacos confeccionados con ropa vieja y se arrojaba en los desagües del propio penal. El movimiento continuo de presos en los baños, sumado al ruido habitual del patio, permitió que la operación pasara desapercibida. Incluso cuando los funcionarios entraban a inspeccionar, no detectaban nada anómalo.

800 metros por el colector

Cuando el túnel estuvo listo, los presos llegaron a realizar pruebas de fuga, y algunos internos recorrieron el trayecto completo hasta el exterior regresando posteriormente a sus celdas, confirmando que el plan funcionaba.
El 5 de abril de 1976, tras la comida y aprovechando el intervalo entre recuentos y el bullicio en el patio, comenzaron a salir al servicio por grupos, levantando la losa y deslizándose uno a uno hacia el túnel.
En total, 29 hombres descendieron por aquel agujero y recorrieron cerca de 800 metros por el colector del Clamores hasta alcanzar el exterior. Allí les esperaba un dispositivo de apoyo. Según diversas reconstrucciones, fueron recogidos en una furgoneta que los trasladó hasta un camión preparado con un doble fondo.
Dentro de la cárcel, nadie percibió nada extraño hasta que, al realizar el recuento de la tarde saltó la alarma ya que faltaban 29 internos.

Hacia el norte

Mientras en Segovia se desplegaba un amplio operativo policial, los fugados avanzaban hacia el norte. El plan era alcanzar la frontera francesa, donde esperaban encontrar refugio. Pero la ejecución exterior no fue tan precisa como la del túnel.
El grupo llegó de noche a una zona montañosa de Navarra, en las inmediaciones de Aurizberri. Allí debía esperarles un guía que los condujera hasta Francia, pero éste no apareció. Desorientados, con frío y sin referencias claras, los fugados quedaron a merced de las patrullas de la Guardia Civil, que ya rastreaban la zona. En el bosque de Sorogain se produjo un enfrentamiento en el que murió uno de los presos, Oriol Solé.
En las horas siguientes, la mayoría de los fugados fueron localizados y detenidos. Algunos optaron por entregarse al verse rodeados. En total, 24 fueron capturados en un plazo muy breve. Sin embargo, cuatro lograron eludir el cerco. Carles García Solé, Mikel Laskurain, Koldo Aizpurúa y Jesús María Muñoa encontraron refugio en un chalet vacío en las proximidades de Aurizberri. Allí permanecieron varios días ocultos, alimentándose de lo que encontraban, mientras la búsqueda continuaba. Cuando la presión policial disminuyó, decidieron dar el último paso. Abandonaron el refugio, se dirigieron hacia Pamplona y, finalmente, lograron cruzar la frontera francesa.
Su llegada a Francia no significó el final inmediato de la huida. Fueron detenidos por las autoridades del país vecino y sometidos a control administrativo, aunque no fueron devueltos a España. Con el tiempo obtuvieron el estatus de refugiados y permanecieron en territorio francés hasta la amnistía de 1977.
La fuga tuvo importantes consecuencias en la seguridad del centro penitenciario, ya que tras el suceso se modificó la red de desagües del edificio para impedir que una persona pudiera introducirse en ellos y se reforzaron los cimientos con inyecciones de hormigón hasta alcanzar la roca, con el objetivo de evitar que una evasión similar pudiera repetirse. El trabajo que debió hacerse cuando se abortó la fuga de 1975 acabó llevándose a cabo un año… y 29 fugados después.

Más allá del ámbito penitenciario

El episodio tuvo una enorme repercusión mediática. La evasión fue portada de periódicos internacionales y pronto se convirtió en una historia que trascendió el ámbito penitenciario, alimentando un interés que se prolongó durante años en libros, reportajes y testimonios de quienes participaron en aquellos hechos.
Ese interés cristalizó especialmente en el cine. En 1981 el director Imanol Uribe llevó la historia a la gran pantalla con la película ‘La fuga de Segovia’, basada en el libro ‘Operación Poncho’, escrito por Ángel Amigo, uno de los protagonistas de la evasión. El film reconstruía la planificación del túnel, la organización de los presos y los acontecimientos que siguieron a la fuga, incorporando además el contexto político de la época. La película logró una notable acogida y fue reconocida con el Premio de la Crítica en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Además, se convirtió en un importante éxito de taquilla, especialmente en el País Vasco.

“Nadie esperaba que se fueran a fugar”

Uno de los testigos directos de aquellos hechos fue el funcionario de prisiones Francisco G. Pajuelo, que en el año 1976 trabajaba en la cárcel segoviana.
Según su recuerdo, que trasladó a las páginas de El Adelantado en 2017, nadie esperaba una evasión de esa magnitud, especialmente después de que meses antes se hubiera descubierto otro intento de fuga por el mismo sistema de alcantarillado. “Todo ocurrió por sorpresa porque nadie se esperaba que se fueran a fugar”, recordaría años después.
Pajuelo explicó que el movimiento constante de presos entrando y saliendo del servicio no despertó sospechas entre los funcionarios. Solo al realizar el recuento posterior se descubrió que faltaban 29 internos. Cuando comenzaron a buscar el origen de la fuga, los funcionarios golpearon los azulejos del baño sospechoso hasta que una pieza se desprendió, revelando la entrada al túnel.

Cinco días de información pese al silencio inicial de las fuentes oficiales

La fuga no solo supuso uno de los episodios más llamativos de la Transición, sino también un desafío informativo que El Adelantado de Segovia afrontó durante cinco días consecutivos con una cobertura marcada en un primer momento por la incertidumbre, la ausencia de información oficial y el peso de los rumores.

 

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Portada de El Adelantado de Segovia del 6 de abril de 1976./ E.A.

La primera crónica, publicada el 6 de abril, trataba de refleja lo ocurrido a partir de indicios visibles en la ciudad, comenzando por “el desusado y notable despliegue” de fuerzas de orden público en torno a la prisión y en las carreteras de salida fue la primera señal de alarma. A partir de ese momento, la información comenzó a circular en forma de comentarios vecinales, especialmente en barrios próximos como San José Obrero, donde la presencia constante de vehículos policiales evidenciaba que algo excepcional había ocurrido.
Sin confirmación oficial, los redactores dejaron claro en su información que los datos procedían de “rumores callejeros” y “opiniones particulares”, subrayando en varias ocasiones que no existía ninguna comunicación de fuentes autorizadas. De hecho, los intentos de los periodistas por obtener información en el Gobierno Civil resultaron infructuosos, al remitirles exclusivamente al Ministerio de Justicia.

 

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Aun así, la crónica avanzó una primera reconstrucción de los hechos con la posible fuga de 29 internos, la mayoría vinculados a ETA, y la hipótesis de un túnel que conectaba los servicios de la prisión con el colector del arroyo Clamores. El relato incluía ya elementos que se confirmarían posteriormente, como la salida entre las dos y las seis de la tarde o la utilización del sistema de alcantarillado.

 

Durante varios días ‘El Adelantado’ ofreció a los lectores un relato detallado del suceso y del despliegue policial que paralizó la ciudad

En paralelo, el periódico dio cuenta del amplio dispositivo desplegado, con controles en carreteras, presencia de Guardia Civil, Policía Armada e incluso efectivos militares, llegada de refuerzos desde Valladolid y Aguilafuente, y utilización de perros de rastreo.

 

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La cobertura también incorporó desde el primer momento informaciones procedentes de agencias como ‘Cifra’, que permitieron seguir la evolución de la persecución. Así, en esa misma edición ya se informaba de las primeras detenciones en Navarra, de enfrentamientos con armas de fuego y de la gravedad de uno de los fugados heridos.
Al día siguiente, el 7 de abril, la información comenzó a adquirir un carácter más oficial. El Ministerio de Justicia confirmó la evasión de los 29 internos y detalló su pertenencia a organizaciones consideradas terroristas. Esa confirmación supuso un punto de inflexión en la cobertura, que pasó de la reconstrucción basada en indicios a la consolidación de los datos, que posteriormente ya fueron aportados por los diarios de tirada nacional.

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